Rodrigo Pérez

Quizá unas de las mayores satisfacciones que me ha regalado mi profesión haya sido conocer y fotografiar a multitud de personas y personajes de todo tipo. Como es el caso que nos trae hoy, un personaje imprescindible en la Historia Chica de Torremolinos, y una persona entrañable.
Se llama Rodrigo Pérez Moyano, tiene 84 años, una mirada limpia y una risa sincera que es incapaz de fingir, como pude comprobar mientras le hacía las fotos. Cuando me habla me sorprende su memoria y lucidez, que aún conserva intactas. Todos lo hemos conocido desde siempre como Rodrigo, “El del Agua”, por ser quien se encargó durante años de que este liquido llegase a cada hogar y local del municipio. Incluso la casa donde vivía, situada donde hoy se encuentra la actual Casa de la Cultura, era conocida como “La Casilla del Agua”; en la pila de cuyo patio, muchos niños de la época nos colábamos, durante las cálidas tardes de verano, para calmar la sed.
Rodrigo recuerda que, antes de habitar aquella casa, las instalaciones sirvieron como oficinas del antiguo campo de concentración ubicado frente a los pinos. Un dato curioso que guardo para Nuestra Historia Chica.Durante uno de los reconocimientos a su contribución en las tradiciones populares.Como trabajador ha estado involucrado en prácticamente todas y cada una de las obras de canalización, distribución y cartográficas de nuestra agua potable. Sus manos crearon, paso a paso y como explica con orgullo —A pie de calle y metro en mano, —los planos que muestran la distribución de tuberías y llaves de paso que se extienden bajo nuestros pies. Podría seguir con una larga lista de trabajos realizados por él en este pueblo, como la construcción de los depósitos de San José, el Pinillo o la canalización del agua que venía desde Málaga hasta la Cañada de los Cardos, y que luego subían a la zona del Palacio de Congresos para distribuirla por el pueblo. Porque como me cuenta
—Torremolinos tenía una población de 12.000 habitantes, pero en verano superaban los 60.000, y había que dar agua a todos, con medios que eran escasos.

Con sus hijas Rocio y Gema, ante la Virgen de
los Dolores y Jesús Nazareno, titularesde su cofradía

Cuando habla se le nota la pasión que le despierta su trabajo. Pero, la entrega que le dedicó al mismo, no le restó tiempo que ofrecerse, con generosidad, a la vida asociativa de nuestro pueblo. Fue durante 15 años tesorero de la Peña Flamenca “Amigos del Arte”, tesorero y Tte. Hno. Mayor de la Cofradía de Los Dolores, a la que sigue perteneciendo después de más de 50 años. Fue uno de los hermanos fundadores de la Hdad. de San Miguel. Pero además fue el primer presidente de la Asociación de Padres del colegio Palma de Mallorca y del Instituto, al que recuerda que consiguió traer una cocina, de la que el centro carecía, y que tuvo que ir a buscar a Carratraca. Son tantas las anécdotas y vivencias que cuenta que me resulta imposible hacerme eco de todas, pero me gustaría destacar que fue uno de los fundadores de la Asociación de Tiro Olímpico de Torremolinos, y responsable de la construcción de las instalaciones de Tiro al Plato que se inauguró a principios de los años 60 en la ladera de la montaña, justo donde hoy está Litosa:
—Se hizo en el olivar del Tartajoso, que ni era olivar ni tenía olivos, ni ná—recuerda mientras sonríe— y las instalaciones se construyeron aprovechando la tierra del rebaje de la obra de San Enrique, que hicieron falta para rellenar el terreno”.Entre otros muchos trofeos, en su vitrina, conserva el de Campeón de España de tiro al Plato de 1971, que consiguió en Jarapalo.
Ve en mi expresión que todo me sorprende, sonríe y continúa hablando:

Durante el camponato de España del Tiro al Plato.

—Yo era aficionado al tiro y un año, allá por los 60, junto a unos vecinos del pueblo, utilizamos una vieja alberca sin uso, para practicar tirando al plato. De allí surgió la idea de hacer algo más estable y creamos la asociación. Solo éramos ocho, y pusimos más de dos mil pesetas cada uno para empezar.—recuerda con nostalgia.
Cuando le pregunto por alguna anécdota curiosa de su vida laboral o asociativa, se para un momento a pensar.:
—Recuerdo a Gregorio, que venía a la peña flamenca buscando alguna reunión para poder cantar y ganarse unos duros”—¿Quién es Gregorio?—pregunto ignorante—“El Chiquito de la Calzá, que, por aquel entonces, (en los 60) no lo recuerdo contando chistes ni haciendo gracias, solo se buscaba la vida cantando, y luego se hizo famoso. Vueltas que da la vida
También me cuenta que la Romería se hacía en la Fuente de la Salud, pero Fco. Medina Montoya, entonces Tte. Alcalde delegado para Torremolinos, le preguntó por qué se hacía casi en los límites de Torremolinos, si no habría otro lugar más idóneo dentro del pueblo. Entonces a Rodrigo se le ocurrió que podía hacerse junto a los Manantiales, enfrente de donde hoy se encuentra el Jardín Botánico, aprovechando una densa arboleda que allí había. Se encargó de preparar el terreno y allí se acabó trasladando la fiesta. Según me dice, aún estaban en la segunda mitad de la década de los 40.

Junto a su esposa en la plaza de la Iglesia. 1956

—¿Y había muchas carretas?
—Que va, unas cuatro o cinco—me responde, y se vuelve a parar un momento para pensar. —Mira, venía la del Pinar, la Huerta la Gotera, el Tajo y la de Miguel Sanchez, aunque es posible que se me escape alguna. Y caballistas recuerdo a Pepe Luque y cuatro o cinco amigos que traía.
Añade que un año no hubo feria ni romería ni nada, y aunque ignora cual fue el motivo exacto por el que ocurrió. Lo que sí recuerda es que al año siguiente se reunió con Isabel Manoja en su despacho, a petición de ella, para organizar las fiestas del próximo año y que no volviese a ocurrir algo así. Se para un segundo para reflexionar: —Era una mujer fabulosa”—dice recordándola con admiración.
Yo sé, porque lo conozco desde hace años, que ha sido un hombre entregado a todas y cada una de las asociaciones a las que ha pertenecido, y en todas ha trabajado sin reparos ni interés para mejorarlas en la medida de sus posibilidades sin importarle que, alguna vez, le llegase a costar dinero de su propio bolsillo.
Yo lamento no disponer de un medio más apropiado para exponer todo lo que ha hecho por las tradiciones de este pueblo. Solo quiero decir, que bajo mi humilde opinión, Rodrigo es una de esas personas que merecen ser recordadas y quizá fuese de recibo pedir que tuviese su calle, pero no puedo pedirla. Y no puedo hacerlo porque, por ironías del destino, ya la tiene aunque oficialmente no conste así. Y me explico:
Durante la entrevista en la que me cuenta detalles sobre su trabajo, y cómo se tuvieron que hacer muchas cosas, hoy impensables, como por ejemplo usar uralita para canalizar el agua potable—“…porque entonces de creía que era un invento fabuloso por lo fácil de trabajar con ella”. —recuerda tan sorprendido como yo. Y, entre comentarios curiosos como este, también me cuenta que cuando
iban cartografiando el pueblo, allá por los 50, había muchas calles que no tenían nombre, y había que ir poniéndolos sobre la marcha para poder documentar los informes. Así, nos cuenta que encontraron a una niña en la calle jugando y le preguntaron su nombre, Estrella, dijo llamarse, y así le pusieron a esa calle.

Durante un descanso en la sesión de fotos. Febrero 2020

Un kiosco propiedad de un ciudadano francés les sugirió el nombre de calle Francia y así hasta que llegaron a otra de las calles sin nombre —¿Y qué nombre le ponemos a esta?— Le preguntó a su compañero— Pues ponle el tuyo mismo.— Le respondió el compañero— y esta manera añadieron el nombre de Rodrigo a la actual calle que lleva ese nombre. Por lo que puede decirse que Rodrigo ya tiene su calle, solo le faltaría añadir “El del Agua”, para hacer la gracia completa. Y es que la vida, a veces, te regala ironías curiosas como esta.

Rodrigo nos dejó ocho meses después de esta, su última entrevista.
Espero que te sigas riendo así allí donde estés.

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