Miguel Delgado Demira

Hoy os presento a este empresario y además amigo de Torremolinos, que viene dedicando su vida a un sector poco reconocido en un pueblo donde todos hemos polarizado nuestra mirada hacia el turismo. Dirige un negocio de informática, FactoriaBiz. dedicado a la creación de aplicaciones móviles, plataformas web y otras actividades relacionadas con la programación.
Con una plantilla de quince empleados, además de dos socios, Fernando y Rafa, este último también vecino del pueblo, y un local de 180 metros cuadrados repleto de tecnología de computación, su negocio apunta maneras, no solo a nivel local, sino nacional e internacional. Su empresa va creciendo en un mundo donde la competencia es cada vez más despiadada. Orgulloso de su origen torremolinero y de su infancia en unos “pisos de Falange” que lo vieron crecer, me confiesa que los comienzos no fueron nada fáciles.
Abrió su primera oficina en Arroyo de la Miel hace 23 años, junto a su hermana Maribel y su ex-socio, Ramón. Pero antes de eso, tuvo que enfrentarse al lógico desconcierto de un padre que veía cómo su hijo abandonaba su trabajo de contable, bien pagado y considerado, para dedicarse a “eso” de la informática y, “para más inri”, en época de crisis. Esto originó que su progenitor incluso llegase a retirarle la palabra. Pero su pasión por esa nueva profesión era inquebrantable. —Dejé el trabajo de contable y mandé curriculos a todas partes, desde IBM a la tienda de abajo de mi casa, pero en plena crisis la cosa pintaba mal. Así que decidí añadir mi predisposición a trabajar gratis. Era una locura, una escapada hacia adelante, un último intento. Y entonces una empresa del sector se puso en contacto conmigo y me ofreció un trabajo.

Miguel junto a su hermana, Maribel, en sus antiguas oficinas de Benalmádena. febrero de 2000

—¿Trabajar sin cobrar?
—Sí, bueno, les pedí que al menos me pagaran el transporte, porque si encima de que no iba a cobrar le tengo que pedir dinero a mi padre para el autobús, me mata— dice mientras se ríe. —Pero me dijeron que me darían para mis gastos y me pareció bien. Poco después me llamaron para subirme el sueldo, y así en varias ocasiones, hasta que finalmente me hicieron jefe. Un día me llamaron de Tecnicasa para el departamento de informática, ofreciéndome mejores condiciones, pero mi empresa no me dejó marchar y me volvieron a subir el sueldo. Aunque me pidieron que no buscase trabajo en otros sitios. Les aseguré que no lo haría, que la próxima vez que decidiese irme sería para montar mi propia empresa, creo que no se lo tomaron muy en serio. Año y medio más tarde presenté mi dimisión con mi propio proyecto de empresa.
—Sí que lo tenías pensado.
—Era mi sueño, y tenía que hacerlo. Pero no creas, mi jefa me aseguró que no sabía lo que hacía, que era muy joven, el mercado difícil… vamos, que me lo puso negro como el futuro de un carbonero. Finalmente, viendo que estaba decidido, me propuso asociarse conmigo.— Ahora sonríe mientras hace una mueca de asombro. —Pero me negué, era mi sueño y tenía que comenzar yo solo, a mi manera, o con alguien que tuviese la misma visión que yo, y ese fue mi socio Ramón.
—¿Y qué tal te fue?
—El comienzo fue duro, más que duro, leonino. Para comenzar
necesitábamos un crédito, y cuando fuimos a firmar el préstamo
con el banco, este nos cambió las condiciones y no lo firmamos.
Aquello parecía condenado a morir antes de nacer, pero yo seguía empeñado en emprender mi negocio. El caso es que parece que a veces la diosa Fortuna interviene y, por puro azar del destino, en una barbacoa a la que ni me apetecía ir, me presentaron a alguien que trabajaba en un banco, le conté mi caso y con toda la naturalidad del mundo me dijo que me pasara por su oficina, que nos dejaban el dinero. Tuvieron que avalarnos nuestros padres. No solo se trataba del local y su acondicionamiento, también los ordenadores y, por supuesto, las licencias de los programas que debíamos usar. Todo era carísimo. Empezamos sin cobrar, y el dinero se iba en alquiler, seguros e impuestos, y eso que no facturábamos prácticamente nada. Creímos que tocaríamos fondo, incluso la abuela de mi socio nos dejó algo de dinero. Fueron unos meses muy negros. Mi hermana dejó su trabajo en Londres para venir a ayudarme, y además lo hizo sin cobrar tampoco.— Se para un segundo y recapacita. —lo cierto es que le debo mucho a ella y a mi familia, sin ellos no lo hubiese conseguido.

Feria San Miguel, 1995

Claro que la familia de Ramón, tampoco se quedó atrás.
—Entonces has trabajado prácticamente siempre en lo que has querido.—Enarca su ceja y dirige una mirada de incredulidad.
—En absoluto. Con catorce años quise un ordenador, un Commodore 64, era caro y mi padre no podía o no quería pagármelo, pero me facilitó que trabajase para conseguirlo. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido por inculcarme esa forma de conseguir las cosas. Trabajé aquel verano fregando platos, sin días de descanso y jornadas de más de once horas. Pero se ganaba bastante dinero y me lo pude permitir, además de guardar unos ahorrillos para mis gastos. Luego de eso también trabajé de disc-jokey, de charcutero, de reponedor en Continente, repartiendo folletos de publicidad, de contable… en fin, en todo lo que me iba saliendo, aunque sin perder de vista mi objetivo, para lo que simultaneaba los trabajos con mis estudios. Además las cosas en casa se complicaron a causa de la enfermedad de mi madre, y también tuve que echar una mano, fue una época chunguilla.
—Pero aquí estás, dirigiendo una empresa que tiene un futuro más que prometedor. ¿Tienes algún proyecto que creas que merece destacarse?
—Bueno, estamos trabajando en muchas cosas. No sé.
—Venga hombre, algo de lo que se sienta orgulloso de compartir el paisano que lea esto.
—Pues…—piensa unos segundos— ¿conoces Chicfy?
—¿La plataforma de venta de ropa de segunda mano?
—Exacto, lo petó en su momento. Luego fue absorbida por Vinted. Fue una startup que estuvo de moda, ¿recuerdas el anuncio?: “Claro que sí, guapi”. Pues esa plataforma la creamos nosotros.
—¡No jodas!. Sí que picáis alto.
—Bueno, vamos atacando los proyectos que nos van llegando.—Responde con una sencillez abrumadora.
—¿Y actualmente estáis trabajando en algo a nivel nacional o internacional?

— Somos los creadores de la plataforma que INFOVA usa para la formación de directivos.
—¿INFOVA?
—Sí, se trata de una empresa de desarrollo de habilidades directivas y liderazgo, trabajan con empresas de la talla de INDITEX, KIA, CHRYSLER, BANKINTER, IKEA, PHILIPS… entre otras muchas, ya sabes, empresas de alto nivel. Pues la aplicación que usan para la formación es nuestra— Ahora el que se queda callado soy yo, y decido traerme la entrevista a algo más cercano.
—¿Y no hacéis algo un poco más… local?— Hace una mueca con la boca mientras piensa, finalmente levanta su dedo y continúa.
—Pues mira, te voy a dar la exclusiva de un proyecto. Estamos acabando una aplicación para los taxis de la Costa del Sol. Algo que les ayudará a competir con multinacionales como UBER.
—¿Estáis en negociaciones con los taxistas?
—No, no, la aplicación ya está lista y saldrá a funcionar en breve. Y será más completa que la de la multinacional, ya lo verás.
—¿Cómo ves las empresas tecnológicas como la tuya en una ciudad como Torremolinos?
—En Torremolinos hay más tecnología de lo que la gente se cree. Justo al lado de mis oficinas hay una empresa que, de todo Amazon, es la número once que más vende a nivel mundial, y es también del pueblo.
—Pero vosotros, por lo que veo, no vais a la zaga.
—Nosotros hemos pasado muchos años aprendiendo, sin prisas, ahora estamos en proceso de cambio de modelo de negocio y empezamos a despuntar. El paso de Dinacom a FactoriaBiz ha
sido un punto de inflexión. Y aunque todavía estamos resentidos por la pandemia, donde de la noche al día se cayeron todos los proyectos y estuvimos a pique de un repique, pero hoy veo con satisfacción cómo volvemos a repuntar. Aunque te aseguro que no ha sido gratis.
—¿Cuál es tu techo? ¿Has pensado en ello?
—No me he puesto techo, salvo el que me imponga la familia, que es lo primordial en mi vida.—ahora reflexiona unos instantes antes de continuar— En eso estamos de acuerdo todos los socios. El dinero es necesario, pero no es la meta. La satisfacción personal y la vida familiar, sí lo son.
—Comprendo. Pero dime ¿crees que una empresa tecnológica como la tuya tiene futuro en Torremolinos?
—Yo creo que sí, aunque claro está, este pueblo ya tiene su propio modelo de negocio, y es muy complicado convencer a las autoridades que inviertan en otra cosa. El turismo ya sabemos que funciona, aunque creo que no estaría mal abrir otras puertas, pero no veo que estén por la labor, lo fácil es continuar apostando por lo que ya saben que funciona. Málaga en ese sentido está dando un cambio espectacular. Apuesta por el turismo, por supuesto, pero también por las nuevas tecnologías, hay quien la llama la Silicon Valley de Europa, por lo que no descarto que a corto o medio plazo,
Torremolinos se vea beneficiada por la influencia de la capital. Son muchas las grandes empresas que se están instalando en Málaga, de hecho muchos de los eventos que se celebraban en Barcelona, se han trasladado a esta ciudad, así que sí, creo que Torremolinos puede tener un futuro al amparo de la Málaga Tecnológica.
—Bueno creo que voy a dar por concluida esta entrevista, no quiero alargarla mucho más, pero si tienes otro proyecto interesante que creas que debes exponer, adelante.
—Quizá te interese saber que estamos empeñados en colaborar a reducir la brecha tecnológica que existe con nuestros mayores. Hemos empezado a impartir talleres muy concretos y fáciles sobre manejo de Whatsapp, Facebook, uso de la cámara del móvil, etc. Por supuesto de forma gratuita.
—¡Leche! hemos dejado lo mejor para el final. ¿Dónde lo estáis haciendo?
—De momento en Benalmádena, conocíamos personalmente a un concejal al que le propusimos la idea y le gustó. Pero esperamos impartir esos talleres también en Torremolinos y en otros municipios. Incluso tenemos previsto ir donando aparatos informáticos que ya no usamos o usamos poco. En fin, creo que hay que devolver algo de lo que recibimos, además de los impuestos.
—Ahora sonríe con complicidad.

Cuando estoy a punto de dar por concluida la entrevista, me asalta una duda que no quiero dejar sin respuesta:
—Oye, una cosa ¿Por qué Factoria Biz?— me guiña un ojo y me apunta haciendo la forma de la pistola con los dedos.
—Buena pregunta, Juanlu. Lo de Factoría es evidente, por fabrica, porque fabricamos aplicaciones desde su origen, a medida. Y Biz, jeje, es ambivalente, por un lado es la terminación de los dominios para empresas, y por otro porque es el comienzo de algo típicamente malagueño, la biznaga.
—¡Coño! que bueno.

Este ha sido Miguel Delgado Demira, un Hijo de Torremolinos que tiene su empresa en el parque empresarial del Pinillo. Es un firme defensor de los valores familiares de donde, según él, saca las fuerzas para encarar cada nuevo día. Tozudo, luchador e incansable trabajador, se ha abierto camino con el arma que mejor maneja, su trabajo y su constancia. Y yo he tenido el honor de que haya aceptado ser entrevistado para nuestro grupo en el apartado “Hijos de Nuestro Pueblo”.
Además, como lo conozco de toda la vida, puedo decir de él que es lo que muestra de sí mismo. Y más allá de su capacidad profesional es, sencillamente, una buena persona, que no es poco.

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