El otro día estuve revisando antiguas anotaciones y grabaciones de entrevistas, y me tropecé con la que le hice a nuestro inolvidable Rodrigo Pérez, (el del agua), DEP. Y resulta que me reencontré con un dato que no incluí cuando transcribí la entrevista y que a día de hoy había olvidado. Recuerdo que hablábamos de los asuntos en los que participó, ya sabéis, asociaciones, fiestas, obras, etc. Llegados a un punto en el que hablaba de la Cofradía de los Dolores, le pregunté si fue él el que trajo los tambores que entonces hacían falta…—… no fui yo, de eso se encargó Jesús (Avisbal, el del Olivarillo (DEP))— pero de repente me doy cuenta que cambió el tono, mostrándome que acababa de recordar algo. Se me queda mirando fijamente y sonríe antes de continuar.
— Te voy a contar una cosa que no sabe nadie— Me dice mientras me muestra una sonrisa. Luego se calla durante unos segundos esperando mi reacción
—A ver con qué me vas a sorprender otra vez. Que me estás poniendo nervioso, Rodrigo—Y entonces ambos estallamos en risas.
—Mira, cuando tú vienes para entrar a Torremolinos por el Olivarillo, bueno antes ahora está cortado. ¿No te has fijado que hay una isleta en medio?
—Claro.
—Pues habrás visto un pino que hay ahí ¿no?— Reconozco que me pilla mirando para Antequera.
—Pues ahora no caigo. Es posible, pero no me he fijado.
—Bueno, pues ahí está. Ese pino salió de unas semillas.
—¿Tú echaste las semillas?
—¿Quien va a ser? Pues en ese lugar se puso el primer árbol de Navidad que tuvo Torremolinos
—¿Pero de cuándo estamos hablando?— se para a pensar durante un instante antes de continuar.
—De los años cincuenta.
—Pero no lo entiendo. ¿Plantaste un pino para poner un árbol de Navidad?— Ahora me mira con resignación.—No hombre, no. Trajimos un pino para poner el árbol de Navidad, de manera provisional, se abrieron algunas piñas y cayeron las semillas, y una agarró.— Hace una pausa y continua— Jesús (se refiere a Jesús Avisbal) me avisó sorprendido cuando comenzaron a salir los brotes y yo le dije “quieto parao ahí, no lo toques” y ahí se quedó. Y sin quererlo, planté un pino.—Ahora vuelve a reír —Jesús, como vivía en frente, se encargó de regarlo en verano para que no se secase, hasta que creció lo suficiente.
—Joder
—Pues sí, y ahora hay un pino de un montón de metros del que, de alguna manera, me siento como el padre. Jeje.
En fin, supongo que cada hombre deja su legado, y tanto Rodrigo como Jesús dejaron el suyo en el recuerdo de todos. Pero es que además, hoy podemos disfrutar de un hermoso pino en calle Cruz, frente al Centro Cultural Picasso, porque estos dos vecinos decidieron conservarlo y cuidarlo.
Desde mi rincón les envío un abrazo allí donde estén, y mi agradecimiento por haber aportado su granito de arena en eso que está tan de moda hoy: la conservación de la Naturaleza.


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