Se llama Fabián, es el mayor de dos hermanos y es originario de Camagüey (Cuba), aunque lleva más de veinte años con nosotros y aquí ha desarrollado su vida profesional, deportiva y familiar.
Lo cierto es que, aunque lo conocía como vecino desde hace tiempo, ignoraba de su afición por la fotografía submarina y de sus logros en la misma. Sí sabía que buceaba porque en cierta ocasión se le cayó del tendedero un traje de neopreno y hubo que rescatarlo del hueco del lavadero, pero entonces no pude imaginarme hasta dónde llegaba su afición.

A sus 49 años ha conseguido un grueso palmarés de victorias haciendo fotografías submarinas, palmarés de las que sólo mostraré en esta entrevista las más importantes.
Tiene dos hijos, una niña de 14 años y un chaval de 11, ambos buceadores también. De hecho, la mayor, participará este año con él en el campeonato de Andalucía.
Su pasión por esta afición es fácil de comprobar en cuanto te sientas a hablar con él. Ha buceado en lugares del Atlántico, del Caribe, mar Rojo, Filipinas y en diversos países del Mediterráneo, por citar algunos sitios. Pero también lo ha hecho en aguas dulces, como en el Crystal River (con manatíes), en USA; bajo el hielo, en Andorra; en el Pozo Azul de Covanera, en Burgos y en la Cueva de Zarzalones, en Yunquera, más conocida en este mundillo del buceo como la “Cueva del Agua”, por citar un lugar cercano.


Y de momento, este año, lo han invitado a participar en un master en Vis, en Croacia., reservado a solo 15 fotógrafos marinos del mundo. El día 29 de este mes sale hacia allí.
—Para mi esto es una forma de hacer turismo y de divertirme haciendo lo que me gusta.— Dice mientras sonríe.
Me cuenta que incluso en sus comienzos en su Cuba natal, tuvo que bucear como ilegal, de la mano de un vecino que hacía buceo clandestino.
—Es que allí, en Trinidad, solo había un centro de buceo y este hombre se dedicaba a captar clientes ofreciendo la experiencia por menos dinero. Entablamos amistad y me acabó enseñando lo que sabía.
—Ah, pues que bien ¿no?
—No te creas. Fue muy duro. Cuando la Policía nos sorprendía nos quitaba el equipo y nos multaba, vamos que teníamos que huir como si fuésemos delincuentes. Yo ya estaba graduado en turismo, pero la pasión por el buceo me podía y nunca me dediqué a lo que estudié. Cosas de la vida.— Me dice mientras encoge los hombros con resignación.
—Supongo que esta afición tuya es lo normal siendo de una isla como Cuba.

—¡Hostia, que va Juanlu!—Reacciona como si ya le hubiesen hecho este tipo de preguntas. —Ten en cuenta que en Cuba tengo amigos más negros que ese monitor— dice mientras lo señala— que no saben bailar ni una canción lenta. No, no, que va, allí hay gente que ni sabe nadar. Esto lo lleva cada uno dentro sea de donde sea. Mira, yo cuando de chiquito vi por primera vez el mar supe que era lo mío.
—¿Por qué decidiste venir a España y cuando llegaste?
—Llegué hace exactamente veinte años. Y es que yo presentía que en España me iba a sentir cómodo, y no sólo por el idioma, porque hablo varios, sino porque este país me dio buen pálpito, ya sabes. Había oído hablar muy bien de la Costa del Sol, y me dije: “venga voy a probar”. Y desde luego no pude haber caído en mejor sitio. Aunque, desde luego, hablar en tu propio idioma es una gran ventaja.
—¿Tenías trabajo cuando llegaste?
—Sí, yo tenía unos amigos en el Rincón de la Victoria que se dedicaban al buceo y comencé de monitor con ellos.
—¿Te instalaste en Torremolinos?
—Los primeros quince días estuve en el Rincón, con estos amigos que te comento, pero luego ya me vine para aquí.
—¿Qué fue lo que más te llamó la atención de Torremolinos?
—A mí me sorprendió la cercanía de las personas. Yo que vengo de Cuba y estoy muy acostumbrado a este tipo de relaciones que desde luego, no esperaba encontrarme aquí. La gente es muy parecida a la de allí. Además el clima también es bueno, y no hablemos del ambiente festivo. Es casi como estar en casa.

—Bueno, al fin y al cabo, no hace tanto que Cuba formaba parte de España, de hecho tus apellidos son más españoles que la peseta.
—Ah, pues fíjate, que hay un perfume que conocí en Cuba que se llama “Álvarez Gómez”. La tienda está en la Castellana, en Madrid.—dice riendo— Así que me acerqué a reclamar mi parte, pero no me conocieron— y entonces arrancamos los dos a reír.
—Y ¿cuándo comenzaste a competir con la fotografía submarina?
—Bueno, en este sentido en Cuba estaba un poco frustrado, porque allí no tenía la posibilidad de adquirir material fotográfico, ya sabes la situación del país. Una vez aquí, como siempre me gustó la fotografía submarina, comencé poco a poco a adquirir un pequeño equipo. Empecé desde abajo, claro, y sin mucho conocimiento. Pero poco a poco fui aprendiendo de forma autodidacta, y a medida que aprendía, iba mejorando el material.
—Y a ganar campeonatos.
—No, no, ni mucho menos. Al principio participaba, pero quedaba de los últimos como es natural. Pero eso me motivó a seguir estudiando y aprendiendo.
—Pero dime, ¿en qué consiste este tipo de competiciones: en bajar a más profundidad, en ser más rápido…?
—A ver, Juanlu, esto ha cambiado mucho y ha ido evolucionando. En España, en las federativas hay que hacer fotografías para seis categorías en cuatro inmersiones. Antes, en Andalucía, solo eran dos inmersiones, pero ahora tanto en España como en los campeonatos internacionales ya son cuatro.

—¿Y en qué consisten las categorías?
—Pues hay que presentar seis fotos, una por cada categoría: Una foto con angular de paisaje marino sin modelo; otra con angular con modelo; también una macro, en la que se puede fotografiar fauna marina pero sin peces; luego la categoría “pez”, obviamente con peces o partes del pez, pero que el jurado pueda reconocer la especie; y luego está la creativa y por último la foto temática.
—¿Y con qué dificultades te encuentras respecto a hacer fotos en la calle?
—Hombre, la iluminación es una de ellas. La luz y el dominante de color varía mucho dependiendo de la profundidad. Los contrastes también son distintos. Además el movimiento puede ser un problema, porque a parte de lo que se mueven los peces, también te mueves tú. Es complicado quedarte completamente estático en el agua, y hacer una macrofotografía, por ejemplo, se convierte en un auténtico suplicio.

—Supongo que el uso de flash tampoco debe de ser fácil.
—Claro, porque el estado del agua en cuanto a transparencia influye bastante. Pero la peor pesadilla son las partículas en suspensión, que muchas veces echan a perder una buena toma o nos obligan a trabajar con luz natural, que no siempre es la ideal.
—¿Hay que bajar a mucha profundidad para hacer las fotos?
—Realmente no. De hecho no te permiten bajar a más de 30 metros. De todas formas una buena foto la puedes encontrar a poca profundidad.
—¿Y qué me dices del precio del equipo?
—Hombre, barato no es. A parte del equipo de buceo suelo bajar con material fotográfico por encima de los 10.000 euros, con el cuidado que hay que tener al trabajar en esas condiciones. Hace falta mucha afición para practicar este deporte, Juanlu. Yo todo lo que he ganado en premios lo he tenido que invertir en equipo.
—Lo llamas “deporte” pero ¿esto es realmente un deporte?
—Bueno, está regulado por el Consejo Superior de Deportes.—me dice mientras sonríe.—Algo tendrá que ver con el deporte.
—Dime algún sitio curioso donde hayas estado buceando.
—Hombre, me pones en un aprieto, no sabría decir uno en especial porque todos tienen su aquél, ya sabes.— entonces piensa unos segundos—quizá en Gansbaai, Sudáfrica. Allí en el 2008 ayudaba a los turistas a entrar en jaulas para ver tiburones blancos.
—¡Anda, la leche!— Se ríe abiertamente ante mi sorpresa.
—En Camagëy, Cuba, también trabajé con tiburones toro, les dábamos de comer como atracción turística.
—Eso debe de ser peligroso
—Si haces las cosas como debes, no necesariamente. Yo entonces era joven y alguna vez bajé de noche por mi cuenta a darles de comer, eso sí era peligroso, pero ya sabes, la juventud es mala consejera.
—¿Has trabajado con otros tiburones?
—En Filipinas, en la isla Mala Pascua, trabajé con tiburones zorro. Los llaman así por la cola, tienen un aspecto impresionante pero estos no son peligrosos.
—Vaya, no te has privado de nada.
—He hecho todo lo que he podido relacionado con el buceo, incluso he colaborado con revistas especializadas en el tema, como “Buceadores” e “Inmersión”.
—Oye, una curiosidad ¿Cuál es la máxima profundidad a la que has bajado?— Mueve la cabeza pensativo y responde con menos entusiasmo de lo que esperaba
—Verás Juanlu, fue en Trinidad, en el Caribe y descendí a 75 metros tratando de picar a los 80.

—¡Joder!
—Sí, bueno. Era joven e inconsciente, el tiempo me ha enseñado que aquello fue una irresponsabilidad. Éramos tres amigos que nos propusimos bajar y lo hicimos. Desde luego el lugar era impresionante, la pared era limpia y vertical, una pasada. Uno de nosotros se quedó a 60 metros yo a 75 afectado por la narcosis, y el tercero, un italiano, sí llegó a los 80. Pero te repito que fue una locura que no volvería a hacer.
—Vaya, el italiano tocó fondo.
—¡No, no, que va! Aquello seguía para abajo y no se veía el fondo ni de coña.
—Y lo de hacer fotos submarinas en Cuba, nada, ¿no?
—Allí llegué a ser monitor de submarinismo en un hotel de la cadena Meliá. Y aunque los recursos eran pocos comencé a hacer alguna foto analógica sin flashes ni nada, pero los medios de que disponía eran tan escasos que a lo más que llegaba era a vendérselas o regalársela a los clientes como souvenir. Esto fue durante los últimos meses que pasé en mi país.
—¿Puedes decirme cuantos torneos o campeonatos has ganado?
—Uf. Así de cabeza no sabría decirte.— Respira hondo y piensa durante unos segundos antes de responder— A ver, locales unos tres o cuatro; en los federativos de Andalucía he ganado dos y en otros he sido segundo y tercero, lo que me ha abierto el paso a los nacionales…
—Perdona— lo interrumpo— ¿qué son los “otros?”
—Ah, sí. Los otros son “open”, son competiciones abiertas en las que puede participar todo el que quiera. Antes en los open había un campeón absoluto, pero desde hace algunos años cambiaron las reglas y ahora son también por categorías, las mismas que te comenté al principio: con, sin, macro, creativa, pez y tema.
—Bueno, dime algún campeonato más que hayas ganado.
—Te diré los que recuerdo, luego si quieres te envío una lista con los más destacados. Pero vamos, al menos un par de campeonatos de España y dos campeonatos del mundo, uno en categoría macro (2024) en Albania y otro en categoría “sin buceador” en Cuba. También tengo dos medallas de oro, en categoría angular y creativa.
—Vaya, no te quejarás.
—Bueno, esto no es más que una afición. Debo de dedicarle mucho esfuerzo y dinero.
—¿Pero no te dedicas profesionalmente al buceo fotográfico?
—Que va, esto no da para vivir. Actualmente soy comercial de una empresa de pescado y mariscos.
—Vaya, que conveniente.
—Sí, pero yo no los mato, ya los reparto muertos— me dice mientras sonríe— dejé de pescar cuando era un chaval. Ahora me interesa más pescar con el objetivo. Fíjate Juanlu, que no concibo bajar sin mi cámara.
—¿Y recibes algún tipo de ayuda?
—Sí, la empresa “Mares” me patrocina con el equipo de submarinismo.
—Dime una cosa, éstas fotos que me has enseñado son editadas en el ordenador, ¿verdad?
—No, no, que va. La de los campeonatos son hechas tal cual. Aunque en la categoría creativa te permiten realizar algún recorte o hacer un montaje superponiendo dos o tres disparos, pero la manipulación hay que hacerla toda en la cámara y bajo el agua. Las demás categorías se entregan tal cual, salvo alguna pequeña edición para los contrastes o luces, pero todo hay que hacerlo sumergido.
—Vaya, no se me ocurre una forma más complicada de realizar este trabajo.

—No te creas, a todo se acostumbra uno. Aunque no te voy a negar que más trabajoso que hacerlo en la superficie sí que es. Y luego no hay ni truco ni cartón, porque debemos de entregar la tarjeta al salir del agua al comisario de la competición. Pero sí, lo de la edición tiene su miga. Mira, en alguna ocasión me he pasado más de media hora editando bajo el agua a la sombra del barco.
—Eso debe de ser lo más díficil.
—Pues no te creas, a veces es más complicado elegir la categoría.
—Vaya, eso no lo entiendo.
—Es que te puedes pasar horas tratando de fotografiar, por ejemplo, una gamba porque es una especie rara, pero luego eso no tiene peso en una categoría donde lo que se valora es la calidad de la imagen y no la especie. Y sí, puede que el jurado se sorprenda por el contenido de la imagen, pero no suele ocurrir. Porque claro, esto es un concurso de fotografía, no de biología marina. Y no son pocas las veces que nos empeñamos en sacar lo más raro y complicado y luego viene alguien con un tema común, perfectamente encuadrado, enfocado, iluminado… y te pasa por encima.
—Sí, conozco esa sensación, de que no te valoren la dificultad y el contenido, sino la imagen que se ve descontextualizada.
—Dime una cosa ¿has sentido que tu vida estaba en peligro en alguna de tus inmersiones?
—Mira, tengo cientos de inmersiones y nunca, salvo una vez, he pasado por un apuro como el que hablas.
—Pues cuenta, cuenta.
Fue buceando en el pecio del Menapier, que está frente al faro de Calaburra, a una profundidad de entre 40 y 50 metros. Ese es un lugar un tanto especial por las corrientes y las condiciones del agua. Allí entré un poco en narcosis, lo que se llama vulgarmente “borrachera de las profundidades”, que se produce por la presión del nitrógeno cuando respiramos aire comprimido.
Estábamos a 40 metros e íbamos a salir ya, pero la “grifería” de la botella se enganchó con anzuelos e hilo de pescar, porque aquella es zona donde van muchos pecadores, y el hilo no me dejaba avanzar. Yo llevaba la cámara con los flashes en una mano, y el agua estaba muy turbia. Podía ver cómo se alejaba mi compañero. Estábamos en la parte de estribor del pecio y yo no quería soltar la cámara, porque aún había otros diez metros hacia abajo, y si la soltaba estaba seguro de que la perdía. Y encima, esa hora ya empezaba a entrar en descompresión y el tiempo jugaba en mi contra, porque ya sabes que no se puede subir directamente, hay que hacer las paradas necesarias para evitar el síndrome de descompresión. Así que tuve que tranquilizarme, quitarme la botella bajo el agua, mientras sujetaba la cámara como podía, y cortar los hilos de pesca. Lo malo fue que cuando ya estaba preparado para continuar porque; debido a la confusión de la narcosis, a los movimientos que hice y a lo turbio del agua no sabía si el cabo de ascenso estaba a mi derecha o a mi izquierda.

—Pero bueno, tú ibas para arriba, ¿no?
—Es que no se puede ascender por las buenas, Juanlu, necesitas sujetarte al cabo, sobretodo por las corrientes porque allí son fuertes. Vamos que te coge una y te mete en Gibraltar “echando hostias”. Además tenía que hacer por lo menos veinticinco minutos de parada liberando nitrógeno en sangre. No puedo decir que fuese un momento en que peligrase mi vida seriamente, pero te aseguro que las pasé canutas. Finalmente pude orientarme y agarrar el cabo.
—Supongo que será emocionante visitar un pecio por primera vez.
—Por supuesto. Recuerdo cuando por primera vez encontré el galeón español que llaman “San Pedro”, porque está frente a la costa de San Pedro de Alcántara. Aunque el agua estaba turbia y costó Dios y ayuda encontrarlo, porque a veces las mareas lo entierran en la arena. Cuando vi la madera de un barco que lleva allí desde el siglo XVIII, no puedes dejar de preguntarte cuántos sitios visitaría o quienes habrían paseado por su cubierta… y cosas así.
—¿Tienes algo curioso que contar de algún pecio?— Se me queda pensativo pero al instante sonríe porque sabe que me va a sorprender.
—Tú seguro que has usado alguna vez la expresión “Más perdío que el Barco el Arroz”
—Por supuesto, aquí en Málaga al menos, es muy popular.
—Pues no está tan perdío, está en la Cala del Aceite, frente a las costas de Torrox. Lo tengo documentado en fotos y videos que hice para la Senda Azul.
—¡Anda, no jodas!
—Pues sí
—Y qué es eso de la Senda Azul?
—Algo parecido a la Senda Verde, ya sabes, el camino que va por toda la Costa, pero en este caso lo hace por el mar.
—¿Entonces has participado en ese proyecto?
—Sí, incluso también añadí fotos de la Torre Mineral de Marbella.
—Es que no paras
—Nunca mientras pueda.

Este ha sido Fabian Álvarez, nacido en Cuba y uno de nuestros hijos adoptivos que ha sabido destacar fuera de nuestro pueblo, y que ahora es el suyo, gracias a su afición por el submarinismo, que más que afición es su pasión. De hecho, yo diría que lleva agua de mar por sangre y una fotografía por corazón. Y aunque él lo niegue, yo lo veo como un artista, un fotógrafo que ha decidido desarrollar esta disciplina de una de las maneras más peligrosas y complicadas de hacerlo.
Como nota anecdótica quiero señalar que, durante la entrevista, me enseñó a hacer superposiciones de fotos con la cámara, cosa que yo ignoraba por completo.
En fin, esta ha sido otra de esas charlas de amigos que yo motejo como entrevista.
Algunos de los logros conseguidos en los últimos años:
2012 Campeones por países. España en el Open Epson Red Sea Eilat Israel
2014 Campeones por paises España en el Open Red Sea Eilat Israel.
2015 Campeón de Andalucía en la general. La Herradura.
2020 Campeón de España «categoria creativa». La Herradura.
2022 Subcampeón de España «categoria pez»
2023 Campeón Nacional de Cuba
2023 Campeón del Mundo «categoría angular». Cuba
2023 Subcampeón del Mundo de Andalucía «video submarino». La Herradura.
2024 Campeón del mundo «categoria macro». Albania.
2024 Subcampeón del mundo «categoria angular sin buceador»
2024 Under Water Photo Maratón Mares isla de Rab Croacia:
-Oro «categoría angular», oro categoría creativa y bronce categoria macro.
2025 Campeón de Andalucía en la general. La Herradura.
2025 Subcampeón de España «categoría peces». El Hierro, Canarias.
2025 Subcampeón del mundo «categoria creativa» Under water photos CMAS. Madeira, Portugal.
2025 Under water photo mares Croacia:
Oro «categoría angular y plata «categoria creativa.
Además, en 2025, fue nombrado como Deportista del Año por el Patronato de Deportes de Benalmádena.

Como comentario extra, no quiero dejar en el tintero el premio “Seiko”, que consiguió participando en el último momento y fabricándose manualmente las herramientas para lograr el montaje que puede apreciarse en la foto. Su apasionadas expresiones mientras me relataba como había logrado grabar con un tornillo las letras sobre un fondo negro y cómo se las había ingeniado para conseguir el efecto estrella en el montaje, me obligan a hacer mención especial del mismo. Máxime cuando el trabajo hubo de realizarlo sumergido.
Solo quiero recordarle a nuestro vecino Fabián, que estoy convencido de que se equivoca, porque insisto, él es un auténtico artista aunque lo niegue.

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