Hoy traigo a nuestro rincón a un actor secundario de lujo. Se llama Alberto Gonzalez, tiene 69 años y, además de actor, es licenciado en filología hispánica y un alma inquieta y creativa. Aunque extremeño de nacimiento ha acabado siendo torremolinense de adopción. Lleva en la Costa más de veinticinco años, pero fue en este pueblo donde encontró a la mujer de su vida; monitora de pintura en el Centro Picasso, se llama Maribel y, además, es una vieja amiga.
Este vecino tiene una curiosa historia profesional que creo que no dejará indiferente a nadie. Aunque poco conocido en el pueblo, su trabajo es valorado a nivel nacional en el mundo del cine y la televisión, donde ha participado en innumerables películas, entre las que me permito destacar, La Isla Mínima, El camino de los Ingleses o El Legado de los Huesos, y en series, El secreto de Puente Viejo, 23F, Padre Coraje o la última para TVE de reciente emisión: La Promesa. En la que da vida a Juan Ezquerdo, un personaje astuto y manipulador, muy alejado de su personalidad real.
Alberto es un actor de imponente presencia, que además puede aparentar ser el peor canalla y ladino hijo de su madre, como el payaso más ocurrente. Yo creo que la interpretación la lleva grabada a sangre y fuego en sus genes.
—Siempre has trabajado en papeles secundarios ¿no?
—Sí, yo soy como la abejita Maya, que voy de serie en serie— comenta riéndose de sí mismo.
—¿Y como es que vives en Torremolinos si los trabajos los haces en Madrid?
—Vivir en Madrid es una tontería pudiendo hacerlo aquí. Si es que te pones allí en un par de horas en el Ave. Lo ideal es vivir aquí y trabajar allí. Salgo a las siete de la mañana y estoy de vuelta para la cena, después de hacer mi trabajo en la capital. Es perfecto. El síndrome de Sean Connery, vivir en la Costa y trabajar en Madrid.— Vuelve a sonreír.
—¿Y cuándo comenzaste en esto de la interpretación?
—Bueno, yo me enganché con quince años, en el instituto. Es que la maquilladora era francesa y enseñaba las tetas— ríe con nostalgia. —Y me atrapó el gusanillo. Allí participé en mi primera obra y luego me subí al carro con el teatro independiente. Seguí con aquella afición durante mi etapa universitaria, tras la cual acabé de profesor de instituto. Pero siempre compaginaba las clases con el teatro y montaba mis propios “tinglados”. Mira, en la Colegiata de Osuna monté Las Coplas a la Muerte de su Padre, de Jorge Manrique. Lo hice con alumnos del instituto y usé toda la colegiata, incluso me dejaron usar el órgano medieval. Guardo un recuerdo maravilloso de aquella experiencia.
—¿Entonces eres actor o director?
—Siempre he sentido tener esa doble faceta.
—¿Y por qué dejaste la enseñanza?
—Uf, eso tiene su historia—Me mira con esa expresión de quien trata de decir, “no te lo vas a creer” —Estuve ejerciendo de profesor durante diecinueve años y en el escenario de un instituto, durante la representación de una obra, morí como profesor para renacer como actor.

—Bonita metáfora.
—No, no. Nada de metáforas, me morí. Tuve una fibrilación ventricular y allí me quedé, pajarito.— Entonces observa divertido mi cara de asombro y continúa.
—Interpretaba una escena en la que el personaje, agotado, trataba de llegar a la cumbre de una montaña, pero estaba tan cansado que finalmente se acuesta a dormir. Pues eso, que me acosté en el suelo y me quedé, muerto. Fue mi mujer, que estaba entre bambalinas, la que salió al escenario porque notó que me ocurría algo, y desde allí pidió ayuda. La gente tan feliz, pensando que era parte del espectáculo. Cuando me volvieron a la vida ya no pude seguir ejerciendo de profesor, me jubilaron, y se me abrió la puerta a lo que más deseaba, dedicarme exclusivamente a ser actor. Y es que, como dicen los cubanos, lo que sucede conviene.
—Vaya, parece sacado de una novela.
—Sí, es que teatralicé mi propia muerte. Y fíjate, el chico que me asistió con la respiración artificial hacía pocos meses que había perdido a su novia de muerte súbita.
—Menuda historia.
—Pues sí. Es todo un poco retorcido, porque morí de profesor en el instituto y resucité como actor en el escenario con 45 años. Parece como si hubiese juntado las dos cosas para luego separarlas para siempre.
—Todo muy novelesco.
—Sí, sí. Y a partir de ese momento también comencé a escribir.

—¿Y qué escribes?
—Pues relatos cortos, teatro… no sé, de todo un poco. Es que no podemos, ni debemos renunciar a nuestra creatividad, hacerlo creo que es nocivo. Verás, trabajar de profesor me tuvo engañado, es como ser actor porque hablas ante un público, y eso me sirvió durante un tiempo, pero duró lo que duró. Y estoy convencido de que aquél incidente tuvo su origen en mi constante estado de descontento. Es que el subconsciente es tremendo.
—¿Y que me dices de tu último trabajo “La Promesa”, la nueva serie de TVE?
—Pues estoy contento, fue una experiencia magnifica y la serie ha funcionado muy bien, con una muy buena audiencia. Además ha sido el ideal de lo que quería, ir dos o tres veces a Madrid en la semana, hacer mi secuencia y volver. No estar todos los días como actor principal, porque eso requiere un esfuerzo más intenso de lo que la gente cree. Acabas por la tarde y te tienes que poner a estudiar el papel del día siguiente. Un no parar.
—Pero lo de no parar no será por falta de ganas de trabajar, porque sé que estás embarcado también en “ese” curiosisimo proyecto. Hablame de “Cosas Raras”.
—Llevo dos años con ello, surgió casi de casualidad. Cuando salimos de la pandemia llamé a una amiga para interpretar una escena de una obra en mi canal de Youtube. Luego, a los dos meses, me propuso hacer otra cosa. Algo cómico, y me envió una comedia. Pero no me gustó y decidí escribirla yo, así surgió el tercer guión de Cosas Raras, que se llama “La Cama”. Fue casi sin proponermelo que comencé a escribir otros capítulos que han ido dando forma a la serie. Ha sido un poco el método que yo llamo Forrest Gum.
—¿Forrest Gum?
—Sí, ya sabes, que haces una cosa y ya que estás ahí, pues haces otra. Como los “poyaques”— Dice sin dejar de sonreír.— y así hice los 11+1 capítulos autoconclusivos que conforman la serie.
—¿Quienes trabajan en la serie?
—Todos profesionales, técnicos y actores de primera, y todos participaron por amor al arte, han sido todos muy generosos. Maribel también colaboró, montó tres capítulos y todas las promociones. Y Manuel Pro, hizo el resto, un esplendido actor y editor.
—Aún así, supongo que elaborar una serie supone un gran despliegue técnico y humano, además de otros gastos, más allá del sueldo de los profesionales.
—A ver, no te lo vas a creer, pero la serie se grabó con un teléfono móvil. Y no te voy a negar que hubo un apartado de gastos varios como desplazamientos, algunas invitaciones… en fin. Pero cuando existen las ganas de hacer algo solo hay que hacerlo y no pensar en otra cosa más que en el proyecto.
—Te voy a confesar una cosa, yo lo poco que he visto de ese trabajo me ha impresionado a nivel psicológico. Hay alguna escena que me ha provocado incluso sueños “raros”. Y solo he visto promociones y trailers— Ahora ríe abiertamente.
—La intención es que la gente se lo pase bien.
—¿Qué destacarías de esta serie?
—Bueno, lo principal es que nada acaba siendo lo que parece. Hemos basado la acción en giros finales inesperados. También son capítulos cortos, no más de diez minutos, pero concentrados, eso sí. Y además es gratis, todo el que quiera puede verla en Youtube.
—Qué me dices de las localizaciones. ¿Hay alguna en Torremolinos?
—Claro, justo en la puerta del Centro Picasso rodamos sobre el caballo de bronce un video promocional. Y en el estudio de pintura del padre de Maribel. Ahí rodamos un capitulo, el resto se hizo en distintos puntos de la Costa.
—¿Y de los actores qué me cuentas?
—Pues que ha sido una delicia trabajar con ellos, como profesionales que son.
—¿Me puedes nombrar algunos?
—Pues mira, por orden de aparición en los capítulos, Zira Williams, Maricarmen Fernández, Antonio Caparros, Marina Hernández, Jordi Amat, María Cervantes, Jose Luis Zumaquero, Cachito Noguera, Mel Rocher, Rubén del Castillo, Joaquín Núñez (premio Goya) y Julio Espinosa. Cómo realizador ha trabajado Manuel Pró y Maribel Moreno en el primer capitulo y en las promociones.
—¿Y tú no intervienes en ninguna?
—¡Hombre!— Me muestra una sonrisa de complicidad —Yo aparezco en todas. Para una vez que dirijo el cotarro…— y rompe a reír.
—¿Tienes alguna anécdota que quieras destacar del rodaje?
—No sabría decirte.—Se para y piensa unos segundos — Pero destacaría que una de las actrices, María Cervantes, estaba enferma de cáncer, pero me parecía ideal para uno de los capítulos, “El Despacho”, y lo hice expresamente para ella. La llamé, aunque con pocas esperanzas de que se prestase a ello porque estaba muy mal, pero aceptó sin pensárselo.—Ahora, por primera vez durante la entrevista, su rostro se endurece— Desgraciadamente no ha vivido para ver el estreno de la serie. De haberse negado a trabajar en “El Despacho”, no habría rodado ese capítulo, porque lo creé exclusivamente para ella.

Este ha sido Alberto Gonzalez, vecino de Torremolinos. Un artista inquieto y creativo, un brillante actor secundario y fabuloso contertulio. Que ha decidido vivir en nuestro pueblo, que también es el de él, y compartir este rato de charla con todos nosotros.
Confieso que estoy ansioso por ver el primer capítulo de “Cosas Raras” en la que tanto empeño han puesto, tanto él, como sus compañeros de rodaje. Y para quienes deseen asistir a la presentación de “esas” Cosas Raras, les comunico que será en el Centro Cultural Picasso, el próximo día 1 de marzo, miércoles, a las 19:30. Se proyectarán dos capítulos: el cero, “La Visita”, que es el capitulo presentación, con una vidente invidente, y el quinto, “El Despacho”, como homenaje a Maria Cervantes. También asistirán actores que hablarán de los pormenores y anécdotas del rodaje.
Y para los que quieran seguir la serie en Youtube, pueden registrarse en:

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