Cuando fui a abrirle la puerta lo encontré cargando con una caja llena de recuerdos y un enorme trofeo con forma de jugador de futbol. Apenas lo oí llamar, porque no usó el timbre.
—Es que no me gustan los timbres
—Pues casi no te oigo.
—Lo siento, pero no los soporto.— dice mientras me mira sujetando una caja y un enorme trofeo de futbol con sus brazos fibrosos: “máximo goleador temporada 2002-2003”.
—Te dije que trajeses alguna cosa especial, y me traes una caja llena. Te has pasao.
—No sabía qué elegir. De verdad.
—Eso que llevas ahí es una camiseta del Torremolinos y un trofeo de futbol, y lo tuyo son las bicicletas, no?
—Ahora sí, pero yo empecé con el futbol.
Una vez más me sorprendo por lo poco que sé del personaje que voy a entrevistar. Y me voy para adentro pensando que soy un pringao y no me entero de ná.
Cuando pone la caja en el suelo observo que, bajo a la camiseta del Torremolinos, lleva un montón de maillots.
—¿Cuál te vas a poner?
—El que tú me digas.
—Joder, no sé. ¿Cuál es el más importante?
—Todos son importantes. Bueno, la camiseta del Torroles es caso aparte.
—Vale, esa veremos cómo la usamos. Pero con todos esos maillots habrá que elegir uno para la foto.
—Pues no sé.
—Vamos a ver, si te los fuese a quemar todos ¿Cuál salvarías?
—Éste— dice con seguridad mientras aparta el del campeonato de Europa de XCO.
—Pues póntelo.

Una vez hechas las fotos y acomodados en mi despacho tras una charla rompehielos, le ofrezco una cerveza, que acepta de buen grado, y yo me abro otra.
—Entonces tú eres de Torremolinos ¿no?
—Claro, del Calvario de toda la vida. Mi padre es de aquí y mi madre vino de Madrid, es que mi abuelo bajó a Marbella a hacer el hotel Los Monteros, con el Marqués de Villaverde, porque era albañil; mi abuelo quiero decir.— y sonríe. —luego ya aterrizó en Torremolinos para construir la Cabaña de Paco, que la levantaron entre mi abuelo y mi padre que era carpintero. Mi padre es “el Bigote, el Carpintero”—Aclara.
—¿Y dónde vivías?
—En los Pisos del Cura, cerca del huerto Guerra y pegados al muro del Hogar Infantil. Pero luego mi madre enfermó de cáncer y vinieron a vivir con nosotros mis abuelos, también mi tío. Cuando mi madre falleció, con solo veintisiete años, nos fuimos a los moros, donde los Sorolla. Allí me viví con mis abuelos, mi hermana y mi tío. Mi padre se fue a seguir su vida. Ya sabes— me dice con un gesto de resignación que trata de comprender lo que ocurrió— los padres de antes no eran como los de ahora. Y nos dejó con mis abuelos. Yo ya no volví a retomar el contacto con él hasta que volví de la mili, ya con diecinueve años. Pero vamos que mi relación con él es correcta, aunque más como colega que como padre e hijo, porque para mí, mi padre fue mi abuelo y mi madre, mi abuela.
—¿A qué colegio fuiste?
—A la Paz. Luego cuando acabé la EGB entré en el Al-Baitar, para estudiar electricidad. Por cierto, que allí conocí a tu hermano Carlos, y no veas como lo pasábamos, menudo elemento tu hermano. Fíjate lo que estudiábamos que acabé de carpintero.— se ríe con ironía y da un trago a la cerveza al que le acompaño. —También curraba en verano con mi tío en la playa. Cuando terminé de estudiar estuve un año de electricista con Salvador (DEP), el hermano de Ángel, del Calvario; tú lo conoces ¿no?— Sí, claro. —Luego tuve que irme a la mili y cuando volví empecé en la carpintería con mi padre. De aquellas ya vivía solo con mi hermana. Es que nos independizamos pronto.
—Y esa atracción por el deporte ¿desde cuando te viene?
—Desde que tengo memoria. Y te digo una cosa Juanlu, no he conocido a nadie tan competitivo como yo —mientras habla apostilla con su dedo índice— Escucha… que yo quiero ganar hasta al parchís— observa mi cara de sorpresa y continúa —Oye, que me pongo a jugar contigo y como no gane, rompo el tablero— y diciendo esto estallamos en risas. Otro trago de cerveza y continuamos. —En serio, es que a mi lo que me gusta es competir, que yo cuando juego, a lo que sea, lo hago a muerte. No juego por divertirme, lo hago por ganar.
—¿Entonces no te divierte lo que haces?
—No es eso. Es que yo la diversión no la encuentro en el propio deporte, sino en el hecho de competir. Mira Juanlu, yo de niño jugaba mucho al futbol en los barrios, ya sabes, Los Manantiales, Los Pisos del Cura… y alguien me dijo que por qué no iba a hacer las pruebas con el Torremolinos. Las hice con Antonio Zambrana, me cogieron y entré en los infantiles. Ese año salí de titular y fui máximo goleador del equipo. Y ahí empecé a cogerle gusto al futbol.
—Ya veo que lo de competir es lo tuyo

—Pues sí— habla con naturalidad y continúa —Más tarde, con dieciséis años, debuté en el Juventud, con Viñolo, fue en Úbeda. Pero me cortó la mili, cuando regresé volví a jugar en el equipo. Yo era interior derecha pero entonces, Carretero me sacó de delantero en un partido y metí dos goles, y a partir de ahí ya…— dice mientras muestra las palmas de las manos hacia arriba —… pues hasta los treinta y cinco.
—¿Y siempre en el Torremolinos?
—Prácticamente sí. Aunque algunos años jugué en otros equipos: Macael, Maracena, Puente Genil, Estepona, el Vélez… Me iba, pero luego volvía.
—Y a qué se debía tanto trajín?
—Es que si no llegaba a un acuerdo económico, me marchaba a otro equipo. Iba picoteando, pero luego acababa volviendo, y así. Pero vamos, la mayor parte la pasé en el Torremolinos, que considero mi equipo. Aunque al final me retiré cansado de negociar y de que me engañasen.
—Y cogiste la bici.
—Sí, siempre me había gustado y con treinta y seis tacos me decidí y cambié pelota por pedales. Y lo cierto es que aquello me molaba.
—¿Y cómo fue que comenzaste con las competiciones?
—Yo conocía a Javi Gallego, el de Bicilogía, y le pregunté por alguna carrera cercana, me habló de una cicloturista que hay en Málaga. Una cosa flojilla vamos, para empezar. El caso es que me apunté y quedé tercero. Ahí descubrí que aquello me encantaba. A partir de entonces empecé a correr otras carreras, y no hacía malos puestos. Mi categoría en aquella época era Master-30, que va desde los 30 a los 39 años. El último año que lo corrí, ya con 38 tacos, gané el campeonato de Andalucía de XCO (Cross Country Olympics), y ese año también quedé campeón de Andalucía en categoría absoluta en Duatlón Cross (Seis kilómetros corriendo, veinte en bici y otros tres corriendo). De ahí pasé al Master-40 y como quería probar algo más grande, decidí competir a nivel nacional. Y no te lo vas a creer, Juanlu, pero aquél año gané el Campeonato de España de XCO, el de Maratón, de Duatlón y de Triatlón Cross, también gané la Copa de España XCO, la de Maratón… vaya que lo gané todo.— mientras habla me parto de la risa, porque no doy crédito a la lista de victorias que me enumera —esto fue en el 2010— continúa —aquél año me presenté al mundial de Brasil y quedé cuarto
un “¡joder!” se me escapa mientras levanto mi botellín para lanzar un brindis y dar otro trago. Veo que la cerveza se acaba y Pepe continúa hablando. —Ya he estado en 13 mundiales.
—Ganaste alguno?—me mira con resignación, apura su cerveza y responde compungido —mira, he quedado cuarto, tercero y segundo, pero me falta el primero.
—Y eso te tiene quemao.—le digo mientras me río.
—¡Quemaísimo! Fíjate que, el año pasado, lo iba a ganar en Argentina, y a 800 metros de la meta me dio una hipotermia ¡yendo el primero! Pero con hipotermia y todo quedé segundo.
—No veas que rabia, no?
—Hasta pesadillas tengo con eso— me dice mientras me muestra una cómica expresión de decepción e impotencia. —Es que he tenido mala suerte en los mundiales, pero mala suerte de verdad: o me he caído, o no me ha llegado la bicicleta, o he pinchado… Y es que parece increíble, Juanlu, pero en Andorra se me partió la cadena ¡dos años seguidos! El primer año en 2015, iba primero cuando se partió. El segundo año que fui a Andorra, en el 2017, venía de ganar el Xterra en Hawai, pues partí la cadena prácticamente en línea de salida.
—¿Tan pronto?
—Coño, a 60 metros de empezar la carrera. Me la arreglaron allí mismo pero que va, di una vuelta y se volvió a romper, así que me tuve que retirar
—No llevas una bici de repuesto?
—Que va, si yo soy un ruina, tío.— me mira encogiendo los hombros —Estoy luchando a ver si alguien me ayuda, y no hay manera,

—Pero tú has ganado un montón de campeonatos nacionales e internacionales, no?
—Pues mira— se para un segundo para hacer memoria—
El Campeonato de España, de Maratón, el de bici y el de rally en XCO
El Campeonato de España, de Triatlon Cross y el Duatlón Cross
El Campeonato de Europa de Duatlon Cross
El Campeonato del Mundo de Triatlon Extremo (Xterra, 1,5 kilometros nadando, 40 en bici y 11 corriendo) eso fue en Hawai en 2017, en el 2015 quedé quinto porque iba con una costilla que me fisuré durante el entrenamiento
—No jodas. ¿Corriste con una costilla tocada?
—Claro, no iba a desaprovechar la oportunidad. Pero vamos así y todo quedé quinto.
—Qué es eso de Extremo?
—Que es muy duro
—Pero qué tiene para ser tan duro?
—Que los circuitos tienen mucha inclinación tanto para bajar como para subir, se nada en mar abierto, haya olas o no…
—Bueno, a ver, para resumir, dime cuántos campeonatos has ganado; dime solo la cantidad.
—Pues no lo sé, tendría que mirarlo. Llevo desde los 38 años ganando campeonatos de un tipo u otro. De verdad Juanlu, no sé cuantos maillots puedo tener en casa. Es que no los he contado.
—¿Y los más importantes que hayas ganado?—piensa un instante antes de responder —Hombre el Xterra de Hawai tuvo su aquél.— Vuelve a pararse y leo en su expresión que está pensando: “te vas a sorprender”
—¿Y eso?
—Es que… lo gané sin saber nadar.— hay un instante de silencio entre los dos en que nos miramos a los ojos y luego arrancamos a reír
—¡Venga ya, tío!
—Te lo juro. Yo soy malísimo nadando. Se me hunden las piernas. No nado más de lo que puede hacerlo cualquier dominguero en la playa.— entonces paro la entrevista—
—¿Otra birra? Esta historia creo que se lo merece.
—¡Enga!
Después del primer trago que entra fresco, amargo y reconfortante, continúa. —Ese es mi handicap. De hecho, ni entreno ni ná. Gané aquél mundial nadando lo mismo que puedes nadar tú en la playa. Lo que pasa es que soy bueno con la bici y me mantengo corriendo. Mira, un día fui a entrenar a la piscina y el entrenador me vio y me dijo que era mejor que dejase de mover las piernas, que tirase solo de brazos.—Es que eres malísimo.—Me dijo— Se me hunde el culo, vamos que las piernas se me van al fondo. —mira a esta gente,—me indicó— ¿ves que todos llevan el culo afuera del agua? esos son rápidos. Pero a ti se te hunde. Y es verdad, es que mis piernas hacen así— y me enseña un gesto con la mano —y se van pa´bajo. No tengo remedio.
—¿Y como lo consigues?
—¡A cojones!— Nos reímos y damos otro trago. A estas alturas de la entrevista no puedo parar de reír ante el tono que usa Yuste en sus respuestas, entre ingenuo y convencido.
—Pero por muchos cojones que le eches, ganar un campeonato del mundo de triatlón extremo con ese nivel de natación, lo veo difícil.
—Mira Juanlu, yo no nado pero me he criado en el Bajondillo, he pasado allí muchas horas con mi tío Julian, y conozco la mar, cómo funciona la resaca y eso. En el 2015 estaba la mar que era una balsa, e hice 1500 metros en media hora. Pero en 2017 le resté casi cuatro minutos, eso significa 200 tíos que dejo atrás. Nos tiramos al agua 850 nadadores y salí el 385 y al final llegué el 55 en la general. Ten en cuenta que allí va gente de todo el mundo. Pero no todos conocen cómo funciona la mar.
Aquél año fui con con Paco Puca,— continúa —otro vecino del pueblo. Mientras estábamos esperando que dieran la salida podíamos ver cómo rompían las olas, y el agua subía 40 o 50 metros arriba de la playa. Así que cuando dieron la salida le dije al Paco: ¡párate! Porque había bajado la ola y todos se tiraron al agua, pero claro, cuando la ola volvió los escupía otra vez a la arena, entonces es cuando le dije: ¡Paco, ahora! Y la resaca nos metió dentro. Luego cuando íbamos nadando, aprovechaba las olas para correrlas y adelantar a otros nadadores. Es que la gente no sabía correr las olas.— sonríe con asombro—. Así que las usé en mi provecho.
—Y eso sin nadar
—Sí, es que si conoces la mar tienes mucho adelantado. Mira, una vez estaba trabajando para el Ayuntamiento, con el uniforme y todo, y saqué a un niño que se ahogaba en la playa. Hasta pude hacer de socorrista improvisado ayudado por las olas, y eso con mi pésimo nivel de natación.
—Entonces supongo que el campeonato mundial de Hawai fue el más importante para ti
—No, ese tuvo su aquél, pero el que guardo con más cariño es el Europeo que corrí en Servia.
—Explícame eso
—A ver, los dos son importantes, pero en Servia gané el XCO, que es mi modalidad. Al Xterra fui como a uno más, por lo de que me gusta competir. Y sí, también es importante porque era un mundial, pero puestos a elegir, me quedo con el Europeo.
—¡Brindo por ello!—la cerveza sigue fresca y yo decido cambiar de tercio.
—Cuéntame alguna otra anécdota, que seguro que tienes muchas para contar.— Piensa un momento, luego sonríe y continúa.
—Mira, una de las veces que fui al campeonato de Brasil, no me llegó la bicicleta. Yo aterricé un domingo y corría el siguiente. Esperaba que me llegara el lunes, pero nada. Y me vino el sábado por la tarde, así que esos días estuve haciendo el circuito corriendo a pie, porque tenía que conocerlo. Y un grupo de amigos argentinos, con los que coincidí en varios campeonatos, le decían a la gente que había un español loco que no tenía bicicleta y que hacía el circuito corriendo. La guasa que tenían los colegas.— dice riendo y encogiendo el hombro —Tuve que correr el domingo sin haber podido probar el circuito. Así y todo quedé cuarto.
—Y el apartado gastos, cómo lo llevas?
—Esto es caro Juanlu. Yo pasé de cobrar del futbol a tener que pagar por practicar la bicicleta. Aunque suelo conseguir el material por patrocinadores, lo cierto es que los viajes, estancias y demás, corren de mi cuenta. Y para mi economía es una fortuna. Las bicis me las ceden, no me las regalan, y tengo que devolverlas o venderlas y darles el dinero, y aunque me hacen un precio especial, no es suficiente. Pero patrocinios de dinero, casi nada. Aunque para ser justos Luxotour me patrocinó un año con 4000 euros, que era un buen dinero.
—¿Y nada más?
—Así, gordo, no. Bueno, espera. Un año corrí con el equipo Univega Alemania y me dejaron una bicicleta profesional, y cuando fui en octubre a Bremen a la fiesta del equipo allí, delante de todo el mundo, el jefe me regaló la bici: —“Jose Julian, por haber sido subcampeón del mundo, la marca Univega Alemania te regala la bicicleta”. La bici costaba más de 6,500 euros. Yo me emocioné y estuve a punto de llorar. No me lo podía creer. Además me regalaron otra de ciclocross. Aparte de la fiesta que me hicieron y el homenaje que me dieron. Fue una pasada.
—Resulta paradójico que te traten mejor fuera que en España.
—Pues sí, esto es así. Es lo que hay— me dice mientras se encoge de hombros. —Pero vamos, que me da igual, eso no me va a frenar— dice con resignación. —Es difícil encontrar un sponsor en el pueblo
—Tan complicado es?
— A ver, a veces me han prometido cien o doscientos euros, pero luego he tenido que ir detrás a pedirlos. Y eso me resulta insoportable, joder, si me prometes la ayuda, dámela. Yo no puedo ir detrás de uno y otro recordándole lo que prometió. Para mí la palabra es sagrada.— Ahora se para y piensa lo que va a decir —Mira, mi padre era un trabajador nato, trabajaba como nadie, pero sufría un problema con la bebida. Se gastaba el dinero y luego tenía a la gente detrás de él. Yo lo veía y me juré que mi vida no podía ser así y que mi palabra debía ir por delante, pero claro, a cambio quiero que se sea así conmigo.

—A veces es complicado
—¡Coño! no creo que pida tanto, solo que cumplamos lo que prometemos.
—¿Y el tema de cuidarte? ¿cómo lo llevas? Porque imagino que no podrás comer todo lo que quieras.
—Tengo un nutricionista que es un máquina: Rafael Estrada. Además me patrocina ¡menos mal! Es un tío fabuloso. Cuando lo conocí le expliqué lo que necesitaba, pero también le dije que no creía mucho en todo esto del nutricionismo y que si me prohibía la cerveza, me iba. Sonrió y me respondió que todo era negociable, y entonces pensé: “este es el mío” Y no me equivoqué, de verdad, es el mejor— Mientras habla levanta la cerveza a modo de brindis y le da otro trago, yo lo imito. —Es que es el único gusto que me doy. Todas las tardes con mi mujer, después de entrenar, nos tomamos unas cervezas viendo deporte en la tele o una peli. Luego a dormir. Algún vicio tengo que tener, no? Porque la comida y el ejercicio sí que los llevo a rajatabla, que estoy de pasta y arroz que me salen por las orejas.
—¿Y qué preferirías comerte?— No lo duda ni un segundo antes de responder —Patatas fritas y huevos, con ajitos. Con eso soy feliz.
—¿Y lo del ejercicio, cómo lo llevas?
—Por ejemplo, ahora llevo tres semanas entrenando para el campeonato de España que es la semana que viene en Huesca. Me levanto a las cinco menos cuarto de la mañana para hacer 40 minutos de rodillo antes de irme a trabajar. Cuando acabo la jornada me voy directamente al gimnasio, allí hago hora y cuarto, y a casa a comer y descansar. Luego, a las seis, ya estoy otra vez en la bicicleta, así llevo más de tres semanas. Por eso la gente se equivoca cuando dice que soy un máquina. Que va, lo que hago es entrenar, entrenar y entrenar, porque yo participo para ganar y como le veo color a esto de estar en forma, no dejo de hacerlo. Pero es duro tío porque, además, como buen español, soy de acostarme tarde y con este horario es demoledor.
—Joder, lo tuyo es de vida espartana. ¿Y no duermes siesta?
—Eh! Esa es sagrada, de diez minutos o de una horilla. Pero las mejores son las de los fines de semana, que me recuperan para el resto de los días.
—Dime un juego que recuerdes de tu infancia— No duda al responder —Sota, Caballo y Rey, eso era legendario en la Paz. Jugábamos pa matarnos, y yo con lo intenso que soy,— me mira mientras se ríe —me tiraba a matarme. Era de locos, para habernos partido la espalda— dice mientras niega con la cabeza.— que pocas luces teníamos.
—¡Salud!
—¡Enga!
Este ha sido Jose Julián Barón Yuste, al que todos conocemos como Pepe Yuste. Un currante que trabaja en los Servicios Operativos de nuestro Ayuntamiento. Es entregado y un competidor incansable. Nunca permitió perder contacto con sus dos hijos, a pesar de su separación. —No quería ser como mi padre en esto. Yo necesitaba estar con ellos.
También tiene dos nietos, un niño con cinco años y una niña con tres.
Asegura que es un enamorado de Torremolinos. —Allí donde voy a competir, siempre llevo mi bandera de Torremolinos, porque estoy muy orgullo de mi pueblo.
A pesar de todos los triunfos conseguidos con la bicicleta, no olvida sus comienzos con el Torremolinos, al que siente como su equipo.
Yuste se me ha mostrado como un tipo sencillo, sin vueltas y directo. De golpes graciosos, de esos que se dejan caer sin pretensiones. Su charla fue amena y entretenida. Pasamos un buen rato, aunque no descarto que las cervezas también ayudasen a ello. Pero que nos quiten lo bailao.
—¡Salud!
—¡Enga ahí, chiquillo!

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