Lo conocí hace años trabajando como técnico de la Delegación de Deportes del Ayuntamiento de Torremolinos. Es de los que siempre descuelga el teléfono dispuesto a solucionarte una duda o ayudarte con algún problema relacionado con el trabajo. Nunca recibí de él una respuesta desagradable, e incluso cuando por desconocimiento lo he telefoneado en su día de descanso, no ha dudado en tomar cartas en el asunto para agilizar la gestión que fuese.
Con sus 61 febreros a cuestas Miguel Bandera sigue peleando como si fuese un chaval por todo aquello en lo que cree. Cuando llamó a la puerta de mi estudio, portaba su característica sonrisa en el rostro y en su mano una camiseta con los colores de España.
—¿Y esta camiseta?

—Me pediste que trajese algo personal para la foto y que significase mucho para mí, así que traigo esto. Ya te contaré —dijo mientras me la mostraba al tiempo que entraba al estudio.
Luego serví un par de cervezas y comenzamos una charla distendida.
—¿Cuéntame, de dónde viene tu vínculo con Torremolinos?
—De mi juventud. Yo comencé viniendo al Pipper´s, como la mayoría de chavales de Málaga. Venía con mi primo Manuel.
—¿Te refieres a Manuel Banderas, el actor que dio el pregón este año?
—El mismo. Veníamos solo con fines lúdicos, pero luego, otros de mis primos montó el Dallas y contrató a Manuel que estuvo trabajando allí un par de años, y yo solía venir también a echar una mano, hasta que empecé a trabajar regularmente. En el Dallas currabamos de seis de la tarde a seis de la mañana, Juanlu, una pasada.
—Joder, yo recuerdo que solía ir sobre la una de la madrugada a comerme un chicle. Es que aquello era como el palco de un teatro, con la puerta del Pipper´s en frente, siempre había espectáculo.
—Efectivamente, aquello era como un circo. Ocurría de todo.
Por cierto, el nombre de chicle se lo puso mi primo Manuel, que el primer día que abrió uno de los bocadillos vio el queso fundido, era Edam de ese holandés, puso cara de “extrañao” y soltó: “¡coño, si esto parece un chicle!”. Y así se le quedó el nombre. Lo cierto es que no dábamos a basto vendiendo “chicles”.
—¿Cuántos erais currando allí?
—Pues estaba mi primo Manuel, Ricardo, Manolo y mi primo Miguel Angel Nieto, aparte de mi, claro.
—¿Y lo del deporte de dónde te viene?
—A mi siempre me apasionó ese mundo. Fíjate, en el 84, aún trabajando en el Dallas, vi en la tele que en la Olimpiada de los Ángeles competían deportistas a los que yo había ganado hacía tres años en atletismo. Entonces lo vi claro, tenía que cambiar de vida y dedicarme a mi pasión, no quería pasarme la vida vendiendo clicles.
Empecé en Torremolinos, que todavía era una barriada de Málaga, dando clases de natación para la Fundación Pública Deportiva Municipal en la piscina del Reformatorio. Y fíjate que salieron las oposiciones justo el día que me iba a la mili. La vida, Juanlu— dice con expresión de circunstancia.— De haber entrado entonces mi vida habría cambiado, aunque nunca sabré si para peor o mejor, porque cuando volví de la mili y tras unos años de buscarme la vida aquí y allí, Torremolinos se independizó de Málaga y salió la plaza de técnico para la delegación de deporte y así empecé a trabajar en el Ayuntamiento.

—Sorpresas que te da la vida.
—Pues sí. Así que me compré un apartamento aquí y me empadroné. Me hice hijo adoptivo—dice sonriendo— y desde entonces mi vínculo con el pueblo ha sido estrechísimo.
—¿Y qué edad comenzaste a correr?
—Comencé a los 16 años, animado por mi profesor de educación física, Pedro Rodado, con quien aún mantengo el contacto. Él me aconsejó que me sacase la licencia, le hice caso y a los tres meses gané mi primer campeonato de España.
—¡Vaya!
—Pues sí. Mira Juanlu,—continúa— en Málaga sólo hay dos personas que tienen el mismo record que yo.
—¿Y qué record es ese?
—Pues haber conseguido las medallas de todas las categorías, desde juvenil hasta M60. Es que he quedado 22 veces campeón de España, además tengo cuatro record nacionales. Fui tercero en el Europa Junior y cuarto de Europa Master… en fin, que el deporte ha sido mi vida.
—Pero no te has dedicado profesionalmente al deporte ¿por qué?
—Pude haberlo hecho, fíjate que con 19 años fui campeón de España junior compitiendo con gente que iba a las olimpiadas, y ese mismo año quedé tercero absoluto. Me ofrecieron irme a Madrid con una beca, a la residencia Blume, pero decidí no ir. Preferí estudiar Educación Física junto a mi primo Manuel, que acabó dedicándose al mundo del artisteo en Madrid y yo me quedé en Málaga estudiando y formándome. Al final hice infinidad de cursos porque soy un apasionado del mundo deportivo y siento una curiosidad enorme, por eso sigo aprendiendo. Mira— se para y me señala con el dedo mientras sonríe— por ejemplo, cuando voy por la calle y veo caminar a alguien me fijo en si tiene un problema de cadera o cualquier otro.
—No jodas.—se me escapa una carcajada.
—Es que no puedo evitarlo, supongo que es deformación profesional. Y así he ido dando salida a mi pasión por el deporte.
—Pero no respondiste a mi pregunta, me sigo preguntando el motivo por el que no te dedicaste profesionalmente a la competición.— Entonces guarda silencio unos instantes antes de responder.
—Mira Juanlu, mis padres ya eran muy mayores y además tenía un hermano pequeño y… bueno, me sentía un poco responsable de mi familia, pero vamos, que no me arrepiento en absoluto. No digo que no me hubiese gustado participar en dos o tres olimpiadas pero mi familia— vuelve a entrecortase— es que es lo más importante que tengo Juanlu.

—Comprendo. ¿Y cómo ayudabas a tus padres?
—Mi padre tenía una carnicería, así que aprendí el oficio ayudándole mientras entrenaba y estudiaba. Y esa era mi vida. Prácticamente no tenía tiempo para nada, salvo alguna escapada con mi primo al Pipper´s, como te dije.
Luego, en 2005, busqué la forma de vincular mi vida con el deporte, así que cree un club deportivo: el Club Atletismo Málaga, y llegué a tener una estructura con más de seiscientos alumnos y catorce entrenadores a mi cargo. Hoy este club es un referente a nivel provincial. Ahora soy presidente, y me limito a marcar un poco la línea, pero aprovecho la ilusión y la capacidad de trabajo de los monitores, más jóvenes que yo. Porque una cosa está clara, yo tengo la experiencia, pero la ilusión la tienen ellos. Así que prácticamente el club está en sus manos.
—Ya veo que eres un forofo del deporte.
—Mira, esto puede sonar ñoño, pero en la búsqueda de mi propia felicidad me ha ayudado encontrar la de los demás, porque no te imaginas la satisfacción que me produce ver a los niños disfrutar con el deporte.
—¿Tienes más títulos a parte del de monitor de natación?
—Claro, el de atletismo, baloncesto, discapacitados, fútbol, badminton… cuando me hice el de entrenador de atletismo conseguí el de entrenador superior, por haber entrenado a deportistas que fueron a campeonatos mundiales.
—¿Y qué recuerdas de tus comienzos en la delegación de deportes de Torremolinos?
—Uy, era el año 90 y en Torremolinos no había instalaciones ni prácticamente nada, por lo que íbamos a los centros escolares. La oficina estaba en calle Colegial y solo había tres personas. En aquella época organizamos los primeros juegos deportivos de Torremolinos, la Media Maratón y fuimos creando nuevas pruebas a medida que teníamos más personal. En definitiva, se pusieron los cimientos de lo que hay hoy.
—Puede decirse que eres un pionero en la delegación de deportes de Torremolinos.
—Pues sí. Fíjate yo creé la subida al Bajondillo, el Triatlón Indor, la Travesía a nado…
—Es un buen apunte para Nuestra Historia Chica.
—Supongo. Y aunque parezca mentira, pruebas como Triatlon Indor o la Contrareloj han sido novedosas en Málaga. Porque Torremolinos ha sido pionero en muchas actividades deportivas que ni en Málaga Juanlu. Por ejemplo, el Campeonato de Campo a Través por equipos que se celebró en 1999 tuvo record de participación— se para un instante y me señala —tú estarías allí haciendo fotos

—Sí, y no pocas. Menudo follón.
—Ignoro si lo sabrás, pero fue la primera vez que se utilizaron chips en una competición de campo a través. Lo corredores los llevaban en los dorsales para evitar errores al paso por meta.
—Supongo que conservarás alguna anécdota de aquella movida.
—Hubo mucho trabajo. Recuerdo lo arduas que fueron las negociaciones con el dueño de la plantación que había allí. Era un melonar, de esos de melones blancos y pequeños que llaman cocas. Fue duro llegar a un acuerdo y luego hubo que preparar, literalmente, la pista partiendo de un melonar— dice riendo.— menudo curro nos dimos.
—Pero recientemente te has marchado a currar al Ayuntamiento de Málaga.
—Sí, Juanlu, me hicieron una oferta que no podía rechazar. Allí soy asesor del Área de Deportes y de Málaga Deportes y Eventos. Así que yo coordino los eventos y las actividades deportivas. Ha sido un paso más en mi carrera profesional que no podía dejar pasar.
Pero no olvido al Ayuntamiento de Torremolinos, al que le estoy muy agradecido por los 33 años que he pasado aquí, porque he aprendido muchísimo de todos. Recuerdo especialmente a Miguel Narváez, que me marcó el camino y del que aprendí muchísimo del mundo deportivo. Este hombre hizo un trabajo extraordinario en el área del deporte en Torremolinos.
—Y ahora te irás a vivir definitivamente a Málaga
—No, yo sigo conservando mi apartamento en Torremolinos. Aquí se forjaron imborrables momentos de mi vida. Mira yo soy de “Güelin”, y cuando venía aquí con mi primo Manuel sentíamos que éramos libres. Veníamos en el Portillo buscando la libertad, como dijo mi primo en el pregón de la feria: “aquí buscábamos la libertad”.
—¿Conservas alguna anécdota que contar de tus viajes a alguna de las competiciones?
—Con 19 años fuimos a Barcelona a un campeonato ¡Tardamos 23 horas en el tren Correo! Cuando llegué iba con un dolor de cabeza terrible, pero tal y como llegué me tuve que poner a calentar. Así y todo me traje una medalla en el campeonato absoluto. Claro con 19 años el cuerpo responde de otra manera.
—¿Algo más?

—No sé. Déjame pensar. Ah, sí. Aún conservo el record de Málaga de 4×400 desde 1983 (carrera de relevos). El equipo lo formábamos Juan Sarriá (el hermano de Manolo Sarriá del duo Sacapuntas), Carlos Azulay, que fue record de España en 400 metros valla, y José Antonio García Calle. Pues con este son 40 años con el record sin batir, que se dice pronto.
Organizando la entrega de trofeos en la Media Maratón Urbana de 2023, en Torremolinos.
—Pues sí que son años. Y de Galicia, ¿No tienes nada que contar de mi otra patria chica?
—Pues lo cierto es que sí —Me mira con cara de circunstancia mientras levanta el dedo índice— recuerdo que en Santiago de Compostela me sirvieron un chuletón de ternera que se salía del plato. Era enorme, estaba jugoso y tierno como la mantequilla, pero no me lo pude acabar, no por falta de ganas, sino porque tenía una prueba en tres horas y me lo tuve que dejar con todo el dolor de mi corazón. De eso hace más de cuarenta años y aún hace poco que estuve en Santiago y busqué el restaurante, supongo que para comprobar si todavía estaba allí el chuletón— ahora se ríe con ganas.— pero no hubo suerte.
Este ha sido Miguel Bandera Hurtado, uno de los hijos de nuestro pueblo.
Lee a Marco Aurelio, es aficionado a la filosofía, sobre todo al estoicismo que sin saber cómo apareció en la conversación, quizá porque ambos compartimos esa afición. Hablamos de los presocráticos, de Nietche, de Kant y en la conversación surgieron términos contradictorios como el Aufheben, acuñado por Hegel. Yo me doy cuenta de que a pesar de tratar a Miguel desde hace un montón de años, ignoro lo poco que lo conocía y sobretodo que compartiésemos afición por la filosofía en general y por los estoicos en particular. Ironías de la vida, supongo.
Es de los que creen que los problemas hay que encararlos y no rechaza nuevos retos. De hecho, solucionarlos dice que lo hace sentir feliz, y mucho mejor cuanto más complicado es el problema al que se enfrenta, porque asegura que lo ayuda a ir mejorando.
Piensa que no ganar en una prueba deportiva en particular o en la vida en general, no es perder, porque de todo se aprende. —Lo importante es intentarlo y hacerlo con todo el empeño porque el concepto de derrota solo está en la cabeza de cada uno. Lo bueno está es el camino y en la lucha.
—¡Coño! que se me olvidaba preguntarte por la camiseta.
—¡Anda, es verdad! Yo tampoco me acordaba. Le tengo mucho cariño porque me la traje de un campeonato mundial que se celebró en Albericia, Santander, en 1981. Allí gané mi primer título importante, quedé primero de España y tercero de Europa. Y desde entonces, hace 42 años, la guardo con mucho cariño. Para mí es como un tesoro y ahora, después de todos estos años, la voy a compartir en esta foto.

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