La censura se nos va de las manos

Recuerdo que en cierta ocasión, en la época de la dictadura, se bromeaba porque la esposa de cierto ministro del Régimen había llamado a TVE para quejarse por el generoso “bulto” que mostraba un bailarín clásico, ya sabéis, esos que visten leotardos ajustados durante su actuación. Y es que era habitual que alguna de aquellas señoras, desconectadas del mundo real en el que vivían, llamasen para censurar escotes, exceso de piernas descubiertas y otras chorradas parecidas. En este caso el chiste estaba en que poco se podía hacer respecto a los atributos del bailarín, salvo que se los cortasen, claro. Y esto era motivo de mofa por parte de los adultos que formaban la sociedad de entonces, que señalaban de pacata a la señora en cuestión.
Pero aquellas quejas rocambolescas, sin dejar de ser ridículas, estaban circunscritas a un círculo relativamente cerrado de personas, el resto de la sociedad avanzaba indiferente mirando al futuro.
El caso es que, a día de hoy, observo que ya no son las mujeres y maridos de ministros o ministras quienes llaman para quejarse de estas pamplinas. Eso estaría muy mal visto. En cambio, si te das una vuelta por las redes sociales, podemos ver algo mil veces peor, y es que la censura la ejercemos nosotros mismos en nombre de un mal entendido código moral que ignoro quién ha dictado.
Yo he visto acusar a padres de irresponsables por poner a su hija de siete años un bañador con volantes por “provocativo”; tachar de exhibicionista a una chavala de no más de trece, por hacerse un selfi en la playa en bikini. Incluso he comprobado como censuran fotos de bebés con sólo días de vida por aparecer desnudos en la bañera mientras los bañan sus padres. Y así un largo etcétera de situaciones absurdas.
Personalmente, creo que la señora del ministro tenía un problema con su descontrolada imaginación en cambio, lo bueno, era que había pocas que pensaban así. Pero hoy comparte ese problema gran parte de esta sociedad, que ve suciedad en los demás cuando, en realidad, el problema está en sus mentes retorcidas. Y lo malo es que empiezan a ser muchos o muy ruidosos.
De censuras y autocensuras de lo políticamente incorrecto, mejor ni hablo.

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