Si dijese que el otro día tuve el honor de recibir en mi estudio a Lam Fook Hing, probablemente no tendríais ni idea de quien hablo. Pero si os digo que se trata de Pablito, entonces la cosa cambia.
Pablito llegó a Torremolinos hace ahora 56 años para acabar abriendo el primer restaurante chino de Andalucía, pues parece ser que de aquellas, en España, solo había otro en Madrid. Se estrenó como restaurador en el Pasaje Begoña, del que guarda muchos y gratos recuerdos, por su ambiente festivo y su gente.
—Había locales de chicas y de música en vivo, la mayoría de los locales gays estaban arriba—Recuerda.

Luego se trasladó a la plaza de la Gamba Alegre, con el restaurante Cantón. Ese fue el primer emplazamiento que yo le conocí. Pero de ahí pasó a la calle Antonio Girón y finalmente a Maestra Miret, donde se jubiló. Iba cambiando de local a medida que se le iban quedando pequeños. En Pasaje Begoña solo tenía seis mesas, lo que le resultaba totalmente insuficiente.
Son muchas las anécdotas que guarda en su memoria. Por ejemplo, participó en una película que protagonizó Kirk Douglas y en la que tuvo que trabajar en el río Guadalhorce. Cuenta que le propusieron pagarle cada día el equivalente a lo que podía hacer de caja. Y es que en aquella época era difícil encontrar chinos en Málaga.
Aunque de origen Hongkonés, a Torremolinos llegó desde Sao Paulo (Brasil), gracias al consejo de un exministro chino que conocía allí, y que le recomendó venir al sur de España, “a un lugar llamado Torremolinos, que era fantástico.” No se lo pensó, hizo su petate y con su hermano Ko Wai, se presentaron en el Torremolinos de hace 56 años con la ilusión de montar su negocio y con muchas ganas de trabajar. Y así lo hicieron.

Por su restaurante pasaron personajes como Kirk Douglas, Marisol, Antonio Machín, distintos embajadores europeos, El príncipe Carlos de Suecia y su secretaria, con la que finalmente se casó. Etc. Pero entre todos recuerda con cariño a un capitán del ejercito español destinado en el Sahara, y que solía presentarse con cierta asiduidad en su restaurante del Pasaje Begoña.
—Tenía un carácter alegre, y siempre iba de uniforme y portando un bastón,— me comenta sonriendo, con él llegué a mantener buena amistad.
Cuenta que de Torremolinos le sedujo su gente, de quienes dice que eran amables y cariñosas: “eran sencillos y de buen corazón”.
—El pueblo era como una gran familia. Y a pesar del variado ambiente que había por las calles, era un pueblo tranquilo.— No olvida sus visitas al entonces mercado de la actual plaza de la Independencia, su amistad con los tenderos y usuarios, todo en un entorno que recuerda con mucho cariño.
Hoy es un vecino que forma parte de la Historia Chica de nuestro pueblo. Se casó en Torremolinos hace 52 años, y de aquí son sus hijos.
Cuando le pregunto por la redada del Pasaje Begoña, se echa las manos a la cabeza y recuerda el follón.
—Uf, mucho lío—, me dice. —Cercaron el pasaje, cerraron los negocios y detuvieron a un montón de extranjeros, en su mayoría gays. Había muchos coches de Policía. Pero al día siguiente los locales volvieron a abrir. Menos los gays— Concluye poniendo cara de resignación.

Después de hablar con él, no me lo puedo imaginar llevándose mal con nadie. Mantiene una sonrisa sincera y se muestra siempre dispuesto a colaborar. Yo diría que está enamorado de Torremolinos, y que su amor se remontan a más de medio siglo. Personalmente me siento orgulloso de compartir pueblo con personas como él. A quién admiro por su sencillez, humildad y su espíritu de trabajo. Espíritu con el que un día de 1964, a la edad de 22 años llegó junto a su hermano a este pueblo cargado de ilusión para acabar ayudando a hacerlo un poco mejor.

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