Hoy traigo a este rincón de entrevistas a Jose Miguel Gonzalez Rey, Josemi.
Para las fotos que acompañan a esta entrevista le pedí que trajese algunos objetos de su vida profesional, algo que fuese importante para él. Quizá un balón de un partido decisivo, o una camiseta del Liverpool, equipo con el que, por cierto, ganó una Champion… yo le expliqué de qué iba el lío este de las fotos. Le dije que serían despreocupadas, más bien informales, pero al mismo tiempo con motivos identificativos, algo con lo que se sintiese a gusto. Y me sorprendió. Os prometo que me sorprendió. Se presentó con unas viejas botas de futbol que llevan el nombre grabado de su hija una, aún más vieja, camiseta del equipo La Fuente (del Calvario), que dice guardar como oro en paño y por último unas tijeras de peluquería.
—El equipo La Fuente representa mis comienzos, y guardo inmejorables recuerdos de aquella época. Lo formábamos un grupo de amigos del Calvario y lo llevaba Santi Díaz, el del bar La Fuente. Eramos un equipo de futbol sala, en el que participaban todos los hermanos Díaz. Creo que yo era el más pequeño, tendría unos 16 años. Jugábamos en el San Francisco de Assis, en la liga municipal y nos pitaba el Molo. ¡Qué tiempos!— dice mientras me lanza una mirada cargada de sincera nostalgia.
—¿Y esas botas?
—Son del 2004, de cuando fiché por el Liverpool, las primeras que usé patrocinadas por Kelme. Me las hicieron especialmente y además, llevan grabado el nombre de mi hija, que entonces estaba recién nacida. Para mí representan una etapa importante de mi vida.
—Pues hablame de las tijeras que me tienen fuera de juego
—Yo es que soy peluquero— añade, sin dejar de sonreír, al ver mi cara de sorpresa
—No jodas

—Como te lo digo, ese fue mi primer trabajo.— continua con una sencillez apabullante y sin dejar de sonreír.
—Bueno, a ver como encaro esta entrevista, porque yo no entiendo de futbol y no he seguido tu trayectoria profesional.
—Es fácil. Empecé con seis o siete años, con mi hermano Antonio y Javi, que entrenaban con Antonio Zambrana, el Bujía, Paco Remigio… Pero fue Paco Lara quien desde los alevínes me estuvo guiando cada año, y él me enseñó todo lo que necesitaba para avanzar en este mundo del futbol. Digamos que me puso en el camino.
—Parece que guardas buenos recuerdos de él
—Por supuesto. No solo se limitó a enseñarme temas relacionados con la técnica, sino también con la educación, el respeto y el trabajo en equipo. Cosas muy importantes en este mundillo. Actualmente guardo una buena amistad con él y le tengo mucho cariño.
—¿Y luego?
—Pues fui ascendiendo hasta llegar a los Juveniles, allí fue Jimenez Rueda, entrenador de tercera del Málaga, quien me dio la oportunidad de jugar con ellos. Y lo hice junto a Abolafio, Oscar Lanceta, Manolo, Berrocal… entré un poco en el mundo semiprofesional con gente de la casa y que ya venían de vuelta, y aproveché la oportunidad de aprender de ellos para ir ascendiendo a otras categorías.
—Y como fue que empezaste con el Málaga?
—Fernando Rosa esa temporada venía a radiar los partidos con la televisión local, y fue haciendo una lista de jugadores de toda la provincia. Al año siguiente cogió al Málaga B, y firmó con todos los que habíamos destacado de distintos pueblos. Luego Joaquín Peiró me llamó para entrenar con el primer equipo y los fines de semana jugaba con el filial.
—¿Qué diferencias destacarías entre la Primera División y las demás?
—Pues la táctica, el posicionamiento. Hay mucho más trabajo de fondo. Se analiza mucho más el juego y, por supuesto, hay muchos más medios disponibles. Además, como jugador recibes más información por parte del analista sobre los equipos rivales. Es prácticamente otro mundo, en el que la estrategia juega un papel primordial.

—Yo siempre oí que en el hombre a hombre hay más dureza y picardía ¿Es cierto?
—Antes sí había más picardía, hoy la cosa es más complicada. En la actualidad con los medios televisivos, el VAR, la pericia de los propios árbitros, etc. se ha perdido esa picardía de jugar a intimidar al rival. El juego era más duro, más brusco porque también se era más permisivo. Pero hoy todo eso ha cambiado. Cualquier agresión o irregularidad en el juego se ve en la tele y se repite. Y luego está el VAR, en fin, que hay menos margen para salir impune que hace veinte años. Los jugadores están más controlados, hacer aquellas perrerías de antes…—sonríe mientras niega con la cabeza— ...aquellas encerronas que se preparaban en algunos campos y te obligaban a jugar con cierta maldad para evitar que te dañasen, aquello se ha acabado y creo que eso ha mejorado este deporte
—¿Cuánto tiempo jugaste con el Málaga?
—Llegué al filial en el 98, debuté en el 2000/2001 y lo dejé en la temporada del 2004. Estuve con Joaquín Peiró, menos el último año que lo hice con Juande Ramos. Aquél último año fue quizá mi mejor temporada con ellos en primera división, y entonces se me presentó la oportunidad de firmar con el Liverpool de Rafa Benitez.
—¿Y en el Liverpool qué tal?
—Aquello ya era otra dimensión. El Liverpool arrastra una historia a nivel europeo que no tiene el Málaga, además yo fui el primer jugador español en fichar por este equipo en su historia, igual que Rafa Benitez, lo que me comprometía con un cierto peso extra de responsabilidad.—A ver, cuéntame cómo fue la experiencia de irte de pronto a un país extranjero
—Pues lo cierto es que me fui un poco a la aventura. Sin conocer a nadie, sin hablar el idioma… y fíjate que tuve ofertas de fichar por el Atletico de Madrid, el Valencia o el Sevilla. Pero me llamó Rafa que había firmado con ellos y las condiciones eran mucho mejores. Pero a pesar de ello no creas, me costó decidirme.
—¿Por qué?
—Es que yo estaba muy a gusto aquí y para mí todo aquello era un cambio muy drástico. Pero fue una muy buena oportunidad económica para el Málaga y para mí, además, también en lo profesional. Y no creas, que me costó, sobre todo al principio, pero el tiempo me reveló que fue una decisión correcta, porque la experiencia vivida fue impagable. Además, el hecho de haber ganado una Champion cuando estaba empezado mi carrera profesional, fue como un trofeo a mi esfuerzo y a mi sacrificio.
—Pero el talento se tiene o no se tiene, con sacrificio o sin él
—Es que yo no he sido un jugador de talento— reconoce —era un buen defensa, con menos talento futbolístico que otros del pueblo que no lo consiguieron. Yo creo que llegué por mi trabajo constante. Mira, recuerdo a mis antiguos compañeros de aquí cuando volvían de fiesta mientras yo seguía entrenando. Incluso a veces pensaban que era el “raro”. Manolo Diaz, no hace mucho, me contaba, entre risas, que cuando me veía corriendo se decía a sí mismo, “este se cree que va llegar a algo”.
—Quizá usaste tanto la cabeza como las piernas.
—No te lo voy a negar, hoy para llegar a ciertos niveles tienes que usar la cabeza y las piernas simultáneamente.
—¿Y en lo personal, cómo te fue en Liverpool?

—Lo cierto es que me costaba mucho adaptarme allí. El clima, la comida, el idioma… no terminaba de cuajar. Mira, me llamó la atención unas habichuelillas chicas que llaman beans, que veía que se las comían para desayunar, y me decía ¿esto que coño es? Es que yo venía de desayunar tostadas con aceite de oliva, que allí no había o era difícil de encontrar. Todo era a base de girasol o mantequilla. Y no entendía que se metieran esos tazones de habichuelillas antes de ponerse a correr. Me resultaba chocante. Pero claro, es cosa de sus costumbres, supongo que a ellos les extrañará también desayunar café con churros a las nueve de la mañana. Pero vamos, que para mi eso de desayunar judías y cocinar todo con mantequilla me parecía rarísimo. Además provocaba que todos los sabores resultaran diferentes a lo que estaba acostumbrado. Es que yo no había salido de Málaga.— admite con resignación.—
También aprendí mucho con el grupo de españoles, porque cada uno era de un punto del país, que si un catalán, un extremeño, valenciano, madrileño… vi muchas cosas nuevas.—¿Y la relación con los compañeros?
—Eso no fue mal, además al poco llegaron Antonio Nuñez, Luis García y Xavi Alonso, luego también llegó Moriente. Incluso el cuerpo técnico también era español, así que estábamos por un lado cuatro jugadores y por el otro cinco del equipo técnico que junto a nuestras parejas e hijos formamos todos una familia. Íbamos a casa de uno y de otro, eso ayudó a adaptarnos mejor. Pero el día a día era duro. Es que allí a las tres de la tarde ya era de noche, luego el segundo año se me complicó un poco la cosa por el tema de la lesión.— Entonces se detiene un momento antes de continuar —La verdad es que no terminaba de estar a gusto.
—A ver, según tengo entendido, llegaste la Liverpool, ganaste la Champion, que llevaban sin ganarla veinte años, y te fuiste.
—A eso también me ayudó una lesión. Aquél año me llegaron ofertas del Villarreal y del Sevilla. Yo acababa de tener a mi hija Marta y vi una oportunidad. Es que el Villarreal en aquella época también estaba jugando la Champion. Su oferta me pareció irrechazable, y no solo por el dinero, es que era un contrato por cinco temporadas y me daba la oportunidad de volver a España y tener la calidad de vida que yo quería en Málaga porque, al fin y al cabo, Valencia no es muy diferente. El entrenador no quería, pero al final lo convencimos. Es que yo estaba deseoso de volver a España
—Hablame de tu época de peluquero
—Yo estaba en el Palma de Mallorca—Dice refiriéndose al colegio— y en casa me dijeron que o estudiaba o trabajaba, vamos, lo normal. Yo preferí trabajar, y como mi madre era peluquera me pagó un curso de peluquería. A mi aquello me gustó y me saqué el título. Practicaba con mis amigos del futbol de aquí de la Fuente, en el Calvario. Llegábamos de noche del futbol y les cortaba el pelo por quinientas pesetas.— No deja de sonreír— Al final acabé pelando a amigos, primos, tíos… de hecho a veces le corto el pelo a mi hija. Mira, en Liverpool, le cortaba el pelo al Luis, al Xavi… y a compañeros del Málaga también.— Tengo que reconocer que Josemi no deja de sorprenderme.
—¿Además del Villarreal también jugaste en otros equipos de Primera, no?
—Sí, después de los tres años en el Villarreal de Peregrini me fui al Mallorca, con Gregorio Manzano y luego estuve tres años en Grecia, donde jugué con tres equipos. Y ya con 35 años, que pensaba que no jugaría más, me fui a la India con un equipo franquicia del Atletico de Madrid. Porque India quería hacer una liga como la europea, como en su día hicieron en Estados Unidos. Lo cierto es que había jugadores muy conocidos a nivel mundial, el objetivo era fomentar el futbol en aquél país y allí marcharon equipos de reconocido prestigio de toda Europa. Estuve dos temporadas, la primera la ganamos nosotros, el equipo español. Luego en la segunda temporada me lesioné y decidí dejarlo ya, es que tenía la rodilla fatal.
—Cuéntame algo de la India. ¿Cuál fue tu impresión?
—En la India me chocó el contraste, y es que nuestro hotel no era de cinco, era de diez estrellas,— dice exagerando —teníamos de todo, era una pasada. Cada jugador vivía en una suit, con salón… aquello era un nivel de ensueño. Pero claro, bajabas a la calle y solo había miseria, y ese contraste era perturbador. Podías ver una carnicería montada en plena calle, con tres tablas y unas jaulas, porque los animales los tenían vivos y te los mataban allí mismo cuando los comprabas. Por el asfalto corría el reguero de sangre de los pollos, las plumas… te daban la carne en un trozo de periódico, con moscas revoloteando, sin medida higiénica alguna. Y a cien metros estábamos nosotros en otro mundo. Salíamos del hotel a visitar la ciudad con seguridad y taxi privados. Todo impresionaba, el caos circulatorio, los fuertes olores, los ruidos de cláxones, un rugido contante, no sé, es que ese contraste es difícilmente explicable a quien no lo haya vivido.
—¿Viste algo que te llamase especialmente la atención?
—Casi todo. Pero me impactó muchísimo una imagen justo al llegar, que cuando la vi pensé, “dónde me he metido”. Resulta que nos llevaban a la Federación a firmar la ficha, éramos cuatro españoles, y comenzó a llover. Pero aquello era un auténtico diluvio. Las calles eran como ríos. La gente iba sin camisa, casi desnudos bajo el agua. Y me sobrecogió la escena de un abuelo, que estaba sentado justo donde confluían las aguas de las calles, y allí estaba él, sentado en mitad del agua, y con una palangana se duchaba. Eso me impactó. Nunca había visto nada igual. Ese hombre mayor, con barba, sentado en una especie de alcantarilla. Luego, con el tiempo, vi que también los niños se bañaban en los charcos de la calle.— encoge los hombros y abre los ojos mostrando su sorpresa.
—¿Y a vosotros os veían como estrellas?
—Al principio no tanto, pero luego, cuando empezó la competición, la cosa fue cambiando. El estadio albergaba casi 90.000 personas. Aquello fue un boom en el país. Además, allí siguen mucho la Premier inglesa y a todos los que habíamos jugado en ella nos conocían.
—¿Echabas de menos Torremolinos cuando estabas fuera?
—Muchisimo, lo que más, estar en el Calvario. Es que me crié en la calle Santa Rosa con mi abuelo, y mi madre tenía su peluquería ahí, mi tía Paca su frutería. Además estaban mis amigos. Eso es lo que más echaba de menos. Y ahora que vivo en el pueblo, sí me gusta pasar por allí, visitar a mi tía Rosi o Silvia. Me gusta el ambiente del Calvario, porque lo siento muy mío.

Este ha sido Josemi, una persona del pueblo, sencilla y de fácil conversación. Ha ganado una Champion con el Liverpool, con el Málaga la Inter Toto, que por cierto, de momento, es el primer trofeo europeo del equipo. Con el Villarreal quedaron subcampeones de liga y en la India ganó con su equipo el primer campeonato de liga. Actualmente sigue en contacto con viejos compañeros del Málaga como Dario Silva, Musampa, Dely Valdés… y otros, con quienes participa en un grupo de Whatsapp y siguen riéndose como chavales por las fotos y comentarios jocosos que comparten.
—Es que llegué al equipo con 18 años, y puede decirse que en muchos aspectos me educaron ellos.
A pesar de pasar más de 20 años fuera, nunca olvidó su pueblo e invitaba a compañeros como Xavi o Moriente a visitarnos y enseñarles el pueblo, del que dice estar orgulloso. También confiesa que a veces se siente incómodo ante la atención que despierta en la gente, sobre todo cuando lo ven paseando con viejos compañeros de la élite futbolística. —No somos especiales, solo hemos tenido un poco de suerte en nuestras carreras. Pero somos personas como todos los demás— manifiesta con cierto pesar —pero con eso de salir en la tele hay quien confunde a la persona con el personaje, con el futbolista, ya sabes. Y no lo somos siempre.
—He visto en los actos en los que he coincidido contigo, sobre todo en la inauguración del campo de futbol con tu nombre, que la gente en el pueblo te quiere.
—Sí, eso me parece maravilloso. Es que son mi gente, me siento a gusto con ellos.
—Creo que se sienten orgullosos de tenerte como vecino.
—Y yo de tenerlos a ellos.
—Y qué te ha parecido eso de que le pongan tu nombre a un campo de futbol en Torremolinos?— Noto que se emociona antes de responder. De hecho diría que se ha quedado un poco sin palabras.
—Eso ha sido lo más…— dice mientras busca más palabras para continuar.— …para mi fue muy bonito que hayan reconocido mi trayectoria profesional en mi pueblo. Me enorgullece mucho, sobre todo por mis padres, y por mi abuela Salvadora, que ha podido verlo.— Ahora se vuelve a emocionar —Es que mi hija va a jugar allí y ve el nombre de su padre. No me imagino nada, en lo personal, que pueda enorgullecerme más.
—¿Tienes una hija que juega al futbol?
—Sí, Carolina. Tiene doce años y juega a futbol sala en el Torcal femenino.— vuelven a brillarle los ojos y yo decido dejar aquí la entrevista que, hasta el momento, ha sido la más larga que he hecho.

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