Pepa Montes

Conozco a Pepa Montes desde hace muchos años, de cuando yo comenzaba a hacer fotos de prensa a finales de los ochenta. Una mujer resuelta y vigorosa, cargada de energía y que transmitía entereza y ganas de trabajar.
De aquellas encabezaba la asociación de comerciantes y empresarios, ACET, y la recuerdo defendiendo el comercio tradicional de Torremolinos frente al proyecto del centro comercial Peel, que amenazaba con acabar con él. También la recuerdo al frente de la peña Los Romeros, desde donde aprovechaba para inyectar vitalidad a unas debilitadas tradiciones por las que llegó a temer su desaparición; como era el caso de la Romería de San Miguel e incluso la procesión de la misma. También fue la hermana mayor de la Cofradía de los Dolores, por la que trabajó incansablemente durante lustros dándole un decisivo empujón que la situó a un nivel donde nunca había llegado.
Hoy la recibo en mi estudio casi cuarenta años después de haberla conocido y, a sus 78 años, me sorprende la vitalidad que todavía derrocha a raudales. No ha cambiado un ápice de aquella enérgica mujer que conocí tratando de sacar adelante la cofradía, frente a Los Romeros o presidiendo la ACET, además de su propio negocio: La Casilla, en la calle San Miguel.
Por eso me hace gracia que le haya costado tanto decidirse por el objeto que debía traer para hacerle estas fotos. Finalmente se ha presentado con un par de mantones y un abanico.

Durante nuestra charla me sorprende su memoria. Cada detalle que me cuenta lo enriquece con nombres y fechas. Es como un libro vivo de la Historia Chica de Nuestro Pueblo.
—Nací en Carretera de Cádiz, 60, hoy Carlota Alessandri, 8. Allí viví hasta los once años que me vine a calle San Miguel.
—¿Y naciste así, en tu casa, sin médico ni nada?
—No, hombre, no. Nos atendió la comadrona. La Bareca, (Ana Bañasco Martín) un mujer muy apañá, que además curaba culebrinas, volvía a poner los huesos en su sitio… y cosas así. Pero de todas formas luego vino a reconocernos el doctor Rafael García de la Serna. Y una cosa curiosa, yo nací con dos dedos de los pies unidos por una fina capa de piel, así que don Rafael le dijo a mi padre que podía cortarlo con el bisturí para despegarlos. La respuesta de mi padre fue tajante: que lo dejara como estaba, que yo no me iba a poner anillos en los dedos de los pies. Y así sigo, con los dedos pegados.
—¿En serio? De eso no tenía ni idea.
—Pues sí, luego te lo enseño.
—¿Algún recuerdo importante de tu infancia?—Se pone seria y piensa unos segundos.
—Mira, mi padre repartía el trabajo a los albañiles muy temprano, y luego volvía a desayunar a casa. Uno de esos días mi madre le dijo que esperase, que me tenía que llevar a don Rafael, pero mi padre se negó porque tenía mucha prisa, cosas del trabajo, y se marchó corriendo. Así que, más tarde, llegué con mi madre a la casa de socorro… y fíjate Juanlu— me dice casi en un susurro mientras me mira fijamente— cuando llegamos encontramos a mi padre de cuerpo presente.— Así fue. Yo tenía once años.

—Vaya, que horror.
—Pues sí. A partir de entonces mi madre se quedó con mi hermana en casa de mi abuela y yo me vine con mi tía Sole a Torremolinos, a la calle San Miguel, donde mi tío Miguel tenía una taberna. Años después, ahí mismo, mi tía Sole puso la tienda “Regalos Glomi”, que más tarde llevaron tres de sus hijos Miguel, Luly y Gloria.
—Pero tú ya vivías en Torremolinos ¿no?— le pregunto a pesar de saber lo que ha querido decir.
—Yo vivía en la carretera de Cádiz.
—Ea, en Torremolinos.
—Sí, claro. Pero antes ir al centro se decía ir a Torremolinos.—Nos reímos los dos porque ambos sabemos de qué hablamos. —Ahora se dice ir o bajar al centro, pero antes se decía “ir a Torremolinos”, solo porque estábamos en barrios que no eran el centro. Es que el centro, prácticamente, solo tenía la calle San Miguel.
—Eso es cierto.
—Mira mi padre cantaba una coplilla que más o menos decía así: Benalmádena es un pueblo, Mijas es un pedregal y el pobre Torremolinos, tiene una calle “na má».— Ahora soy yo el que se ríe. —Pues como te decía, yo ayudaba a mi tía en la compra, iba a por los niños chicos al colegio y cosas así. Luego, el sobrino de mi tío que le ayudaba, se tuvo que ir a la mili y entonces me quedé yo atendiendo la barra por las mañanas que era cuando Pepe, su sobrino, acudía a la Comandancia de Marina.
Recuerdo una mesa que venía a jugar al dominó todas las mañanas: Paco Pérez, Adolfo Manoja, Joseito (el del cine) y don José (el de la tienda Vogue), y era yo la que les servía los cuatro cafés que se jugaban en la partida.
—¿No ibas al colegio?
—Sí, claro. Con Juan García de la Serna, que puso la academia San Rafael con su prima María José, justo donde hoy está la heladería San Miguel y donde antes su padre tuvo la casa de socorro.
—Pero allí sé que iban niños ¿Acaso la academia era mixta?
—No, no. Por las mañanas iban niños y por las tardes, a cierta hora, Juan daba clases particulares que era a donde iba yo. Bueno, en realidad allí iba toda la calle— Se para un momento mientras trata de hacer memoria—Mira allí iba el Nito, Antonio Alcaide, el Tani de la Carihuela, Emilio Salud, Eduardo Alberca, Eduardo Navas, mi primo Antonio Jesús… vamos toda la calle San Miguel estaba en el colegio.
—¿Pero no fuiste a un colegio del estado?
—Claro, hombre. Fui al colegio de las monjas hasta que cumplí los 14 años.
—¿Y lo de la Casilla, como llegas a montar la tienda?

En la puerta de La Casilla -1996-

—Pues mira, a mí desde niña me gustaba esto del comercio. Cuando iba a Málaga con mi tía Carmen Montes a comprar a la Cubana, justo en frente había un kiosco que vendía chuches y dulces que me encantan, así que cuando volvía le pedía a mi madre que me pusiera un kiosco para venderlos yo. Pero no había manera, mi madre siempre decía que me iba a comer las ganancias.— sonríe con nostalgia.
—Sí, supongo que pensaba que era mejor prevenir que curar.
—Pero oye, en serio, a mí desde muy pequeña me gustó esto del comercio. Mira, siendo muy chiquitilla, cuando los extranjeros venían a casa de mi tía Carmen para alquilar o comprar alguna propiedad, iba con mis primos a coger flores al campo y hacíamos ramilletes que poníamos sobre un pañíl del revés para venderlos. Todavía conservo un dólar de plata que me dio un cliente americano.
—Vamos que lo de la tienda lo llevas en la sangre.
—Puedes jurarlo. Hasta le vendíamos las botellas vacías al trapero que pasaba por casa y con el dinero me compraba las figuritas del Belén.
—Ya veo que desde pequeña apuntabas maneras. Pero dime, ¿como llegas a la Casilla?—Insisto.
—La casa fue una herencia de mi abuela, que murió muy joven la pobre, doña Josefa Avisbal Pérez. Que por cierto, su suegra fue la dueña de la Leala, doña Ana Leal Pacheco.
El caso es que en el reparto, a mi madre le tocó La Casilla, que perteneció a una tía mía que no tuvo herederos y se fue a vivir a la Nogalera, así que la casa se quedó vacía.
—¿Y eso cuando ocurrió?
—Sería muy poco después del sesenta, porque la tienda la abrimos en el 64.
—¿Y lo de la Casilla de donde viene?
—Pues que era así como le llamábamos. Porque era pequeña y vacía y de niña, cuando estaba en la taberna de mi tía, solíamos decir que íbamos a «la casilla», bien a tender ropa, a jugar o a hacer cualquier otra cosa. Y yo decidí continuar con el mismo nombre.
—Y dices que abriste en el 64, supongo que en verano.
—Que va, en enero. Y es que le echamos valor. Pero ya sabes, a base de trabajo y trabajo.—dice entre risas.
—Supongo que debió ser duro.
—Al principio un poco. Mira, recuerdo que cuando llegaban los camiones de reparto solían aparcarlo en la puerta de la tienda y claro, la tapaban por completo. Así que después de unos años, estando de teniente alcalde Miguel Escalona, fui a decirle que debían poner los aparcamientos alternativos, como en Málaga; quince días en una acera y los otros quince en la otra. Me respondió que tenía los discos de tráfico en el sótano, pero que no tenían pintura ni dinero para comprarla. Entonces le propuse que me los enviara, que los pintaba yo misma. Y allí me vi en mi patio pintando tranquilamente los discos de tráfico de la calle San Miguel. Así que pudimos colocar las señales, pero aún así, como todos estaban acostumbrados a aparcar en el lado derecho de la calle, pues costaba que se repartieran. Por lo que yo tenía que echar mano de mi seiscientos, y, justo cuando daban las doce y diez minutos, lo dejaba en la acera de enfrente para que los coches aparcaran allí. Pero más de una vez tuve que volver a ponerlo en mi puerta porque seguían dejando los camiones en ese lado de la calle.— Lo dice mientras se golpea la pierna para reforzar la explicación.—Es que la gente no estaba acostumbrada, Juanlu. Hasta que se acostumbraron y entonces peatonalizaron la calle— me dice sin dejar de reír.
—¿Y la tienda la montaste tú sola?

Salida procesional cofradía de Los Dolores -1996-

—No, no, la montamos mi madre, mi hermana y yo. Al principio habíamos pensado montar un estanco, pero resulta que la suegra de Antonio Jiménez, que también era viuda, tenía un hijo discapacitado; y claro, le dieron más puntos a ellos y consiguieron la licencia para el estanco de calle San Miguel. Luego pensé en una papelería, porque a mi me gustaba mucho la idea, pero llegó el futbolista malagueño Manolo Gómez, y montó la papelería Góvez.—Ahora los dos arrancamos a reír. —Es que nosotras teníamos poco dinero y estuvimos mirando los costes, las gestiones que había que hacer. Ya sabes. Y entre tanto Góvez abrió la tienda. Y entonces nos decidimos por la cerámica.
—Y no os fue muy mal.
—No, la verdad es que no. Vendíamos muchas cosas de cerámica, pero yo quería vender menaje de la Cartuja y no sabía a donde había que acudir. Así que un día que fui a la ferretería de Barrionuevo y mientras esperaba a que me despacharan, vi que había un montón de platos del tipo de la Cartuja, levanté uno y me sorprendió que ponía Pickman, La Cartuja-Sevilla. Así que me volví a mi casa repitiendo “Pickman. La Cartuja-Sevilla», Pickman. La Cartuja-Sevilla…” Pa que no se me olvidara, Juanlu. Así que me vine de la ferretería sin la compra y na más llegar a la taberna lo apunté en un papel.
Así que les envié una carta que escribí con mi Olivetti, solicitándoles que me surtieran de los platos de la Cartuja.
—¿Y qué te dijeron?
—Me aconsejaron que acudiese a un almacenista, porque ellos tenían unas cifras de ventas muy altas para una tienda pequeña. Pero con el tiempo sí me sirvieron directamente ellos, porque llegué a vender muchísimas piezas. Fíjate, para que te hagas una idea, cuando fui la primera vez con mi tía Sole al mayorista que estaba en Málaga, le compramos como una docena de vasos de tubo, pues tiempo después, de la misma fábrica me llegaron a mandar miles. Y es que tenía de clientes a muchísimos establecimientos de Torremolinos, entre ellos al Pasaje Begoña. ¿Pero sabes otra cosa que vendíamos un montón?
—Ni idea.
—¡¡Botijos!!— Ahora ella misma pone cara de sorpresa— Vendíamos camiones de botijos de todos los tamaños, así de pequeños y así—me dice señalando los tamaños— Los metíamos en un local que teníamos cerca de donde está el colegio de las monjas. Y yo iba en mi seiscientos a traerlos a la tienda, pero antes de las once, porque a esa hora se cerraba la calle y se hacía peatonal.

Yo sé que fue el alma matter de La Casilla, porque la gente iba a buscarla a ella: desde clientes a representantes. Pero su inagotable energía le permitía lidiar en otros campos de batalla, precisamente por eso se lanzó a la defensa de nuestras tradiciones.
—Y como te parecía poco el curro que te daba la tienda, decidiste tocar otros palos— le digo con ironía.
—Mira Juanlu, Torremolinos en temas de fiestas estaba desangelao. No se hacía Romería, las procesiones se sacaban de cualquier manera, las Cruces de Mayo no existían y los verdiales ni por asomo. Por lo que decidimos montar una hermandad rociera y allí, en las mismas arenas del Rocio; Eduardo Alberca, mis primos Antonio Jesús y Miguel, Pepe Nieto, Juan Diego, mi Luli, Sagrario, Maripe… decidimos crearla. Así que cuando regresamos, comencé a hacer las gestiones necesarias para iniciar la hermandad. Conseguí un dossier con todo lo que necesitábamos para fundarla en Torremolinos: los compromisos que había que adquirir, a lo que te obligaba, las responsabilidades, etc. Pero resultaba que la única que trabajaba era yo, los demás eran todos estudiantes— dice en tono jovial abriendo mucho los ojos, mientras yo me parto de la risa.— Así que me de dije: “Pepa, no te metas en este fregao que te va a acabar costando el dinero el dinero de todos”. Entonces desistimos, y pensamos en hacer una peña que mantuviera las tradiciones andaluzas dentro del pueblo de Torremolinos, y así es como se define la peña de los Romeros.
—Y todo esto de defender las tradiciones andaluzas ¿a quién se le ocurrió?

Entrega de placas durante la Feria de San Miguel, como pta. de Los Romeros. -1995-

—A mí. Y nuestra primera sede fue un local sobre el pasaje Virgen del Carmen, justo encima del estudio de fotos de Paco Bóveda. Luego nos trasladamos a los pasajes Andalucía, y ahí tuvimos un local más grande. Y precisamente fue ahí donde se hizo la primera Cruz de Mayo de Torremolinos. Incluso María Luisa, de la Coracha, venía de málaga con varios jurados a valorarla. Hasta llegamos a llevarnos algún premio. Fuimos los únicos haciendo la Cruz durante ocho años, hasta que en el noveno, ya existía el recinto ferial y otras peñas se decidieron a participar. Nos alegró ver que la semilla agarró. Y mira como funciona hoy lo de las cruces.
—¿Alguna anécdota con las cruces?—Se para unos segundos y sonríe antes de responder.
—Un año la Coracha nos invitó de jurado a los Romeros, se lo dije a Isabelichi Manoja, y se apuntó. Así que estuvimos visitando las cruces por los barrios en Málaga. Cruces por cierto muy bonitas. Las dos, como jurado que éramos, nos fijábamos en cada detalle y tomábamos notas. Entonces va Isabelichi y me dice: mira vamos a ver menos detalles, que los del jurado llegan y se pegan a las mesas a comer mientras nosotras no probamos bocado. Leche, que estos se están hinchando y nosotros todavía no hemos probao bocao.— Me dice sin parar de reír.
—¿Pero había comida?
—¡Claro, y bebida! En cada cruz que llegábamos había una mesa de picoteo para el jurado.
—Menudo festival
—Ya te digo. Y nosotras sin coscarnos.
—Háblame de aquella carreta con forma de casa y tejado a dos aguas, que de niño me llamaba mucho la atención.
—Estaba hecha de flores de papel y el primer año la saqué desde el Cortijillo (aún no existía la peña Los Romeros). Recuerdo que Rodrigo estaba muy implicado en la organización de la Romería. Pero aún así la fiesta decayó hasta dejar de salir. Fue entonces cuando se creó la peña y durante dos años la organizamos nosotros. Fuimos a hablar con Miguel Escalona, que era el teniente de alcalde y nos dijo que no se podía hacer porque no había bueyes. Entonces Miguel de Misol, Gilberto Peña (el de la tienda de deportes), Ito, Eduardo Alberca, Manolo Simón…y quizá alguno más que no recuerdo, se iban en sus coches a buscar carretas y bueyes por los pueblos de alrededor. Entonces Rodrigo nos dejaba a Los Romeros hacerla en la nave de los Servicios Operativos para que no quedase en la calle.
—Sí, recuerdo que Rodrigo, me contó algo parecido.
—Incluso un año, antes de que participase Los Caireles llevando al patrón, arreglamos nosotros la carreta de San Miguel.
Y una curiosidad, muchas veces había que hablar con las mujeres de los boyeros porque eran reacias a que ellos viniesen con los bueyes.
—¿Y eso?
—Porque no veían con buenos ojos que sus maridos se vinieran a Torremolinos. Esa era la fama que teníamos.— Ahora nos reímos los dos.

Rueda de prensa, como presidenta de la ACET, sobre la problemática del centro comercial Peel. -1993-

—Es que algunos pensaban que esto era Sodoma y Gomorra.
—Ya te digo.
—Y como llevar los asuntos de la tienda y de la peña te seguía parecíendo poco, te metiste en la Cofradía.
—Es que no había ni portadores, Juanlu. Fíjate que Jesús Avisbal se traía a los chavales del motocross para ayudar a sacarlo y mi primo Antonio Jesús, que en paz descanse, a todos los discjockey que podía los convencía para que lo sacaran. Lo malo era que cada uno venía vestido como Dios le daba a entender, y había que buscar una uniformidad mínimamente correcta. Les tuve que pedir que se trajeran chaqueta oscura, corbata y unos pantalones negros o al menos vaqueros para disimular.
—¿Y cuántos años estuviste en la Cofradía de los Dolores?
—Dieciséis como hermana mayor, dos o tres años de teniente hermano mayor, antes estuve de protocolo y al principio ayudando para meter alambres en los claveles. En fin, más de veinte años.

—¿Tú creaste la primera junta de gobierno?
—No, no. La cofradía empezó a tomar forma con Tomás Chacopino de hermano mayor y Jesús Avisbal de teniente hermano mayor. Luego, cuando se fue Tomás, Jesús no pudo sustituirlo porque estaba de concejal en Málaga y los estatutos decían que no podían entrar políticos en la junta de gobierno, entonces Doña Elena Alarcón pasó a ser hermana mayor, aunque estuvo poco tiempo, hasta que convencimos a Juan García de la Serna para que se presentase a hermano mayor. Yo fui protocolo con Tomás Chacopino y teniente hermana mayor con Juan García de la Serna, pero al hombre le dio el ictus y entonces pasé a ser hermana mayor.
Así que Juan Chacopino estuvo dos legislaturas de hermano mayor, Doña Elena apenas unos meses, y unos dos años Juan de la Serna. Luego entré yo y estuve cuatro legislaturas más.
—Y no fue mal, ¿no?
—Tengo el honor de haber llevado a la Cofradía a ser un ejemplo a seguir.—dice con orgullo.
—Y como todo esto todavía te parecía poco te metes a presidir la ACET
—Claro, es que Torremolinos estaba abandonado, Juanlu. Mira, de los farolillos de la feria y las luces de la calle San Miguel nos encargábamos los vecinos. Vamos, los farolillos los pedía yo personalmente, y los pagábamos pidiendo dinero tienda por tienda en calle San Miguel. Allí íbamos los hermanos Sancho, José Luis Jiménez (el carnicero), mi prima Gloria (de regalos Glomi), Hans, el encargado del bar el Toro y yo. Pedíamos dinero para los farolillos y los montábamos nosotros. También pagábamos las luces. Fíjate que el día de la Independencia de Torremolinos, me pilló metiendo farolillos en las cuerdas, en Poggio´s, ¿te acuerdas de Poggio´s?
—Claro que me acuerdo.
—Pues allí me pilló cuando la radio dijo que la Junta de Andalucía nos concedía la autonomía. Y allí mismo nos pusimos todos a dar saltos de alegría como locos. Fue una pasada.
—Oye, dime una cosa: ¿Qué sitios solías frecuentar en tu juventud?
—El Barbarela,—me responde sin dudar— que fue una discoteca maravillosa, y en los jardines de San Enrique, antes de que construyeran el complejo comercial, montaron una discoteca de verano que me gustaba mucho. Aunque yo era más de guateques.
—¿Y no fuiste nunca al Tiffany´s?
—Uy, claro.—Ahora se echa a reír ella sola— Mira Juanlu, no te lo vas a creer, pero una Noche Vieja en Tiffany´s, justo después de las uvas y junto con el confeti, en el centro de la pista de baile ¡tiraron gallinas!—me dice abriendo mucho los ojos como si ni ella se creyese lo que acaba de contarme.
—¡No jodas!
—¡Como te lo digo! ¡Desde el centro de la pista de baile tiraron gallinas! Y a mí no se me ocurrió otra cosa que coger una y ponerme a bailar con ella. Pero la puñetera gallina se me cagó encima y no veas como me puso el vestido de fin de año.— Le miro la cara y no puedo dejar de reír.— Pero oye, que es verdad, como te lo estoy diciendo. Un vestido turquesa monísimo, con una pedrería por aquí— me dice señalándose el pecho— pues todo lo cagó la gallina, y ya no se me quitó. Solo pude aprovechar la pedrería.
—¿Algún otro recuerdo de tu infancia o del colegio antes de acabar?
—Me encantaba el mes de mayo, porque yo siempre decía versos delante de la Virgen.—Frunzo el ceño y ella me mira— Que sí, no me pongas esa cara. Que yo iba con mi coronita de flores de chilindro y carita de niña buena.
—Hubiese pagado por verte.
—Además iba vestida de angelito—ahora vuelvo a reír por lo convencida que me lo cuenta— ¡Que sí Juanlu!, yo era el angelito de las primeras comuniones. De verdad. Llevaba un vestido raso celeste, mi pelito aquí— dice mientras se señala la cabeza— y la coronita de flores blancas de chilindro. Con el vestido rosa iba mi compañera Loli Avisbal, una hermana de Domingo Avisbal. Y éramos los dos angelitos en todas las comuniones hasta que la comunión la hicimos nosotras.
—¿No eras muy trasto?
—No, no, que va, aunque—ahora se para a pensar un instante— cuando jugaba con mis primos a los indios, yo tenía que ser la jefa india— dice sin dejar de reír.
—Eres como un rabo de lagartija
—Totalmente

Esta ha sido Pepa Montes Jiménez, otra Hija de Nuestro Pueblo, que si algún día se decide a escribir sus memorias y anécdotas, a más de uno se le podría desencajar la mandíbula. Ella misma dice que vale más por lo que calla que por lo que habla.
Me cuentan que, desde su pequeña tienda en calle San Miguel, le ha vendido lotería a toda hermandad y cofradía que se lo pidió. Y que ha sido una referencia para todas ellas.
Esta mujer fue capaz de llevar la gerencia de su negocio “La Casilla”, hasta conseguir convertirla en un lugar emblemático del pueblo, y de la que cuenta con orgullo que llegó a tener tres generaciones de clientes; de presidir desde hace 47 años la peña Los Romeros, desde donde luchó por mantener nuestras debilitadas tradiciones hasta conseguir fortalecerlas y hacerlas relucir. También encabezó, como hermana mayor, la Cofradía de la Virgen De Los Dolores, dando forma a una auténtica cofradía, y, por supuesto, encabezó la lucha por los intereses de los comerciantes Torremolinenses presidiendo la ACET (Asociación de Comerciantes y Empresarios de Torremolinos). Y todo lo consiguió sacar adelante simultáneamente, con su espíritu luchador e incansable. Por eso la traigo a mi rincón como una mujer indispensable en la Historia Chica de Nuestro Pueblo.

11 respuestas

  1. Avatar de Remedios Fernández Campoy
    Remedios Fernández Campoy

    Muy buena entrevista Juanlu!!
    Pepa,eres genial!!
    He revivido todo lo que cuentas porque también ha sido parte de mi vida.

  2. Avatar de Elena Ohrenstein
    Elena Ohrenstein

    Pepa eres un encanto! Soy una más de tus amigas que nos ha encantado siempre escuchar tus historias de Torremolinos. Aunque no las hayamos vivido personalmente, las hemos vivido a través de tu memoria. Gracias. Y gracias también Juanlu por la entrevista

    1. Gracias a tí por dedicar tiempo a leerla.

  3. Avatar de Remedios Lopez
    Remedios Lopez

    Preciosa entrevista!!
    Tengo grandes recuerdos de aquella epoca, principio de Los Romeros.
    Cre que Pepi Montes, merece una calle en nuestro pueblo!

    1. No me extrañaria que acabase consiguiendo su calle.

  4. Avatar de Loli Avisbal
    Loli Avisbal

    Excelente entrevista!!! Y maravillosa mi compi-angelito querida❤️😍😘😘😘😘

    1. Gracias. Fue una charla despreocupada.

  5. Avatar de Remedios Fernández Campoy
    Remedios Fernández Campoy

    Muy buena entrevista Juanlu!!.
    Pepa eres genial,!!
    He revivido todo lo que cuentas porque también ha sido parte de mi vida.
    Te recuerdo de angelito vestida de azul y a Loli Avisbal de rosa, con vuestras coronitas. Cuantos años!!!.
    El Ayuntamiento tiene que hacerte un homenaje con calle incluida.

    1. Gracias, tú en tu línea, tan amable como siempre.

  6. Avatar de Juan Machio Ortiz
    Juan Machio Ortiz

    «Qué gran entrevista. Se nota la dedicación y el cuidado en cada detalle. Felicidades por este trabajo» Juanlu

    1. Gracias, hago lo que puedo.

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