Fernando Luis Aisa

Hoy traigo a este rincón de Hijos de Nuestro Pueblo, a Fernando Luis Aisa, actualmente la persona que custodia el Legado de Imperio Argentina. Lleva media vida viviendo en Torremolinos, 25 de sus 56 años. Y asegura que es el lugar del que no piensa marcharse porque le encanta este pueblo.
—¿Qué es lo que más te gusta de Torremolinos?
—Me gusta en su conjunto, pero por destacar algo me encantan las playas y que es un lugar donde me encuentro muy a gusto. Además está muy bien comunicado, tanto por carretera como por tren o aire. Y es que tenemos a Málaga y al aeropuerto a un paso. Está cerca de todo y es una delicia vivir aquí. Así que el nombre de Torremolinos lo llevo y lo saco a relucir allí a donde voy, porque es el lugar en que me siento a gusto y en el que he decidido vivir.

En su casa de Torremolinos

—Y dime, ¿qué te supone ser el legado de una artista como Imperio Argentina?
—Ante todo una responsabilidad muy grande. Porque es algo muy importante que gracias a Dios ha sido reconocido, de hecho se va a hacer un museo en Benalmádena, que es el lugar donde Imperio vivió sus últimos años. Aunque fíjate que aquí fue el primer pueblo donde vino a veranear hace 60 años.
—¿Veraneaba en Torremolinos?
—Claro. Venía a una casa que alquilaba en la Cuesta del Tajo, que antes era un molino y luego fue un restaurante. (quizá el Molino de la Bóveda) La tuvo alquilada muchos años, y venía con su hermana y los hijos.
—¿Pero de qué fecha me hablas?
—De los 60. Este fue el primer pueblo de la Costa del Sol al que vino.
—Cuéntame como te metiste en este lío de hacerte responsable del Legado de Imperio Argentina, que tengo entendido que te ha costado tiempo, dinero y disgustos.
—Lo cierto es que ha así sido. Para mi todo esto ha tenido sus luces y sus sombras. Ella me legó los derechos del nombre y me regaló algunos objetos en vida. Pero luego yo les compré la casa completa a sus herederos. Casa que está en Benalmádena, en la calle que lleva su nombre. Pero no fue fácil, tuve dos juicios con una de las nietas, que gané en ambas instancias y luego lo ratificó el Supremo, que sentenció que el único legatario que puede usar el nombre de Imperio Argentina soy yo, por expreso deseo de la artista. Y es que la maldad no conoce fronteras pero nunca triunfa.— Apostilla convencido.

—Pero ¿por qué te demandó la nieta?
—Fue una de las nietas que no heredó nada. Decía que lo de la abuela no era correcto, que la firma no era verdadera, y hubo que echar mano de peritos que la certificasen. Un lío. Pero al final gané y el Supremo la acabó condenando a pagar todas las costas
—Vaya, pues sí, menudo lío.
—Ya te digo.
—Dime una cosa, sentimentalmente qué destacarías tú de esta colección?
—Uf. Es muy difícil porque, estos objetos y ella misma, son historia de España. Ha sido la única artista premiada por dos reyes, Goya de Honor, ciudadana Ilustre de Buenos Aires, Ciencias y Letras en Francia, fue la segunda artista que actuó en el Candy Hall y premio a la crítica en Nueva York… vamos que tiene todos los premios que puede soñar una artista; Las llaves de Madrid, el premio Ondas, el Calité, el Federico García Lorca… y un largo etcétera.
—¿Y a qué pieza dirías que le tienes más cariño de la colección?
—Bueno, hay un soneto de Pemán que a mí me encanta, pero ella a lo que más apego le tenía era a una pulsera de oro y pelo de elefante que le regaló su madre. Para ella fue su amuleto, y lo llevaba en todas las actuaciones. Incluso si se le olvidaba, volvía a buscarlo. Como si fuese un fetiche.
—Y si tuvieses que salvar un solo objeto de la colección por un incendio ¿qué te llevarías?— Se para un instante a pensar antes de responder, pero cuando lo hace muestra una palpable seguridad en la respuesta.
—Salvaría el Goya de Honor, porque es el máximo galardón que puede tener una estrella en toda su trayectoria. El suyo fue el tercero que dio la Academia de Cine. Y es que este Goya resume una carrera. Fíjate que ha sido la única artista que ha cantado con Carlos Gardel y la única que hizo de protagonista en todas sus películas.
Con Gardel hizo “Melodía de arrabal” y la “Casa es seria”. En Alemania rodó «Carmen, la de Triana» y «La Canción de Aixa». Además en Italia, con Luchino Visconti rodó «Tosca», esto fue antes de la Segunda Guerra Mundial. Podemos decir que fue la primera estrella internacional que tuvo España.
—¿Y tu cuándo la conociste?
—Yo entré en 1992 como secretario personal de ella en el gran espectáculo de la copla, Azabache, en el que actuaron en Sevilla Rocio Jurado, Nati Mistral, Juanita Reina y la propia Imperio Argentina.

—¿Qué puedes decirme de su personalidad?
—Pues yo destacaría la humildad y su sencillez, pero claro, ella sabía quien era y tampoco dejaba que nadie “le pisase el poncho”, como decía doña Concha Piquer. Y es que no necesitaba demostrar nada. Porque mira, Juanlu, lo difícil no es llegar, lo que es realmente complicado es mantenerse y ella lo hizo desde los cuatro años hasta los noventa y dos. Y fíjate, aquí estamos veintidós años después de su muerte y sigue interesando. Porque sus exposiciones son las más visitadas.
—¿Has expuesto en Málaga?
—Claro, y con éxito. En Alhaurín de la Torre, en el Palacio Episcopal, el Museo de Fuengirola, en la sala de exposiciones de Benalmádena, donde registró la mayor afluencia de público hasta la fecha…
—¿Y qué pasa con Torremolinos?
—Pues te adelanto que aquí hay prevista una exposición para octubre o noviembre, está todavía por determinar. Y aprovecho para invitar a los vecinos a que acudan, porque será interesante.
—¿Tienes alguna anécdota de Imperio que recuerdes?
—Por supuesto, muchas. Pero en el Festival de Cine de Marbella, que ya no existe, recuerdo que iba yo del brazo con ella y claro, todos los gráficos tirando fotos como locos, todo para ella. Hasta que llegó Antonio Banderas, y la dejaron para irse con él. Entonces uno de los fotógrafos le preguntó: “¿Magdalena querría usted conocer a Antonio Banderas?”. A lo que ella respondió con toda la gracia y categoría que tenía: “Me imagino que Antonio Banderas querrá conocerme a mí”. —Sonríe mientras deja asomar un brillo de orgullo en su mirada —Fue como una bofetada sin manos al periodista. Y claro, Antonio vino donde ella, le dio un abrazo y le dijo que era un gran admirador suyo.
—Veo que Imperio te apasiona.
—Mucho. Mira, Lola Flores en sus memorias dijo que hubiera querido ser tan importante como Imperio Argentina, y Sara Montiel que le hubiera gustado llegar a donde lo hizo Imperio.—Se para un instante antes de continuar— Es que era una artista que cuando nadie había salido de España, ella ya estaba en Hollywood.
—¿En cuanto valorarías tú el Legado que custodias?
—Yo no puedo ponerle precio. Para mí es impagable, porque aunque hay muchas cosas de valor material como mantones, cuadros de Picasso, de Alberti, de Jean Cocteau y prácticamente de toda la generación del 27, existen otras cosas de valor intangibles y sentimentales, como cartas de Pio Baroja, Azorín, Alberti, León Felipe, Juan Ramón Jimenez, Camilo José Cela… y muebles espectaculares que han estado con ella durante décadas, peinetas, mantillas…
—Vamos que no te atreves a ponerle precio
—No, que va. Para mi es que no tiene precio. Además, yo nunca he negociado con el Legado. Jamás he cobrado por una exposición ni he pedido dinero por nada relacionado con Imperio Argentina, aunque lo podría hacer legalmente.
—Venga, no me digas que trabajas por amor al arte.
—Pues sí. Por amor a su arte. Yo gracias a Dios vengo de una familia adinerada, los Aisa, y vivo de mis propiedades. De hecho no me hacía falta trabajar como secretario de Imperio Argentina porque siempre he vivido de mi patrimonio.

—¿Entonces por qué te hiciste secretario suyo?
—Pues mira, es una historia muy bonita. Yo en el 92 era pareja de un marqués y ella (Imperio) se quedaba en su casa.— hace un inciso antes de continuar como evocando buenos tiempos pasados —De aquellas yo vivía en Madrid, en el barrio de los Jerónimos, en un piso maravilloso. Entonces un día Imperio discutió con su secretario y me dijo: “Tú vas a ser mi secretario”. Yo tenía 23 años, pero a ella le gustaba la gente joven. El problema era que yo no me veía de secretario de Imperio y no quería el puesto, vamos, es que ni me lo había planteado. Fue ella la que me eligió a mí. Entonces mi pareja, porque quien bien te quiere bien te aconseja, me dijo: “Mira Fernando, todo en la vida no es el dinero, ella te va a dar una posición que tú nunca vas a lograr tener. Y lo que vas a vivir con ella no se puede pagar con dinero”. Y así fue. Fíjate, de repente me vi compartiendo mantel en casa de Lola Flores, de Rocío Dúrcal, Rocio Jurado… es que he vivido momentos únicos con ella. Absolutamente únicos. Estuve en el Palacio Real, porque ella era condesa de las Cabezuelas. Aunque su primer marido fue el director de cine Florian Rey, su segundo fue el conde de La Cabezuelas, y al enviudar continuó con el título. La invitaban a todas las bodas reales y cuando la presentaban como condesa de las Cabezuelas ella decía: “Un momento, perdonad, ¿qué mejor título que el de Imperio Argentina?”. Y era verdad, Juanlu, ese fue su mejor título— Afirma convencido.
—Tengo entendido que Hitler, al que conoció personalmente, fue un gran admirador suyo.
—Siii. Mira, un coleccionista de NY, durante mi primera exposición llegó a ofrecerme 30.000 dólares por una invitación que Hitler le envió. Y es que Hitler se había enamorado platónicamente de ella. Fíjate que había visto cinco veces la película Nobleza Baturra, de manera que en Alemania acabó rodando dos versiones de Carmen la de Triana, en los estudios UFA; una en alemán y otra en español.
—¿Rodó en alemán?
—Sí señor. Incluso las canciones están cantadas en alemán. Esa película forma parte de la historia de España. Mira, ella tiene tres películas que son obras maestras del cine: Morena Clara, Carmen la de Triana y La hermana San Sulpicio. ¿Quién no recuerda canciones como El día en que nací yo, Antonio Vargas Heredia o Los Piconeros. Es que son coplas que se han ido transmitiendo de generación en generación.
—¿Ella fue quien las cantó primero?
—Claro. Es que se crearon para ella. Todos querían escribir para Imperio Argentina, porque era una estrella. Mira, en una ocasión me dijo Marife de Triana, que era amiga mía: “Nosotras hemos sido artistas, pero estrella ha sido Imperio Argentina”. Y yo, personalmente, creo que este país solo ha dado dos estrellas, una ha sido Imperio Argentina y la otra Sara Montiel.
—Ya veo que sientes verdadera pasión por ella.
—No te lo voy a negar. Eso me decía el otro día la directora del Mundo que estuvo en casa, que se me nota la pasión. Y aprovecho para decir que me alegra mucho que hayan hecho una tirada a nivel nacional dedicada a Imperio Argentina, porque eso significa que sigue interesando.
—Y tú cargando con esa responsabilidad por la cara.
—Pues sí, y trabajando muchísimo, por eso he sido muy premiado. Tengo todos los premios de Málaga que me lo han dado en reconocimiento por conservar el Legado de Imperio Argentina. Y no creas, que mantenerlo cuesta esfuerzo y dinero. Recibo muchas visitas para ver el Legado, y las cosas hay que repararlas. Incluso tengo un mayordomo contratado para que cuide los objetos.
Estuve seis años liado de juicios hasta llegar al Supremo. Pero la maldad no triunfa. Y fíjate que el problema lo tuve con una nieta que jamás había estado con la abuela, que fue una oportunista. Por eso yo quiero dejar solucionado el asunto del Legado en vida, porque el día que falte habrá quien se interese por todo esto solo por el dinero.—Reflexiona y continúa— Pero oye, que no los culpo, así es la vida. Si hay un Picasso, un Albertí o incluso una invitación enviada por Hitler, quien lo herede querrá convertirlo en dinero. Es lo normal. No todos vemos estas cosas desde el mismo prisma. Por eso quiero dejarlo todo solucionado antes de que yo falte.
—Pero al final todo se marchará a Benalmádena
—Pues sí. Creo que aquí se equivocaron al valorar el Legado. De hecho pienso que Torremolinos hubiese sido un buen sitio para haber creado el museo de Imperio Argentina. La casa de los Barrabinos hubiese sido un lugar ideal, pero ya no será posible. Traté de ofrecérselo a Pepe Ortiz, pero su concejala de cultura ni me recibió.
—Dime una cosa, para que quede claro ¿Imperio Argentina era argentina o española?
—Nació en Buenos Aires, pero su madre era de Monda y su padre gibraltareño. Ella se sentía española, aunque conservaba ambas nacionalidades. De hecho, en su entierro, su féretro se cubrió con las banderas de los dos paises.
—¿Y por qué el nombre de Imperio Argentina?
—Porque ella se empezó llamando La Petite Imperio, pero fue don Jacinto Benavente quien le aconsejó que se cambiase el nombre, lo de “Petite” le parecía muy infantil. Además le dijo que llegaría a ser tan grande como un imperio y entonces le propuso Imperio Argentina. Así que fíjate que estrella la guió, nada menos que el premio Nobel don Jacinto Benavente. Además el nombre hace un guiño a Pastora Imperio y a Antonia Mercé, la Argentinita.
—Bueno, ahora háblame de ti, que vives eclipsado por la sombra de Imperio Argentina. ¿De donde eres?
—Yo nací en Puerto Rico.
—¡No fastidies! Ahora sí que me has descolocao. Yo, no sé porqué, pensaba que eras asturiano
—Asturiana era mi abuela, que fue con quien me crié. Pero mi padre era madrileño, mi madre cubana y yo nací en Puerto Rico. Aunque me trajeron de pequeño a España. De todas formas mi pasaporte es norteamericano.
—¿No constas como español?
—No. En España estoy como residente. Pero como tengo propiedades, ya sabes, pues no tengo problemas.
—Ahora sí que me has sorprendido, no me esperaba que figurases como estadounidense.
—Pues así es.
—Mencióname alguno de tus lugares favoritos de Torremolinos
—Pues el paseo marítimo me parece maravilloso, es un lujazo pasear por él. También los chiringuitos. Acostumbro a ir a los Mellizos, donde suelo coger el balcón siempre que puedo para ver a la Virgen del Carmen. La Carihuela me encanta y también La Nogalera, una maravillosa obra de Lamela y que, por cierto, ahora se está peleando por mejorar todo el entorno. Pero vamos, en general me gusta mucho pasear por Torremolinos. Solo echo en falta un turismo de un poco más de categoría.

Este ha sido Fernando Luis Aisa, cuidador del legado de Imperio Argentina, que mantiene vivo desde el fallecimiento de la actriz en agosto de 2003.
Fernando se siente orgulloso de lo que representa y manifiesta una visible pasión por todo lo que rodea el recuerdo de Imperio Argentina, del que se reconoce como su mayor fan.
Ha trabajado y trabaja con denuedo por mantener vivo tanto el legado como la figura de la artista que se lo legó. Es un habitual en coloquios, tertulias y cualquier acto en el que se requiera su presencia como albacea del legado que representa. Vive en Torremolinos, del que manifiesta estar enamorado.
—Yo soy un convencido de lo que vendo, que encima no vendo nada. Pero tú me entiendes.—me dice mientras sonríe
—Por supuesto.

23 de julio de 2024

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