David Caballero

Hoy tuve el placer de pasar un rato en mi estudio fotográfico con David Caballero, un joven hijo de nuestro pueblo, despierto, de viva inteligencia y manifiesta lucidez a pesar de su juventud. No descarto que un día nos sorprenda protagonizando un film de cualquiera de los principales cineastas del país. La conversación con él discurre amena y fluida. Es inquieto, nervioso, de risa fácil y muy buen oyente, sencillamente porque sabe escuchar.
—¿Dónde estudiaste?
En el Palma de Mallorca, luego me tocó el Costa del Sol y acabé en los Manantiales.
—¿Y no estudiaste nada más?
—Sí, hice Turismo. Ya sabes, estamos en Torremolinos,— dice mientras enconje los hombros manifestando lo evidente de la situación— en Málaga, joder y en España, pero vamos que a las malas también estamos en el mundo, quiero decir que algo tenía que hacer, así que seguí estudiando e hice Turismo, que acabé durante la pandemia.
—¿Y trabajar?
—Simultaneaba los estudios con echar una mano en la pastelería de mis padres, que curiosamente me sirvió para complementar mi formación, y viceversa. El trato con el público te enseña mucho. Pero vamos, que pienso que de todo se aprende.
—¿Y sabías algo de pastelería?

—Absolutamente nada. Pero ya sabes lo que ocurre con los negocios familiares, que en algún momento tienes que echar una mano y no te queda otra que aprender. Empecé viniendo sábados y domingos, porque durante la semana tenía clases. Lo que ocurre es que poco a poco te vas metiendo en el negocio y te das cuenta de que de alguna manera aquello es tuyo y te acabas implicando cada vez un poco más. Y para cuando quieres darte cuenta, ya eres prácticamente pastelero.
—Entonces podrías abrir tu propio negocio
—Hombre, tanto no.— ahora sonríe mientras con el dedo anular se sube las gafas— Me defiendo, pero me queda mucho por aprender. Ten en cuenta que he trabajado más de aprendiz que de profesional. He hecho de todo un poco, atención al publico, obrador, marketing, contabilidad, recados… en fin, un popurrí. Quizá hacer pasteles es lo que menos he practicado. Pero vamos, que una crema pastelera o un tiramisú te los hago en un pispás.

Haciendo gala de s ocurrente sentido del humor tras el sorteo de Navidad.

—Dime cuales han sido o son tus lugares preferidos de salida en Torremolinos.
—Buena pregunta. En eso me reconozco como un tío raro. Nunca me ha llamado la atención salir de marcha. No soy muy de fiestas. Además no bebo y tampoco fumo, ahora eso sí, las pistas deportivas las he machacado a base de bien. Jugar a la pelota siempre me ha gustado desde pequeño, y me sigue apasionando, de hecho cuando termine esta entrevista he quedado con unos amigos para jugar un partido.
Y es que la noche no, pero el entorno diurno lo he pateado a conciencia. También me gusta la playa, sobretodo la zona de Playamar, a la que suelo ir incluso en invierno. Me encanta su amplitud. Y es que el mar forma una parte importante de mi vida. Me libera mucho la mente. También disfruto de la sierra, la lectura… Lo que te digo, un bicho raro.
—Entonces te gusta Torremolinos
—Mira Juanlu, yo sé que hay cantidad de sitios maravillosos, La gente habla mucho de ciudades como Madrid, en la que hay de todo. No sé, nunca he vivido allí, pero, —se para un momento y se ríe—, …vaya vaya, allí no hay playa.
Pero ahora en serio, yo echaría mucho de menos la playa
—¿Has practicado algún deporte?
—El futbol callejero a muerte.
—¿No has estado en ningún equipo local?
—Creo que soy demasiado independiente para eso. Ya me lo propuso un entrenador, acudí un par de días y me dije: esto no es para mi. A mi me gusta el futbol con los amigos, con quienes disfruto muchísimo jugando de portero. Porque de delantero soy un manta. Juego cuando me apetece, que suele ser siempre, pero nunca quise verlo como una obligación.

—A ver, ahora dime una cosa ¿cómo un pastelero que juega al futbol callejero y que ha estudiado Turismo acaba representando “Dos hombres solos sin punto com ni na”.
—Buena pregunta, hoy estas que te sales Juanlu.—me señala con el dedo y me sonríe— Pues mira, a raíz de mi afición a la música ya conocía Manolo Medina (compañero de escenario y alma matter de la obra) Ya éramos amigos desde antes de la pandemia. — se para un instante y reflexiona mientra vuelve a reír divertido, como si hubiese caído en algo gracioso— joer, antes se decía “antes o después de Cristo” y ahora la referencia es la pandemia.—ambos sonreímos por la ocurrencia— Pues como te decía, yo era fan de esta obra, con la que me divertía muchísimo y resulta que a principios del 2023 el compañero de Manolo decidió emprender un camino distinto, y Manolo tuvo que empezar a buscarse otro partener, por lo que se puso a hacer castings. Llevaba ya un tiempo buscando a una persona que sustituyese a su pareja de escenario y un día se lo pregunté: “oye ¿a ti te importaría probarme a mi? Se me quedó mirando un tanto sorprendido, ¿sabes? Como cuando buscas la solución a un problema y te das cuentas que puede que lo tengas delante de tus narices y no lo ves. Es que estábamos en el coche y me miró así —E imita la expresión de sorpresa que observó en la mirada de Manolo.— «Pues claro que te puedo probar«. Y así fue, repasamos textos, me dio algunos consejos que yo traté de seguir lo mejor que pude y llegado el momento me dijo: «David, que vamos adelante con esto«. Mi sorpresa fue mayúscula, porque yo siempre he admirado a Manolo, que es un peso pesado como profesional. Y comenzamos con los ensayos
—¿Y como te sentiste?
—Pues por un lado flotando. Juanlu, es que pasé catapultado a la Champion League, porque Manolo Medina es un personaje muy reconocido en Andalucía en particular y España en general, pero por otro lado sentía una enorme responsabilidad, porque en septiembre de 2023 se cumplió el 25 aniversario de la obra, que por cierto, a día de hoy, es la más aplaudida de España estando aún en activo. No era cuestión de cagarla.
—¿Y qué es lo que más te gusta de este nuevo trabajo?
—Me encanta el feedback del público. Que haya gente que espera a que salgas para decirte que le has alegrado la tarde, eso no tiene precio.
Mira,—dice mientras levanta el dedo señalando que me va a contar algo importante— mi primera actuación fue para personas mayores, en Montilla, y una señora me envió un mensaje por Instagram que me emocionó. ¡Me daba las gracias por alegrarles la tarde a los mayores! —Ahora me sorprende verlo visiblemente emocionado— Claro, es que para mi, acostumbrado al anonimato de la pastelería pues me dio un chute de emoción. —no puede evitar que se le humedezcan los ojos mientras continua hablando— Mira Juanlu, en Mijas se me acercó un abuelete que decía que, a sus 88 años, no lo había pasado tan bien en su vida en una obra de humor. Y lo más emocionante es que se estuvo esperando allí a que saliésemos, solo para decirnos eso, luego se despidió y se fue. No me digas que no emociona Juanlu. ¿Qué más puedo pedir?

Ahora los dos nos guardamos silencio esperando que pase el ángel o lo que puñetas sea que nos ha dejado sin palabras.
—¿Y eso que dicen del pánico antes de salir al escenario? —Se ríe, —Es curioso, Manolo me decía que debía de sentir un nudo en el estómago antes de la función, porque sino, malo. Y yo estaba preocupado porque no sentía nada. Pero dos horas antes de salir experimenté esa horrible sensación, cosa que no me había pasado nunca en mi vida. Es terrible, porque de pronto te topas con la realidad, que hay un montón de gente que ha pagado, esperando para pasar un buen rato, y todo depende de mí. Lo cierto es que la responsabilidad es abrumadora.
—¿Y qué esperas del futuro?
—Verás, ya te he dicho que soy raro. Prefiero valorar y disfrutar lo que tengo, lo que estoy viviendo. Pero esto es algo que he hecho siempre, vivir el momento y no preocuparme por lo que podría tener o dejar de tener. Por supuesto que no pierdo de vista ni el pasado ni olvido que hay un futuro por hacer, pero lo importante es el ahora, cada instante. Lo cierto es que yo necesito poco.
—Te noto muy conformista
Mira Juanlu, yo soy de los que pienso que somos unos privilegiados comparados con la mayor parte del mundo, por el lugar donde vivimos, por lo que tenemos y por lo que hacemos. Porque es verdad que siempre se puede estar mejor, pero también se puede estar peor. Por eso me gusta valorar lo que tengo. Puede que yo sea un “viejoven”, pero me gusta disfrutar de las pequeñas cosas, desde que salga el sol cada día a verlo ocultarse cada atardecer. Coño, es que vivimos donde los demás quieren venir de vacaciones, y si bien no se puede tener todo, nosotros casi lo tenemos.
—Me dijiste que te gusta la música. ¿Qué tipo de música prefieres?
Me gusta el pop rock, el flamenquito y la música de mi época en general… —aunque destaca entre otros a Andy y Lucas.— Pero no te lo vas a creer, a parte de estos que son de mi época, me encanta Nino Bravo, que para mi ha sido la voz de este país.

En un momento de la obra «Dos hombres y medio sin punto com ni na», con su compañero de escenario Manolo Medina.

—¿Casado, soltero, hijos?
—Nada de eso. Nunca he tenido pareja. Quizá he sido demasiado independiente.
—Amos, no jodas David. ¿Nunca?
—Como te digo, siempre le he visto más pegas que ventajas. Hasta ahora no me ha hecho falta, no ha sido una necesidad en mi vida, de momento estoy muy bien solo. Digamos que lo veo poco práctico.—sonríe— Puede que sea inmadurez, egoísmo… no sé, o que no ha llegado la que me meta en veréa. ¿Quién sabe?
—Entonces de romanticismo ni hablamos.
—Bueno, yo sí me considero romántico. Fíjate, a pesar de no ser muy aficionado al cine, tengo a Titanic como mi película favorita. Es de las pocas que puedo ver en distintas ocasiones.
—Me estás confundiendo David.
—A ver,— ahora mira al techo como tratando de buscar las palabras adecuadas— para mi y a juzgar por lo que veo, a la mayoría de relaciones que conozco la palabra amor les viene grande. Tengo la impresión de que proyecta un diminuto significado para lo que yo entiendo que debería significar. Actualmente las relaciones de pareja duran muy poco, casi un suspiro, pero son muy continuadas. Me temo que, detrás de ellas, no exista verdadero amor y solo encubran la necesidad de evitar la soledad. Yo ese problema no lo tengo, y quizá es por eso por lo que no me vale cualquiera. Pero oye, que si llega la chica que me guste todo puede cambiar, pero de momento esto no ha ocurrido.
—Pues sí que me dejas ojiplático.

Este ha sido David Caballero, uno de los protagonistas de “Dos hombres solos sin punto com ni na”. Durante el agradable rato de charla que hemos mantenido me asegura que siempre ha sido feliz con lo que ha tenido, que se siente un privilegiado, sobretodo cuando mira fuera del país. Se me revela como un auténtico estoico, pero no lo sabe.
Un joven inquieto que se auto califica como “viejoven”, y que supo dar un vuelco al negocio de la familia porque, entre otras ocurrencias, ideó el Día de la Milhojas, que aunque parezca una añeja tradición de Torremolinos, se le ocurrió en 2019 consiguiendo que actualmente vengan a la pastelería Polichinela desde pueblos del alrededor a probar las milhojas, que las hacen de más de veinte sabores.
—Vi que hacíamos un hojaldre que me parecía maravilloso y pregunté qué se le podía añadir, cuando me dijeron que chocolate a la naranja, turrón, merengue, nata, lemon pie, crema pastelera… y un montón de cosas más me dije, tenemos que intentarlo. Mi padre no lo tenía muy claro, pero el primer día se hizo cola en la puerta, y hasta ahora. —me dice riendo— nos la jugamos y salió bien. Hasta Canal Sur ha venido en varias ocasiones con su Andalucía Directo, que presenta el día como si se tratase de una tradición del pueblo, y fue un invento familiar que solo lleva cinco años, pero que ciertamente la gente ha acogido espléndidamente bien, como algo propio.
—¿Sabes que podría acabar convirtiéndose en una tradición en el pueblo?
—Pues no lo descarto. Me llenaría de orgullo, que algo que hemos creado en plan familiar, con tanto esfuerzo, acabase convirtiéndose en una tradición popular de Torremolinos.

David cree firmemente que a pesar de que el dinero es necesario, lo realmente importante es dedicarse a aquello que te haga feliz, que te ayude a realizarte como persona. Y repito: a mi, personalmente, no me extrañaría que un día encabezase el elenco de una película de algún director de renombre. También puede que nunca lo consiga, pero a él no parece importarle mucho.
De momento ya ha sacado a pasear afuera el nombre de Torremolinos. Empezando con su invento del Día de las Milhojas, hasta los escenarios de teatros donde lo hace con su propia imagen.

Su última lectura ha sido Puerto escondido, de María Oruña, y entre risas me revela que su primer papel como actor fue el de Sancho Panza, en una obra en el colegio— tuve que usar un cojin de barriga, claro, con lo tirillas que soy

David es otro Hijo de Nuestro Pueblo, de quien también podemos sentirnos orgullosos, no solo por su ingenio y su trabajo, sino porque juraría que, además, es una buena persona.

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