Cuando abrí la puerta de mi estudio para recibirlo, me mostró su familiar y bonachona sonrisa. Portaba en su mano izquierda una pequeña ave de presa, una cernícala a la que llama Boria y que nos acompañó durante toda la entrevista, mientras con la derecha se apoyaba en una muleta. Aunque hacía tiempo que no nos veíamos, nos saludamos como si hubiésemos estado juntos el día anterior.
Se llama Miguel Reyes Ruiz, aunque en el pueblo sus amigos lo conocemos como Miguelón. Su familia, cómo el mismo asegura, hunde raíces en lo más profundo de la historia del pueblo.
—Mis apellidos en Torremolinos se remontan al siglo XVIII— asegura sin fingido orgullo.
Desde que lo conozco, y os puedo asegurar que hace mucho, siempre ha sentido una especial atracción por las aves de presa, la misma que actualmente lo posee con la misma fuerza que el primer día.
—Estás soltero y sin hijos ¿cierto?
—Correcto. Pero no descarto que haya alguno por Europa con estas orejas— me responde simulando una débil sonrisa irónica y señalándose los pabellones auditivos.
—¿Desde cuando te viene la pasión por la cetrería?
—Pues exactamente no sé, pero desde los trece o catorce años. De la época de Felix Rodriguez de la Fuente. Entonces el Icona daba permisos para hacerse con pollitos de algunas rapaces, así que mis primera aves fueron del “aire”, como llamamos en este mundo a la aves cogidas desde pollitos.
—¿Y no heredaste la afición de ningún miembro de la familia?
—Que va, es innata. Desde el día que tomé contacto con ellas— dice refiriéndose a las aves —nació mi pasión, que luego se convirtió en profesión.
—Háblame de eso
—Pues en 1992 yo trabajaba en el aeropuerto como coordinador de vuelo, y un día un compañero vino a buscarme para avisarme de que había visto a un hombre que tenía “pinchaos” en unos postes un montón de “pájaros de esos… esas águilas que te gustan”. Sin pensarlo, en cuanto acabé mi turno me fui en su busca. Así conocí a Fco. José Llopis Rosado, “Kiko”. Hicimos amistad y todos los días, al acabar mi trabajo, me iba con él a la halconera a volar halcones, azores… un día necesitó un ayudante y me propuso colaborar con él en el servicio de control de fauna del aeropuerto. Y no me lo pensé.
—Sé que también estuviste en Canarias volando rapaces.
—Sí, bueno eso fue posterior. Resulta que Suso Ayala me vio un día volando halcones con Nicolau Jurgen, en el castillo de Colomares y me propuso ir a Tenerife. Y allí estuve tres años en el segundo mayor espectáculo de aves rapaces en libertad del mundo: Las Águilas del Teide— puntualiza —No te lo vas a creer, Juanlu, pero llegamos a volar hasta treinta aves simultáneamente.—No puede disimular su entusiasmo cuando habla de cetrería.
—Entonces, profesionalmente, ¿cuánto tiempo has pasado como cetrero?
—Pues unos doce años trabajando, pero he dedicado toda mi vida a esta afición.— Hace un alto y medita antes de continuar — Mira, en mayo cumplo 60 años, aunque no lo parezca— y me me lanza una sonrisa de pícara complicidad —Así que haz cuentas, desde los trece o catorce hasta ahora.
—¿Y cómo un cetrero se mete en la aventura rapera con los Danza? Eso siempre me ha intrigado. Porque nunca supe que tenías dotes musicales.
—Y no las tengo. En ese sentido he sido un “parasito musical”.— dice, mientras se rasca sonriendo la coronilla, antes de continuar— mira, por ahí por donde está ahora el Maskón, había unas casillas y solíamos reunirnos el Manolo Rubio, mi primo Cris, el Juanillo Tejada… y un montón de colegas. Pues resulta que en una nochevieja de finales de los ochenta, a eso de las tres de la madrugada, y con una castaña del del quince, no sé yo a cuento de qué, me puse a improvisar el rap del puchero. Decía algo así:
Cojo garbanzos y judías remojás
con una mijilla de tocino y lo pongo a tostar
esa cabecita de ajo que va ahí
y al puchero, puchero…
Allí estaban también el Gurú Jesús, que ahora tiene el restaurante Asako, te lo recomiendo Juanlu, hace una fusión de comida japonesa y andaluza que es la leche. Es un tío genial. También estaba Willy Moreno y… bueno, a lo tonto empezamos a rapear de buen rollo ¿sabes? La gente se despelotaba de la risa. Y ahí quedó todo. Pero se ve que los de Danza, que estaban allí, debieron de verlo interesante, y más adelante nos llamaron por si queríamos ir a Madrid a grabar “Naturaleza Muerta” con ellos. Nos preguntaron si queríamos leer un texto que habían preparado, y pa´llá que nos fuimos. Aquél tema estuvo varios meses en los top ten de los Cuarenta Principales.

—Pero tú estabas entonces trabajando ¿no?
—Sí, claro. En el Refectorio de Gypsi, con Jorge Salas. Llevaba el negocio con él. Estuve un año, luego Jorge se fue a Suiza porque la mujer se quedó preñada— se interrumpe y me lanza una mirada de falso descargo —pero yo no fui, eh— me coge por sorpresa y arranco a reír. Me mira con cara de ¿qué he dicho?, lo que no ayuda a que me centre en la entrevista.
—Venga sigue.
—Pues nos fuimos en el coche de Jesús a Madrid. Menuda jartá de reír. Cuando llegamos descubrí que ellos iban preparados, con sus gorrillas de rapero y todo, pero yo no llevaba nada. Así que el Willy sacó un sombrero que tenía en el coche para la mujer. De esos de palma, me lo probé y como me encajaba, me lo puse y con él nos hicimos la foto. Que, por cierto, guardo en casa como oro en paño. Y como te he dicho, el tema pegó un pelotazo, así que los Danza nos dijeron que los acompañásemos a las actuaciones más cercanas a Torremolinos. Y empezamos a ensayar juntos, aunque solo salíamos con esa canción. Luego acabamos recorriendo Andalucía.
¡¡Los Raperos del Sur, allá van!! gritaba Javier ; íbamos a salir.— recuerda con nostalgia.
—¿Y después de eso?
—Pues que me salió un buen curro en la Britis Airway como coordinador de vuelo que no pude rechazar, y lo dejé. Ya te digo que yo no soy músico, soy un parásito musical. No se tocar un solo instrumento más allá de de la botella de anís o al almirez.— me confiesa con resignación. —Pero Jesús y Willy sí tenían inquietudes musicales y continuaron un tiempo. Incluso llegaron a grabar un maxi single antes de disolverse. Yo es que me acoplé con ellos de parásito. Ya te digo.
—Pero tú seguiste en solitario con Danza.
—Bueno, pero eso fue muy posterior. Ya Los Raperos habían quedado atrás.
—Pues cuéntame, que hay que sacarte las cosas con cucharilla.
—Qué maricón. Resulta que unos años después de entrar en la Britis Airway, hicieron una reducción de plantilla, de la que no se salvó ni el tato. Poco después me salió lo de Tenerife que ya te conté, allí estuve unos tres años. Aún estaba allí cuando me llamó Javier Ojeda y me propuso grabar con ellos un tema en Inglaterra. Y me fui. No veas como nos lo pasamos. Recuerdo que mi primo Cris, después de llegar mamao al hotel me pedía que le buscase leche con galletas— se ríe sin disimular cierta nostalgia— Muy inglés el cabrón— continua sin dejar de reír.
—¿Y qué tal la experiencia en Inglaterra?
—Joder, Juanlu, el estudio de grabación estaba en una casa victoriana. Por allí pasó Peter Gabriel, y Lisa Sansfield, que colaboró con Danza haciendo algunas voces. Entonces no era muy conocida, pero cuando la oyó Javier dijo que llegaría lejos. Y no se equivocó.
En fin, que la experiencia de grabar conmigo salió de puta madre— se para un momento y recapacita —bueno, yo con ellos— puntualiza mostrando su irónica inmutabilidad. Y a mi me vuelve a dar la risa.
—Que cabrón
—¿Tas dao cuenta no?— y continúa —“Es contraproducente que ensayes antes de grabar, mejor hazlo así, del tirón”. Me decía Javier. Y allá que iba yo.
—¿Y qué álbum grabasteis allí?
—“Por ahora”
—¿Y después de eso?
—Pues hicimos una gira por toda España, creo que 53 conciertos. Fue la hostia. Desde Santiago a Tenerife. Mira Juanlu, cuando yo vi lo que me pagaban por un tema en el que participaba, me pareció la leche. No sé si cuarenta o cuarenta y cinco mil pesetas de la época. Además de los gastos. Para mi era una pasada. Pudieron ser cuatro o cinco meses, vamos una temporada de verano. Pues no te lo vas a creer, pero cuando acabó la gira acabé debiéndoles dos conciertos,— ahora me mira con cara de haberse sorprendido a sí mismo.
—¡No jodas!
—Ya te digo. Pero es que no veas los pasotes. Claro que yo no dejaba de pedir vales, y los pedía de madrugada, sin control, es que no paraba de pulir pasta. La mayoría de las veces no sabía ni donde habíamos actuado tres días antes. Ahora, eso sí, que me quiten lo bailao.
—Jo, macho, no te cortaste un pijo.
—Pues no, pa qué te voy a engañar. Ah, y aquel año actuamos también en TVE para las campanadas de Nochevieja de 1996-97. Menudo rollo, ¿tú sabias que el programa se graba semanas antes?
—Sí, claro.
—Pues grabamos un 17 de diciembre, y yo me dije: “no ve viejo, esto es tó mentira”. Allí todos con smoking, serpentinas, cotillón, champán… en fin, como si fuese Nochevieja, cosas de la tele. Yo intervine en “A sudar”. Danza actuó antes y después de las campanadas. En fin…— susurra por lo bajo como si ajustase cuentas consigo mismo.
También se ha dedicado a la pesca del atún, se sacó el título de patrón de barco de pesca de altura y ha participado en varios campeonatos de España, quedando segundo en unos y ganando el de la mayor pieza en Ceuta, que lo tuvo imbatible durante tres años.

—Juanlu, aunque te parezca mentira, tuvieron que partirlo para pesarlo.
—No me jodas
—Que sí, la báscula era digital y daba error cuando superaba los 300 kilos, y la pieza, según los expertos que había por allí, superaba de largo los 400. Pero el moro que lo partió a machetazos lo vació. Saltaban trozos como puños, el tío bestia. Al final lo pesaron en dos partes y fueron 380 kilos. Pero los que entendían aseguraban que de no haberlo cortado hubiese superado los 400 kilos. Claro que eso ya nunca lo sabremos.
—Macho, tú has hecho de todo.
—Bueno, no tanto, pero hasta he estado a punto de liñarla. Mira, en uno de los barcos pescando atunes, uno que parecía estar muerto y que pesaba unos 400 kilos, me dio un coletazo que me sacó la cadera de su sitio.
—¡La leche!
—Lo pasé fatal— entonces se hace un silencio que dura varios segundos que aprovecha para lanzarle un beso a Boria.
—A ver, sorpréndeme con otra de tus aventuras
—Pues no sé. Bueno, sí, me fui de mochilero a la India con Jesús Santos, el Natura. Fuimos al parque nacional Sasan-Gir, en el estado de Guyarat. El único donde aún quedan leones asiáticos. Ibamos a hacerles fotos, pero fotografié un mojón.— me hace gracia la forma tan seria en que lo dice, pero cuando me ve riendo continúa.
—No, no. De verdad. Es que no vimos leones, pero el guía no paraba de decir“lions, lions. ¿Dónde?”, pregunté yo, y me señaló una mierda que había en el suelo. Así que le hice una foto. Coño, algo es algo.— mientras habla yo no puedo parar de reír.
—Anda, con guía y todo. Menudo mochilero estás tú hecho.
—Bueno, en realidad era un taxista que contratamos para que nos llevase. No veas, el taxi era todo rojo, asientos, carrocería, todo. Le pregunté cuánto nos cobraría por cinco días y preguntó “¿and food?”. Food a full, le respondí. Hizo sus cálculos y dijo que 1200 ptas al cambio, y lo contratamos.
También estuvimos en Nepal, allí visitamos Kathmandú. Y en Bhután, acabamos en el Tibet. Una pasada de viaje.
—¿Y no recuerdas alguna anécdota de ese viaje?
—Pues no sé. Bueno pasamos por Pakistán, pero apenas si cruzamos la frontera. Allí estuvimos en una especie de mercadillo con puestos que vendían armas, desde ak43 a pistolas. Vamos que por 700 ptas. te podías comprar una de esas automáticas. Así que preferimos no profundizar en el país. Aunque miedo pasé en el Himalaya, allí el autobús era un poema, iba así de gente— me dice mientras hace el gesto con la mano. —El asiento no estaba bien pegado al suelo y si me movía, se despegaba y me iba sobre la pasajera que se sentaba junto a mi, una señora mayor que llevaba una cabra que asomaba la cabeza por una caja, y dos gallinas atadas de las patas.— Me habla mostrando incredulidad y una pasmosa seriedad, lo que me vuelve a provocar carcajadas ante su ingenua expresión de asombro.
Aunque creo que de ese viaje, lo que más me impresionó fue el Potala, el palacio del Dalai Lama. Subir por aquellas escaleras que tantas veces había visto en libros y documentales, me dejó alucinao.
—Jo, macho. Ya no sé qué preguntarte. ¿Alguna otra aventura?
—No, poca cosa. Bueno, en los ochenta me compré una XT600, y me fui con el Paco Pérez, (DEP) a dar una vuelta por el Sahara para probarla. Pero nos animamos y acabamos cerca del Golfo de Guinea. Nos pararon unos policías en un control en la frontera de Mauritania, en medio de la nada. Pensé, aquí nos matan y no se entera nadie. Pero los colegas querían mercancía, así que se quedaron con dos cartones de tabaco, una botella de whisky Cardhu y un paquete, al vacío, de chorizo Revilla. Al whisky y al chorizo le metieron mano allí mismo. No se cortaron un pelo. Para que luego digan que los moros no beben alcohol ni comen cerdo. Entonces aquello estaba todo virgen, no te cruzabas con otro español ni de coña. Hoy todo eso ha cambiado.
—Bueno, no te quejarás, has vivido tus aventurillas.
—Pues fíjate Juanlu, con todo, donde casi me mato es aquí “al lao”, en la rotonda de Montemar. Ni en la India ni en Africa ni na, fue aquí. Tuve un leñazo que me mandó al hospital y casi no lo cuento.
Este ha sido Miguelón Reyes, viejo conocido de Torremolinos y amante de su pueblo. Un tipo que desborda amabilidad y con una gracia especial e inteligente, que te hace reír sin proponérselo. Fue uno de los Raperos del Sur. Es amante de la Naturaleza, de los animales y en especial de las aves rapaces, y siente verdadera pasión por la cetrería. De Boria, la cernicala que nos ha acompañado durante todo el rato de charla sin dar un ruido, me dice que la crió a mano. Me asegura que no se cansa de aprender sobre cetrería, aunque algo debe de saber cuando lo invitan a dar conferencias sobre el tema.
Ya hemos terminado la entrevista, si a esto puede llamársele así, cuando recuerda que durante un tiempo también “le dio”, por leer sobre supervivencia. Pero la primera vez que se fue con su amigo Juani a poner en práctica sus conocimientos a Cazorla, acabaron al tercer día en el hotel.
—Es que no veas tío, no pescábamos na de na. Y un frio que pelaba. Tampoco dejaba de llover. Al tercer día acabamos las últimas galletas de superviviencias que teníamos y le dije al Juani: “tenemos pasta, ¿qué coño estamos haciendo aquí? Luego en la habitación del hotel, calentitos después de comer y de bebernos unos cubatas, el Juani, tumbao en la cama, va y me dice: “Anda y que le den por culo a la supervivencia, a mi no me convences más ni loco”— y yo no dejo de reír.

—Ah, se me olvidaba. ¿Qué te pareció el concierto del regreso de Danza en la Nogalera en el 2015? que te vi muy animado arriba con ellos.
—Puf, una pasada. Subí al escenario y allí estuve improvisando. En mi línea. Recuerdo que grité: ¡¡VIVA TORREMOLINOS Y VIVA LA PIPIRRANA!! y aquello se venía abajo con los gritos de la gente— Ahora observo que está emocionado. —Esa fue la última vez que me subí al escenario con ellos— dice refiriéndose a Danza Invisible, y durante unos segundos, que parecen una eternidad, nos quedamos en silencio. Le doy un último sorbo a mi café, que ya no está caliente y Miguelón le acaricia el pecho a Boria.
—Nos hacemos viejo compare.
—Po zí

Deja una respuesta