Hoy traigo a mi rincón a Nacho Martínez Pérez, un empresario hostelero de 45 años que está sacando a pasear, a través ACOGAT, el nombre de Torremolinos por toda Europa. Un hombre que se confiesa católico y que realiza un duro trabajo por mostrar al colectivo LGTBI las excelencias de Torremolinos. Además colabora en concienciarnos a todos en la normalización de las relaciones entre distintos colectivos, usando el respeto como línea de partida.
Nacho dice recordar que ha trabajado desde que tiene memoria.
Cuando estaba en el colegio ayudaba a sus padres en el campo, pero también iba a la vendimia, donde dice que trabajaba a destajo.
Actualmente regenta un restaurante de cocina tradicional española: El Rincón de Nacho, donde se cuidan los detalles, la calidad y la atención al cliente de una manera sencilla, cercana y casi familiar.
Le dije, como a otros entrevistados, que se trajese algún objeto para usar de atrezo en las fotos. Algo personal, curioso, emotivo y/o profesional. Asintió con rapidez y no me preguntó nada, cosa que me extrañó y me hizo dudar de que hubiese entendido lo que le pedía. Pero hoy se ha presentado con una bolsa llena de objetos entre los que traía alguno que me ha sorprendido enormemente; como un bote lleno de pins y otro hasta poco más de la mitad de arena y el resto de agua.
—¿Y esto?— le pregunto señalando al bote del agua y la arena.
—Esto me recuerda que en la vida es imprescindible saber poner límites, Juanlu
—¿A qué te refieres?
—A todo. Hay que poner límites en el trabajo, con la familia, con los amigos… con todo. En mi vida no he sabido poner límites a tiempo y eso me ha pasado factura. Mira— me muestra el tarro donde el agua y la arena están perfectamente delimitados por una línea divisoria, entonces lo agita y los elementos se mezclan originando todo un caos que enturbia el líquido— ¿lo ves? Así es imposible.
Al final, la madurez me ha dado herramientas que no me enseñaron en el colegio
Pero espera a que se asiente y todo volverá a estar en su sitio.—Reconozco que el concepto me ha conmovido, y me guardo la idea.—Al final la madurez me ha dado herramientas que no me enseñaron en el colegio.—Me dice con gravedad.
—¿Y este otro lleno de chapas y de pins?
—Son todos los que me han dado por el motivo que sea. Los guardo todos porque me sirven de recuerdo.
Nacho visita Torremolinos desde los 18 años, y nunca cambió su destino turístico. De hecho, cuando años más tarde necesitó comenzar una nueva vida, debido a su divorcio, eligió este pueblo para hacerlo.
—La primera vez llegué un poco para testar el tema. Quería trabajar en bares y chiringuitos, porque yo quería aprender. Aunque había trabajado en empresas de taxis y ambulancias, cuando llegué a Torremolinos ya venía del mundo de la hostelería. Había gestionado un campo de golf en Linares, donde ya tenía la marca El Rincón de Nacho, y también monté un catering para colegios privados.
—¿Y dices que venías a aprender?
—Sí, esto era otra cosa y siempre hay algo que aprender. Mira, mis padres me han transmitido este trabajo de toda la vida. Ellos siempre han tenido bares y barras en ferias y verbenas. Además de sus olivos. La hostelería la llevo en la sangre, pero pienso que nadie lo sabe todo.
—Eso es cierto.
—Ya te digo.
—Y dónde comenzaste a trabajar en Torremolinos?
—En el chiringuito del Meliá, que antes se llamaba Los Gallegos. De allí me fui al Gato Lounge y luego con Juan Carlos, en La Paella. De ahí me volví al pueblo, pero yo ya había decidido que quería vivir en Torremolinos y regresé.
—Joer. Sí que te moviste.
—Pues sí. Es que verás, desde los dieciocho años he trabajado para mí y me cuesta adaptarme a ponerme a las órdenes de otro.
—Sí, eso puedo comprenderlo perfectamente, a mi me pasa igual.
—Pues eso. Que si tengo la formación, las ganas y las herramientas para trabajar para mi ¿Por qué no hacerlo? Y eso a pesar de que el trabajo, cuando eres autónomo, se multiplica y el sacrificio también.
—Eso es cierto. Y si encima también eres tú quien hace el trabajo de campo, y eso añade el stress.
—Efectivamente. Además, hoy a la gente no le gusta esperar, todo lo quiere ¡ya! Y eso es prácticamente imposible. Por eso cuando ya estoy hasta arriba es mejor decir que no hay mesa y no tratar de forzar la situación. Eso forma parte de lo que te comenté de poner límites.

—Comprendo ¿Cómo definirías la cocina del Rincón de Nacho?
—Tradicional y posiblemente, familiar. Mira, tengo “rinconeros” por muchas partes de España que cuando vienen quieren que los sorprenda, y para eso no hay nada mejor que echar mano de la cocina tradicional, que en este país es tremenda. Suele ser gente que repite una y otra vez, y al final los acabas conociendo y hay casos en que se diluyen los límites con el cliente. Porque hay quien cuando ve que no abro me llama para preguntarme si me ha pasado algo, gente que se preocupa y a veces ya no sé si son clientes o amigos. Y eso es muy gratificante. Por eso, cuando ya me he convertido en pulpo con ocho manos y veo que no puedo más, prefiero decir sin tapujos que no hay mesa y dejarlo correr. Porque es que veo que no voy a poder atenderlo como es debido; yo voy a acabar estresado y el cliente se va a llevar una mala experiencia. Y es que he aprendido que el dinero no es lo más importante.
—Ahora dime una cosa. ¿Por qué Torremolinos?
—Lo primero fue la impresión del mar… la playa. Yo soy del interior y para mi el mar es algo impresionante. Me flipa. Me da paz, serenidad… Esa grandeza…— Ahora se para unos segundos antes de continuar— Además, para mí Torremolinos es la ciudad de la libertad, la que te permite ser lo que quieras. Este pueblo tiene un colectivo LGTBI puntero y reconocido en España y en el mundo. Las personas que somos del Colectivo, aquí vivimos como queremos. Creo que los vecinos del pueblo llevan el respeto y la integración en el ADN. Que alguien quiera ser maricón, lesbiana o lo que le venga en gana, aquí la gente lo permite ¿sabes? Eso se nota en la calle.
—Pero eso no es de ahora.
—Claro,claro, eso ya viene arrastrándose de los 60, o de antes. Lo sé.
Mira, Juanlu, cuando me visitan familiares o amigos del pueblo y les propongo ir a ver algún espectáculo a la Nogalera, me ponen cara de extrañados y me preguntan “¿pero podemos ir?”— ahora nos reímos los dos y Nacho continúa —¿Pero vosotros qué os pensáis?
—Y cómo ves tú al Torremolinos de hoy.
—Lo veo como una ciudad puntera. Con sus altibajos pero con ambiente los 365 días del año. No te imaginas cuantos americanos están viniendo a Torremolinos después del fenómeno de Trump. A veces me preocupa si habrá sitio para todos, porque veo que las perspectivas son de que continúe creciendo la afluencia. Y el impulso LGTBI es muy importante. Mira una cosa, ¿donde mejor que aquí te imaginas que se pueda construir una residencia para el colectivo? Es que yo no me imagino un sitio donde podamos estar mejor. Y no me extrañaría que se empezara a invertir, en este modelo de negocio para gente mayor, más pronto que tarde.
«Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia».
—Y del día que llegaste para quedarte ¿qué recuerdas?
—Fue justo después de mi divorcio. Recuerdo que en septiembre mi padre me pidió que le echase una mano en la campaña de las aceitunas. Le dije que sí, pero que me volvía a Torremolinos. Y cuando acabamos, el mismo día de mi cumpleaños el 13 de enero hice las maletas y me despedí. Recuerdo que cuando llegué me pasé dos noches durmiendo en el coche. Y no porque no pudiese pagarme un hotel, es que me movía por el pueblo mirando donde había locales libres a un precio que pudiese alquilar. Y así encontré un apartamento en la Leala, aunque actualmente vivo en el pasaje Pizarro, cerca del restaurante.
—Hay algo que has dicho me ha llamado la atención, lo de la campaña de la aceituna. ¿Es que tus padres tienen olivos?
—Todo jienense tiene sus olivos. Pocos o muchos, pero es normal que se tengan. Esa era la vida en el pueblo, porque los olivos te daban la economía base para poder subsistir, y luego pues eso, las barras en la feria, el bar.
—Una vida dura ¿no?
—Pues fíjate Juanlu, también iba a la vendimia.
—¿A Francia?
—No, a la Rioja. Allí trabajaba a destajo más de doce horas diarias, pero eso sí, se ganaban 10.000 pesetas al día. Eso era una pasta. Y si íbamos tres de familia, eso eran 30.000 pesetas diarias, y si echabas 30 días de campaña te montabas en casi un millón de pesetas. Así que nos veníamos con un millón de pesetas a casa reventados pero con la tranquilidad de que ese año, por muy mal que viniera la cosa, para comer habría.
—Comprendo. Y cambiando de tema, dime una cosa: ¿Cuánta gente, aproximadamente, mueve el Pride?
—En la actualidad supera las cien mil personas. Mira, creo que este es mi cuarto o quizá quinto Pride —duda unos segundos— pero el primero en que estuve se movieron unas cuarenta mil personas, y no ha dejado de subir.—Ahora se pone serio y se tensa un poco, es la primera vez en la entrevista que le veo esa expresión grave— Y oye, esto me tiene preocupado.

—¿Por qué?
—Con tanta gente me asalta el temor de que pueda ocurrir algo, como lo del loco que embistió con una furgoneta en el Pride de Berlín y arrolló a un montón de gente acabando con la vida de una mujer. Yo sé que eso no tiene porqué pasar aquí, pero no puedo evitar acojonarme cuando pienso en la seguridad porque tenemos entre manos un evento de lo más importante. Ten en cuenta que el Pride de Torremolinos es el evento más importante del pueblo en todo el año superando, incluso, a las fiestas patronales en cuanto a movimiento de gente. Esto supone una gran responsabilidad.
—¿Más que las fiestas de San Miguel?
—Sí, sí, Juanlu, así es. Mira, el Pride comenzó siendo jueves, viernes y sábado. Pero es que hoy se alarga a domingo y lunes, y la gente se va el martes.— Ahora me mira con complicidad y se ríe— que pechá maricones, Juanlu. No veas que jartá de trabajo.— Ahora nos reímos los dos.
—¿Y tú qué pintas en todo esto?
—Yo soy el presidente de la ACOGAT (Asociación de Comercio Gay de Torremolinos) y una de las funciones, quizá la más importante de nuestra organización, consiste en promocionar internacionalmente a Torremolinos y a nuestros negocios al colectivo LGTBI. Y el Pride es un alto exponente de esta responsabilidad por lo que tenemos una serie de funciones dentro del mismo. Nos encargamos de la gestión de las barras y del desfile: camiones, seguros, música, seguridad… de todo eso se encarga ACOGAT. Somos una asociación sin ánimo de lucro, y de lo que se recauda en las barras le pagamos un canon importante al Ayuntamiento por su ayuda al Pride. Por ejemplo, este año han sido 28.000 euros. Además, con el resto del dinero financiamos la promoción internacional y las actividades durante el año.
—Claro, si el Ayuntamiento paga las carrozas…
—No, no. Eso no es así. —me interrumpe levantando su dedo índice para puntualizar— Cada empresa que participa paga su carroza. Vamos, que el desfile lo pagamos nosotros.—. Pero es que hay más, no solo las empresas que participan pagan su carroza, si no que además abonan un canon para ayudar al Ayuntamiento en la organización del Pride. Aquí nada es gratis, Juanlu, todo tiene un coste importante, como es natural. Y tampoco pienses que puede participar cualquiera de cualquier manera, existen unas normas que hay que cumplir. Detrás de la fiesta hay una organización que se encarga de ello y ACOGAT es una parte importe de ella. Porque el fin de todo esto, además de dar visibilidad al colectivo, es promocionar los negocios de Torremolinos.
—Entonces el Ayuntamiento no pone nada.
—A ver, no me seas cabrito, Juanlu— el Ayuntamiento paga las actuaciones de los artistas y escenario, además de poner seguridad, limpieza y toda la infraestructura necesaria, por no hablar de que también pone la ciudad. ¿Te parece poco? Ahora, eso sí, a cambio nosotros provocamos un impacto económico importante. Puedes hablar con cualquier empresa del centro si no me crees.
—¿Y cómo promocionáis el turismo gay en el exterior?
—Evidentemente siempre acompañamos a la delegación de Turismo, porque son nuestros “patronos”, y es bajo el paraguas en que nos movemos, así como bajo el paraguas de Diputación y el de la Junta de Andalucía. Porque son ellos quienes nos facilitan los canales para llegar a ferias de turismo, workshops, stands, etc. Y ACOGAT procura no perderse ninguna de esas ferias, con folletos, con gente que habla inglés, con Drang Queen´s, que son muy vistosas y llaman mucho la atención. Y desde que estamos con la candidatura del Euro Pride hemos visitado ya cinco países y más de treinta Orgullos. Y claro, cuando muestras el nombre de Torremolinos a millones de personas en estos actos el resultado es que la afluencia de público en el pueblo sube.
—¿Pero dónde se celebra el Euro Pride?
—Cada año en una ciudad diferente. Y no te equivoques, que no es una fiesta, es una reivindicación por los derechos LGTBI, y se le otorga a la ciudad se que se considera que menos derechos de este tipo tiene.
—Entonces Torremolinos lo tiene crudo.
—Bueno, aquí se está intentando hacer junto a la ciudad de Melilla. Y sería la primera vez que se celebra un Pride entre dos continentes. Torremolinos está muy bien visto dentro del EPOA (European Pride Organisers Association), de hecho su junta directiva vino a conocer el pueblo, mirar las instalaciones, las posibilidades y las condiciones de las entidades sociales, y se llevaron una buena impresión. Que, por cierto, ahora volverán el 31 de octubre, y si todo sale bien, podremos celebrar con ellos el décimo aniversario de ACOGAT, para lo que estamos organizando algunas cosillas que prefiero mantener en secreto.
—Entonces ACOGAT también pertenece a EPOA
—Sí, y a InterPride, que es la organización mundial que nos representa a todos.
«… leche, que no traigo a la Virgen, traigo maricones»
—¿Por qué una bandera LGTBI en el centro y no una de España o de Torremolinos? Como critican algunos en el pueblo.
—Bueno, pues porque la Nogalera es el centro neurálgico de los derechos LGTBI de España, incluso por encima de la plaza de Pedro Cerolo de Madrid. Y no es que esta plaza no esté bien, junto con Chueca, pero creo que su esencia se ha ido diluyendo. Allí ha ido disminuyendo el número de locales familiares y han entrado grandes cadenas comerciales, lo que ha hecho que se pierda en gran medida esa esencia característica de Chueca, que se ha desperdigado alrededor del centro. Sin embargo, en Torremolinos, lo tenemos todo a quinientos metros. Además, y lo más importante, esa bandera cuando la ve alguien del colectivo, siente que está en un espacio seguro. Y añado algo que a lo mejor no sabes, nuestros negocios están certificados como espacios libres de lgtbifobia y disponemos de un protocolo de actuación en caso de que seamos testigos de algún intento de violencia en ese sentido. De hecho, cuando comienza la campaña de verano, la Policía Nacional realiza previsiones de seguridad: de robos, peleas, seguridad privada, etc. Tenemos una importante cantidad de reuniones de las que la gente no sabe nada. Incluso hay una unidad específica dentro de la Policía para actuar en casos de delitos de odio.
—Solo participa la Policía Nacional?
—No, no, en las reuniones generales participa también la Local, pero hay reuniones específicas con la Nacional.
—Dime una cosa Nacho: ¿en cuantas ciudades has estado promocionando Torremolinos?— Ahora frunce el ceño en señal de que tiene que pensar.
—Uf, no sé, así de pronto… dame un segundo, a ver, que yo recuerde ahora mismo: En Malta, Tesalónica, Colonia, Londres, Berlín, Roma, Lisboa, Barcelona, Cardiff… sé que hay más, pero ahora no me acuerdo.
Es que a las ferias no se puede faltar. El Ayuntamiento nos da un stand en Fitur, y allí llevamos cinco Drags Queens, subidas a dos metros de altura que son como un imán para los visitantes que se acercan a curiosear.
—Vamos que no te pierdes ninguna fiesta.
—Ya, ya.—Sonríe con sarcasmo— Lo cierto es que hay mucho trabajo detrás de todo esto, ni te imaginas. Mira, también trabajamos en un proyecto internacional que se llama Guía de Experiencias LGTBI de España, y que se desarrolla a través del Ministerio de Turismo, y ACOGAT es uno de los promotores de la guía, junto con otros actores como Hoteles Axel, Meliá Hoteles, Respira Comunicación y la revista Shangai. Fíjate que estamos participando, hombro con hombro, con cuatro entidades realmente potentes en el mundo LGTBI en España. Y todo para desarrollar más que un lenguaje inclusivo, una forma de comunicación que no se perciba ofensiva por el cliente.
—Me estoy perdiendo, Nacho.
—Te pongo una situación de ejemplo que puede parecer tonta, pero que quien se enfrenta a ella se puede sentir atacado. Imagina que un par de chavalas van a un hotel a reservar una habitación, pues preguntarles si las camas van separadas o juntas les puede crear una situación de malestar. Es como si le preguntarás, ah, ¿pero vais a dormir juntas?
—Bueno, a mi me lo han preguntado cuando he ido con mi mujer, y no me parece ofensivo.
—¡Claro, claro! Pero supongo que para entender esta situación hay que haberla sufrido como miembro del Colectivo, porque ahí adquiere otra dimensión.
—Comprendo ¿Quieres que podrían sentirse juzgadas?
—Sí, algo así. Es que la gente quiere llegar a un espacio donde se sobrentienda todo, no tener que dar explicaciones y que todo discurra con normalidad. Y si se llega a hacer esa pregunta, que no haya reacción de sorpresa por el recepcionista. Ya sabes. Se trata de hacer sentir a esas personas cuando lleguen a Torremolinos que están en su casa, o mejor todavía.
—Entiendo
—Pues como te digo, esta guía se distribuye por todas las oficinas que Turespaña tiene repartidas por el mundo, y ahí aparece ACOGAT, con Torremolinos y con todos nuestros negocios. Y te doy un dato: Melía y nosotros somos los que más aportamos en cuanto a número de establecimientos.
—Cuánto tiempo llevas de presidente en ACOGAT?
—desde el 2022
—Y dime una cosa que me tiene intrigado, aunque no quiero pecar de indiscreto, pero ¿cómo es que te casaste y tuviste hijos? ¿No sabías que eras gay?
—Sí, tengo dos maravillosos hijos de 15 y 13 años. Pero mi divorcio no tuvo nada que ver con ser o no gay, eso llegó después. En estas cosas cada uno tiene su propia experiencia. En mi caso la relación se rompió porque llegó a su final, tenía que romperse. Y yo tampoco estaba para otras historias. Lo del Colectivo llegó en Torremolinos, donde también me relacioné con mujeres. Supongo que soy bisexual, aunque eso es algo que uno no se propone. No es fácil de explicar, y quizá es más difícil de entender.
—Bueno, ya sabes, se dice que en los pueblos pequeños estas cosas son más complicadas de entender.
—Tampoco es siempre exactamente así. Fíjate que en mi pueblo, que no llega ni a cinco mil habitantes, el año pasado hicimos el primer Orgullo y fueron más de cinco mil personas. Y este año ya han hecho el segundo.
Yo cuando llegué a la plaza del pueblo y vi lo que allí había congregado flipé.—Me dice riendo— Vamos que me dije: leche que no traigo a la Virgen, que trago maricones.— Sé que sigue hablando pero no lo oigo porque la ocurrencia me arranca una carcajada.— Es que el pueblo estaba petao Juanlu, pero petaísimo. No te lo puedes ni imaginar— me dice sorprendido por mi risa.
—Pero es que decir que no traías a la Virgen…
—Claro, es que en mi pueblo, cuando toda la gente sale así es para recibir a la Virgen. Y yo cuando salí y me encontré a todo el mundo allí congregao, aluciné. Hasta se acabó la cerveza en el pueblo. Fue una locura.
Pero también es cierto que no todo es así de sencillo. Hay familias que viven un auténtico drama con todo esto. Padres que temen enfrentarse a lo que diga el pueblo e hijos que temen a sus padres. Y es que el trabajo emocional no es solo de la persona LGTBI, lo es también de la familia, amigos y de la sociedad en general. Y nosotros tratamos de que todo esto se normalice. Hay una frase de Marcel Proust que dice: “Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia”. Y eso es así, si tu perspectiva da un giro brutal y empiezas a ver las cosas de otra manera, todo empieza a cambiar como un engranaje que se mueve en torno a ti. Pero para que eso se materialice más allá de tu propia percepción y se convierta en realidad debe de haber detrás un trabajo de campo importante. Y nosotros con el Pride tratamos de ayudar en ese sentido. Mira, yo me siento muy orgulloso cuando mis padres vienen conmigo a un Pride y se ponen junto a mí o me echan una mano. Y me emocionó que mi madre me dijese lo orgullosa que estaba de mí después de organizar el Pride de Quesada. Eso es la hostia Juanlu. Te hace sentir bien.
—¿Qué le dirías a quienes critican que en las carrozas vaya gente semidesnuda o mostrando situaciones abiertamente provocativas y sexuales?
—A ver, es difícil de juzgar esto. Personalmente pienso que no hay que llegar a esos extremos para reivindicar lo que uno quiere. Pero por otra parte también deberíamos preguntarnos por qué esa persona ha llegado a manifestar su orgullo de esa manera. Quizá le dieron alguna paliza por ponerse un tanga o por mostrarse como se sentía en su infancia o en su juventud, y ahora ve la oportunidad de hacerlo en libertad y sin miedo. Yo no puedo saber qué pasa por la cabeza de esa persona que va semidesnuda y porqué quiere reivindicar de esa manera. No soy quien para juzgar a nadie. Es fácil criticar, pero habría que calzar sus botas para conocer sus motivos. Y en cuanto al tema de las manifestaciones sexuales: la sexualidad es importante para todos, no solo para los gays, y en este sentido creo que entramos en lo que hablamos antes de lo que está bien o mal. Cada uno ve las cosas desde su perspectiva personal. Hoy la sociedad está cambiando mucho, de hecho en Torremolinos ya hay cinco bares de intercambio de parejas hetero. La moral hermética de otro tiempo se está abriendo y puede que esto que me preguntas ahora esté fuera de lugar en unos años.
La gente hoy quiere vivir de otra manera, sin aguantar las prohibiciones de otro tiempo, y eso parece ser imparable. De todas formas soy consciente de que todo esto a veces resulta complicado de asumir, sobretodo para quien no sabe o no quiere hacerlo. Pero hay que romper una lanza por la libertad de que cada uno se sienta libre de actuar como desee, siempre que no perjudique a nadie.
—¿Y por qué hay que celebrar un día del orgullo de ser gay?
—Uf. Es que nuestro Colectivo ha estado, de siempre, escondiéndose. No ya porque te señalaran con el dedo, sino porque te mataban. Han sido siglos de persecución. No hay nadie a quien hayan matado por ser hetero, pero aún hoy se sigue agrediendo y matando a gente del Colectivo. Mira el chaval al que han matado en Alicante por querer ligar con otro. ¿No te parece una barbaridad?
—Lo cierto es que sí
—Por eso el Pride nos sirve para reivindicar que también tenemos derecho a vivir sin sentirnos acosados, que somos personas como todos los demás. Y sí, puede que alguno se pase de frenada en la celebración, ¿pero no hay quien se pasa en Nochevieja? y nadie critica que se celebre el cambio de año. Pues eso. El Pride es un canto a nuestra libertad, que al final es la de todos.
—Ya veo que apuestas por la tolerancia.
—Pues precisamente esa palabra no la soporto, se es tolerante o no a la lactosa, no a las personas. Eso de tolerar me suena a que alguien por encima de ti te tolera, te permite… y no, yo estoy más por el respeto de igual a igual. Prefiero que me respeten a que me toleren.
—¿Cómo ves el futuro del Torremolinos?
—Creo que el futuro en general es bueno. Que Torremolinos está designado a ser la ciudad gay española, con todas sus variantes, a saber; lesbianas, trans, queer, bisex, … etc. Gente con un poder adquisitivo medio-alto y que acabará siendo un revulsivo económico muy bueno para la ciudad. Estoy convencido de que mucha gente de las grandes ciudades acabará aquí. Ignoro como se regulará el tema urbanístico, pero preveo que va a venir mucha gente. De hecho hoy ya se percibe la subida del ingreso medio en los bares. Y esto, si no ocurre nada que lo frene, no tiene techo, salvo el límite físico por la capacidad que tenga Torremolinos para albergar a un número de personas.
También puede ser que llegue el día en que muchos nos volvamos a nuestros pueblos porque allí también se haya alcanzado el nivel de libertad que buscábamos aquí.
—¿Crees que hay incompatibilidad entre el turismo LGTBI y el familiar?
—¿Por qué? Eso habría que preguntárselo a los hoteles, ya verás qué te dicen. Pero hay otra cosa, Juanlu, yo también me considero turismo familiar, que no por ser gay o lesbiana careces de familia. Pero voy más allá, ¿y qué pasa con la gente que no quiere niños en los hoteles porque dicen que no tienen porqué aguantar sus gritos? ¿qué hacemos con esas familias?
De todas formas en Torremolinos el Colectivo tiene sus hoteles. Aunque también se distribuye por otros. Nadie pregunta para hacer una reserva si eres gay o lesbiana.

Este ha sido Nacho Martinez Pérez, una persona comprometida hasta la médula con la proyección turística de Torremolinos y con sensibilizar a la población respecto a los problemas que sufre el colectivo LGTBI, no solo en Torremolinos, sino en cualquier parte del mundo.
Lo cierto es que hablar con él ha sido toda una experiencia. Es un hombre de palabra fácil, que empatiza con facilidad y la conversación con él se hace fluida.
Lo he traído a este rincón de Hijos de Nuestro Pueblo, porque más allá de ser una persona comprometida con Torremolinos, también lo es de sus gentes y sobretodo, de los más vulnerables. Podéis verlo en su restaurante, El Rincón de Nacho, en el pasaje Pizarro. Un negocio en que se respira la misma fluidez y sencillez que Nacho transmite en las distancias cortas.

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